El mapa global de la inflación

El mapa global de la inflación

¿Exceso de liquidez? ¿Tasas de interés cercanas a 0? ¿Demanda recalentada? Por qué se disparan los índices de precios y dónde está parada la Argentina. 03 de Mayo 2010

En una economía mundial que ya mira la crisis subprime por el retrovisor, la reactivación llega acompañada de una inflación creciente en la mayoría de los países. Salvo contadas excepciones, como Alemania, Japón y los países bálticos, donde las previsiones del Fondo Monetario Internacional (FMI) esperan que haya deflación durante 2010 (según el informe anual The World Economic Outlook 2009), en el resto del mundo, habrá inflación positiva, si bien el punto de partida de este camino ascendente es, en general, bastante bajo. Para la Argentina, el panorama luce bastante más preocupante: con una tasa de inflación esperada cercana al 18 por ciento anual para este año, el país se ubica más cerca del pelotón de cola (en el que rutilan Venezuela y Zimbabwe), con tasas superiores al 20 por ciento anual, que de las naciones desarrolladas y la mayoría de los mercados emergentes. 

Después de haber vencido al fantasma de la depresión, los bancos centrales de los principales países desarrollados comienzan a percibir que el próximo enemigo a combatir será la inflación. Tras aplicar políticas monetarias súper expansivas (con emisión monetaria masiva y tasas de interés cercanas a 0 durante más de 12 meses) y, con la economía en proceso de recuperación, la excesiva liquidez y el incremento de la demanda alimentan las subas de precios. De hecho, se calcula que el G-20 inyectó en la economía mundial, a través de paquetes de ayuda económica, la suma de US$ 12 billones, equivalente al 20 por ciento del PBI anual de todo el mundo. 

Pero esta fenomenal inyección de liquidez también infló una burbuja especulativa en el mercado global de commodities (energéticos, minerales y agrícolas), lo que traerá mayores presiones inflacionarias en los grandes consumidores, como los Estados Unidos, China y la India. Sin ir más lejos, durante 2009, la demanda de materias primas por parte del Dragón Rojo, que adquirió casi la mitad de la oferta mundial de metales industriales, hizo que el índice Dow Jones de commodities creciera un 25 por ciento, en un año con subas del 140 en el precio del cobre, del 125 en el zinc, del 100 en el plomo (utilizado en las baterías para autos) y del 50 en aluminio. Estos incrementos impactarán al resto del mundo y la Argentina no quedará ajena a las variaciones en los precios de los productos que deba importar.

“En líneas generales, la inflación en el mundo será ascendente, por lo menos, hasta finales de año. Aunque, probablemente, navegue en este rumbo la suba de precios en los Estados Unidos e, incluso, ya en el segundo semestre alcance niveles preocupantes”, afirma Aldo Abram, director del CIIMA-ESEADE. “Probablemente, en la Zona Euro se comience a hablar de esto antes de mediados de año. Pero en los Estados Unidos, se volverá un tema principal de discusión durante el segundo semestre porque los niveles de inflación superarían el 3 por ciento anual, con lo cual se empezarán a poner nerviosos”, agrega. Para la economía estadounidense, la depreciación del dólar que se produjo en los últimos años también hizo su contribución al crecimiento de los precios.

Si bien la maquinaria inflacionaria se estaría poniendo en marcha, todavía falta mucho para imaginarse un escenario similar al de principios de los años ’80, en los que la tasa de inflación de los Estados Unidos superaba el 10 por ciento anual. “Después de un 2009 de, casi, deflación, hay mayores riesgos inflacionarios. Pero por lo que se observa, recién a partir del segundo semestre veremos alguna señal de un sesgo ascendente en los precios. Hoy, por lo pronto, los banqueros centrales de todo el mundo pueden seguir manteniendo políticas monetarias laxas, sin preocuparse tanto por la inflación”, explica Mariano Lamothe, economista de la consultora abeceb.com.

A pesar de que la inflación no sea todavía inquietante para los principales bancos centrales (sin ir más lejos, la Reserva Federal sostuvo a principios de año que pensaba mantener la tasa de referencia cercana a cero por un largo período), para Abram, el motivo es otro. “Va más por el miedo de desarmar estos incentivos artificiales de liquidez antes de tiempo, con el riesgo de que aborte la recuperación económica”, indica. Anticipa mayores presiones inflacionarias en la medida en que los bancos centrales no retiren estos excedentes de liquidez a tiempo.

En el resto del mundo desarrollado, este lento camino ascendente de la inflación se percibe al igual que en los Estados Unidos. La mayoría de los países del G-7 tienen hoy tasas inflacionarias bajas, inferiores al 3 por ciento anual, a excepción de Alemania y Japón, donde todavía se espera deflación para el corriente año. A este club de economías desarrolladas con baja inflación, se suma China (todavía, considerada emergente), donde la política monetaria vuelve a ser restrictiva, luego de una muy fuerte expansión del crédito para sostener el nivel de actividad durante la crisis subprime. 

Un escalón más arriba (en niveles de subas de precios cercanas al 6 por ciento anual), se ubican los principales emergentes. Tanto Brasil como México, la India y Rusia tienen que lidiar con inflaciones superiores a las de las economías desarrolladas por dos motivos. En primer lugar, la crisis (y su efecto deflacionario) no impactó tanto como en los Estados Unidos, la Unión Europea y Japón. En segundo término, el fuerte crecimiento económico que exhiben estos países conlleva un aumento de la demanda, que impulsa el nivel de precios. En síntesis, se trata de tasas de inflación lógicas para economías que se expanden rápidamente. 

