El gran favorito que tambalea en su carrera hacia la Casa Blanca

El gran favorito que tambalea en su carrera hacia la Casa Blanca

El precandidato republicano parecía tener el camino asfaltado para convertirse en el rival de Obama, pero el caucus de Carolina del Sur le jugó una mala pasada. Y le surgió un competidor serio, Gingrich, que ya lidera los sondeos para la interna de Florida. Mormón y de perfil moderado, las dudas que surgieron sobre su fortuna y el pago de sus impuestos complican sus chances. 27 de Enero 2012

Mitt Romney es un hombre de negocios conservador que ayudó a crear y manejar una compañía que invertía en negocios en problemas, que comenzó nuevos negocios y reconstruyó otros viejos, creando miles de empleos. Estos son los hechos". Así, aunque dos veces, para que no queden dudas, es el texto que los partidarios del republicano Willard Mitt Romney repiten como un mantra estos días. Está en su sitio web y se escucha en los spots de campaña.

Pero vamos un poco más atrás. Al México de los albores del siglo XX. A la colonia mormona de Chihuahua, donde nació George W. Romney, padre del actual precandidato. Conservador, papá Romney se hizo conocido como ejecutivo de la desaparecida American Motors Company (AMC) en Michigan, que en su momento logró levantar para competir con las grandes de mercado. Por ese entonces el pequeño Willard cultivaba una fuerte admiración por la figura paterna, y ya se mostraba dispuesto a seguir sus pasos en todo.

Una vez finalizada la secundaria en la exclusiva Cranbrook School, continuó sus estudios en Standford, donde fue parte de los grupos que organizaban contramarchas para oponerse a los estudiantes que pedían cambios en el gobierno universitario, en la primera mitad de los convulsionados '60. Al mismo tiempo, su padre le marcaba el camino al ser electo gobernador de Michigan en 1963. Una vez terminado el college, se mudó a Francia para vivir durante más de dos años como misionero mormón. De regreso en los EE.UU., terminó el grado, se casó con su novia -Ann, con quien tiene cinco hijos- y se anotó simultáneamente para cursar leyes y un MBA en Harvard para luego dar inicio a su carrera empresarial.

Business man
Una vez fuera de Harvard, mientras su padre era secretario de Vivienda de la primera administración de Richard Nixon, comenzó su vida laboral en el afamado Boston Consulting Group, desde donde fue tentado para desempeñarse en la consultora Bain & Company, una firma fundada por varios ex BCG. Allí asesoró reestructuraciones y planes de desarrollo de compañías tan diversas como el gigante agrícola Monsanto o el desarrollador tecnológico Corning, hoy famoso en el mundo tech por su gorilla glass, el resistente vidrio de los Iphones de Apple. Casi una década después, fue el propio Bill Bain quien le ofreció liderar un nuevo negocio, un spin off que representaría al brazo financiero de la compañía. Se trataba de Bain Capital, de la que Romney fue fundador y CEO. De hecho, sus críticos se agarran de este paso en su carrera para acusarlo de haber hecho fortuna con empresas en quiebra que dejaron a miles de estadounidenses en el desempleo.
En suma, fueron en total más de dos décadas dedicadas a los negocios, donde sus conocimientos en leyes y management fueron clave a la hora de hacer negocios. Pero faltaba algo, y ese algo era la política.

En la arena política
En 1994, dejó su puesto en Bain Capital y se lanzó a la campaña senatorial para sacar del Capitolio al eterno Ted Kennedy. No lo logró, pero instaló su nombre al ser el derrotado republicano por más escaso margen en las ocho reelecciones distritales que Kennedy ganó consecutivamente en Massachusetts durante más de tres décadas.

De regreso al mundo privado, volvió a la arena pública al aceptar la presidencia del comité organizador de los Juegos Olímpicos de Invierno en Salt Lake City en 2002, donde transformó la desorganización reinante en un exitoso evento que dejó más de u$s 100 millones en ganancias para la ciudad. El apoyo del entonces presidente George W. Bush le permitió recolectar más fondos que ningún otro precandidato republicano ese año para competir contra la gobernadora demócrata de Massachusetts, Jane Swift, y ser electo para el cargo, tras una campaña donde se mostró como un republicano moderado en un estado históricamente demócrata. Y su gobernación también fue un poco así. A pesar de recortar gastos para eliminar el déficit de u$s 3000 millones que tenía el estado, llevó adelante una histórica reforma al sistema de salud, subsidiando atención médica universal para aquellos que no pudieran contratar el seguro de salud privado.

Despreciado por moderado en 2008, cuando el partido eligió a John McCain para competir contra Obama, hoy se presenta como una mezcla de conservador y mesurado dispuesto a pelear un centro descontento con los demócratas. Pero en el mundo republicano ésa es un arma de doble filo.
"¿El nuevo CEO de los EE.UU?", decía por estos días la portada de The Economist sobre Romney. La nota destaca su experiencia en los negocios, en tanto debe "reestructurar la empresa". De todos modos, la revista apunta a que aún no está claro sobre qué pasos, de llegar a la Casa Blanca, daría el sentido de "reformar la reforma" al sistema de salud de Obama y cómo encarar el anquilosado sistema de pensiones pay as you go de la primera economía del mundo.

Hasta hace una semana todo parecía viento en popa. Había ganado las primarias de Iowa y New Hampshire, siendo el único republicano de la historia en lograr la victoria en ambos distritos el mismo año, y estaba en la primera línea de largada para el caucus de Carolina del Sur. "La oposición más conservadora aún está dividida. Si de hecho Romney gana en CdS, seguro que es game over", escribía el Financial Times. Pero el recuento final en New Hampshire dio vuelta el partido en favor del ex senador por Pensilvania, Rick Santorum, por un puñado de votos; y Carolina del Sur le dio la espalda a favor del ex presidente de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich, ahora su más serio rival de cara a las primarias de Florida.

Es que en campaña no puede haber imperfecciones, y cuando éstas aparecen lo hacen bajo enormes reflectores. Su estilo algo robótico y de respuestas ensayadas es, según el Daily Telegraph, "el equivalente político a mirar pintura seca". De todos modos, dice el diario londinense, "su despiadado foco sobre la economía y su experiencia en el sector público es exactamente el enfoque correcto durante una recesión".

A pesar de la derrota, lleva la cabeza en el número de delegados para la convención republicana de agosto y aún no está claro que pasará el 31 de enero en la interna de Florida. Tiene la ventaja de haber recaudado más que sus rivales, algo primordial ahora que la carrera ha entrado en tierra derecha, y ha sabido mantener la estructura de su campaña 2008, evitando al máximo las improvisaciones. Aún así, ya aparecieron.

Las críticas de sus rivales en torno a su baja declaración de impuestos 2010 lo obligaron a exhibir públicamente sus cuentas fiscales, además de la estimación de cuánto tributará para el año fiscal 2011. Sus rivales lo acusan, implícitamente, de evadir los impuestos que su fortuna, estimada de u$s 250 millones, debería estar pagando.
Porque cuando se apunta a la Casa Blanca, no puede haber errores.



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