"El futuro de Europa debe caracterizarse por políticas de sobriedad"

Álex Rovira, autor español de best sellers de narrativa empresarial, asegura que los países del viejo continente viven un "momento de cambio" y deben dirigirse hacia una unión con gobierno y banco central único. 02 de Diciembre 2011

Ha vendido más de cinco millones de libros en todo el mundo. Su obra de mayor impacto, La Buena Suerte, fue editada en 42 idiomas y vendió tres millones de copias en dos años. Éstos son algunos de los números que colocan al conferencista y escritor español Álex Rovira como uno de los autores de libros de no ficción en lengua española de mayor éxito global.

El consultor y referente internacional del self management estuvo en Buenos Aires en el foro "El Mapa del Tesoro. Nuevo paradigma e innovación en el desarrollo de las personas", organizado por Grupo Rhuo. En una entrevista con WE, Rovira destaca que en España "no existe otro discurso posible que el de la austeridad", pues se llegó a "esta situación dantesca" por un problema que no lo relaciona tanto con la economía, sino con una "crisis de valores, de principios, de formación". Y es categórico: "Los españoles hemos comprado con dinero que no teníamos muchas cosas que no necesitábamos para impresionar a quienes no conocíamos o no nos caían bien". 

En los discursos de campaña, Rajoy apostó a la austeridad, al recorte del gasto público. ¿Es ésa la salida para España?
No hay otro discurso posible. Es el de Rajoy, pero también lo dicen los partidos progresistas de izquierda y los de centro. El problema de España no son tanto los recortes sociales, pero hay mucha ineficiencia en el sector público. La estructura de España ha generado muchísimo personal en lo público. Ellos mismos se confiesan que no están siendo aprovechados al máximo. En este país hay que hacer una reflexión profunda y estructural sobre la eficiencia, sobre las partidas de inversión y de gasto que se hacen en lo público.

Usted apunta a que existe una crisis moral en consonancia con la económica.
Exactamente. La crisis económica que estamos viviendo, tanto ésta como la que se vivió en la Argentina en 2001, es un síntoma, una manifestación somática, al igual que cuando una persona tiene un problema emocional o de stress y se manifiesta con un problema de espalda, una acefalia. Lo más profundo es una crisis de valores y, a su vez, es el síntoma de una crisis de conciencia. En España, el fracaso escolar está en un 36%, es una cifra altísima. La Unión Europea recomienda un máximo del 10%. En muchos sectores, la productividad española equivale a la de Suecia en 1975. Nuestro problema verdadero no es tanto económico sino de valores, de principios, de formación, de integridad. Mucha gente se quiso enriquecer con la burbuja inmobiliaria y se ha generado una cifra de endeudamiento altísima que tardará muchos años en ser aplacada de vuelta, o absorbida por el sistema. Se llegó a una situación dantesca. Los españoles hemos comprado con dinero que no teníamos muchas cosas que en realidad no necesitábamos para impresionar a quienes no conocíamos o no nos caían bien.

También sostiene que España no puede "recuperarse" de la crisis, sino que "tiene que reinventarse". ¿A qué se refiere?
España debería hacer un plan estratégico de competitividad para saber dónde quiere estar en el mapa mundial en los próximos cinco y 10 años. Se debería apostar por sectores estratégicos y naturalmente competitivos, como el turismo, la medicina, el diseño industrial, para que emprendedores y empresarios sepan cuál es la misión de país que se quiere encarnar por parte del Gobierno en un futuro a medio y largo plazo. También debería mejorar mucho la exigencia a los estudiantes en todos los niveles, porque si un país no tiene una altísima competencia en conocimiento y habilidades está condenado al fracaso. 

¿Qué análisis hace del movimiento de los indignados?
Es un fenómeno aparte. Dentro de los indignados, hay muchos segmentos. Hay personas que proponen soluciones inteligentes, pero también hay personas que hacen brindis al sol y no proponen nada. Tenía que salir, era inevitable, pero ningún gobierno se mueve por ese movimiento porque no tiene un peso específico, no lo ha tenido. Aunque sigue habiendo asambleas y siguen trabajando, no es una revolución, por lo menos a fecha de hoy. 

Los recambios de poder en Grecia, en Italia, y ahora en España, ¿son un mensaje de los mercados?
- Los cambios de gobierno se producen no tanto por una cuestión de signo, porque en Italia cae la derecha, en Grecia cae la izquierda; cada país ha tenido sus singularidades. En el caso de Italia, está clarísimo que Berlusconi es un hombre que tiene demasiadas causas abiertas como para seguir pensando que era inocente y casto en todo lo que hacía. Fue un caso típico de corrupción moral y económica. Europa vive un momento de cambio y tiene que dirigirse a una unión de estados probablemente con un gobierno único, con un banco central único y con criterios de exigencia y convergencia mucho más fuertes. De hecho, Grecia entró al euro salteando deliberadamente las cuentas, y se sabía. Finalmente ha sido insostenible. El futuro debe caracterizarse por políticas de sobriedad, donde no se deberían tocar los derechos sociales conquistados, pero tampoco que exista una laxitud excesiva y un juego de intereses poco claro en la gestión. 

Muchos economistas dicen que la UE se achicará, con países saliendo del euro.
Si algún país tuviera que salir, y no creo que pase, saldría Grecia. Los demás van a llegar a tiempo, van a trabajar porque una salida del euro generaría una situación complicada para todos. Lo que sí está claro es lo que indicaban Merkel y Sarkozy, sobre todo Merkel, que es la que está dando las directrices de lo que tiene que ser la Unión a futuro. Se habla de una Europa a dos velocidades, con un núcleo duro de países serios, con alta productividad, como el caso paradigmático de Alemania, y otros que han demostrado no ser serios en la gestión, como Grecia. No correr tanto, no integrar en una misma unidad a países con economías muy diferentes. 

Europa a dos velocidades, ¿se conjuga con el mundo a dos velocidades?
A mediano plazo, la economía se va a bipolarizar entre los Estados Unidos y Asia. De hecho hoy Asia, excluyendo Japón, supone el 18% del PIB mundial. Y se calcula que en 20 años prácticamente se doblará su protagonismo, pasando del 18 al 33%. Los EE.UU. mantendrá su posición, y ganará posición India, Brasil. Europa quedará un poco posicionada en el medio. 

¿Cómo se vive hoy en la UE el avance de las economías asiáticas?
Se vive con un triple sentimiento. Muchos empresarios y emprendedores ven esto como una gran oportunidad para hacer negocios, ya sea para exportar o para producir. El segundo sentimiento es miedo: países como Corea han hecho, en pocos años, una evolución cuántica en la calidad de sus productos. La marca Hyundai o Kia ofrecían vehículos de una calidad justita, y ahora son de una eficiencia de consumo y prestaciones extraordinarias. Aprenden y aprenden rápido. Y el tercer sentimiento es la perplejidad, el estupor. La vieja Europa se había consolidado, acomodado, y de repente ve que las economías de América Latina, con Brasil al frente, están tirando con mucha fuerza. Ven lo mismo que en Asia: oportunidades. Pero la reflexión que se está haciendo en todos los niveles de Europa es qué queremos ser cuando seamos aún más mayores. Tenemos un Asia joven, fuerte, con hambre, una América Latina que muestra indicadores de potencia, de crecimiento, y nosotros, ¿dónde nos vamos a poner en ese mapa mundial? Esa es la reflexión.



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