Yo, la peor de todas
Distinto es el panorama para el otro extremo de la tabla, donde Venezuela y Zimbabwe cargan con el rótulo de los peores de la clase. De Zimbabwe, un país en estado de descomposición social, económica y política, el FMI dejó de publicar cifras de inflación hace tres años, cuando el índice de precios al consumidor había alcanzado el… 10.452 por ciento anual. Desde 2006, el país se encuentra atrapado en una hiperinflación que, en muchos casos, obligó a volver al trueque porque la moneda perdió todo valor. 

Mientras tanto, Venezuela muestra la cara de un proceso de aceleración inflacionaria ya preocupante: de una tasa del 30,4 en 2008, se pasó al 36,4 en 2009 y se estima un 43,5 para 2010. Las consecuencias de esta inflación galopante se viven a diario en las principales ciudades venezolanas. Aparte de las subas semanales de los precios, existen cortes en el suministro de servicios públicos, la moneda fue devaluada un 50 por ciento, se desdobló el tipo de cambio y la actividad se contrae mientras crecen el desempleo y la pobreza. La economía venezolana comienza a caer en un círculo vicioso de indexación automática, ya que las expectativas de particulares y empresas frente al constante aumento de precios hacen que todos traten de cubrirse lo antes posible (a través de remarcaciones o elevando la velocidad de circulación de la moneda), por lo que la espiral se acelera.

Hacia el furgón de cola
Para la Argentina, el panorama no luce demasiado alentador de cara al Bicentenario. Con una inflación esperada (por las consultoras privadas) más cerca del 20 que del 10 por ciento anual, la inflación ya comienza a tomar una dinámica de difícil control. Para Jorge Colina, economista de IDESA, la Argentina tiene una inflación “muy alta”: “Aun cuando un 18 ó 20 por ciento pueda ser bajo para los estándares históricos, los países desarrollados hablan de un 2 ó 3 como inflación alta y los emergentes que crecen, como Chile y Brasil, pueden llegar al 5 ó 6. Por lo que un 18 por ciento anual es la marca de una economía desequilibrada”.

El problema se agrava aún más cuando se tiene en cuenta que el Gobierno no reconoce este flagelo y, en cambio, prefiere seguir difundiendo datos de inflación inferiores a las estimaciones privadas. Según el Indec, la inflación para 2010 estaría más cercana a los niveles de Brasil, Chile y Uruguay (5 a 10 por ciento anual) que de países con escasa libertad económica y política, como Irán, Yemén, Birmania, Nigeria, Etiopía y la República Democrática del Congo, todos ellos, con tasas cercanas al 20 por ciento anual.

Al no aceptar que existe el problema de la inflación (podría ser peor y directamente no publicar estadísticas, como Cuba y Corea del Norte), el Gobierno no tiene por qué tomar medidas para amortiguarla. Por lo que se puede esperar que, en el futuro, las estimaciones privadas sigan el camino de Venezuela. Si bien el consenso habla de una tasa del 18 ó 19 por ciento para 2010, la consultora BAC, que dirige Graciela Bevacqua (ex funcionaria del Indec, desplazada por Guillermo Moreno) la prevé cerca del 30.

“La inflación tiene particularidades domésticas no relacionadas con lo que pasa en el mundo. En primer lugar, hay un sistema de política pública no acorde con los niveles reales de inflación y, consecuentemente, es expansiva. Como segundo punto, en estos últimos cinco años, se generaron mecanismos de indexación automática en la economía argentina, que hacen que esta inflación ya vaya por su sexto año. Hay un sistema de pujas distributivas que será muy importante en 2010, lo cual nos dejará una inflación más cercana al 18, unos cuantos puntos por arriba de la de 2009. Y, detrás de esto, también tenemos una presión de costos internacionales: luego de que cayeran muchos precios de insumos en 2009, hoy, volvieron a aumentar”, indica Lamothe, de abeceb.com. 

El de las pujas distributivas es, probablemente, el mayor impulsor del mecanismo de indexación automática. Porque, a partir de ciertos niveles de subas de precios (superados hace varios años en la Argentina), los sindicatos exigen rediscutir permanentemente los convenios colectivos de trabajo. Y, al tener que subir los salarios, los precios se reacomodan, obligando a abrir, nuevamente, la negociación con los gremios. Cuando este proceso toma una cierta dinámica, la aceleración de la tasa de inflación se vuelve muy difícil de detener. De hecho, mientras las consultoras privadas estiman para este año una inflación doméstica levemente inferior al 20 por ciento anual, en las últimas semanas, los principales sindicatos comenzaron tomar esa cifra como piso de sus reclamos salariales. Toda una señal de que la Argentina está más encaminada a formar parte del grupo de países con tasas de inflación superiores al 20 por ciento anual que por debajo del 10. 

Sin embargo, la espiral inflacionaria debe ser frenada en algún momento, porque el camino es bien conocido. La Argentina ya vivió dos crisis hiperinflacionarias en los últimos 20 años y la experiencia, todavía, sigue marcando a la población. Los actuales niveles de subas de precios hacen que, tarde o temprano, haya que hacer un ajuste y tener que aplicar política monetaria y fiscal contractiva, en momentos en que el mundo se expande y recupera tasas de crecimiento positivas. Pero la tasa de inflación de la Argentina es la muestra más reciente del grupo de países al que parece pertenecer. 



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