El encanto de la costa peruana

El encanto de la costa peruana

La Reserva Nacional de Paracas es un paraíso natural que sorprende con su rica fauna, su historia milenaria y un alto nivel de servicios en las ciudades más cercanas. 14 de Mayo 2010

Cuando se piensa en viajar a Perú, Machu Pichu y Cusco son las primeras imágenes que aparecen en la mente. El lago Titicaca, compartido con Bolivia y la Pampa de Nasca, también se recuerdan rápidamente. Pero quizás no sea mucha gente la que considere visitar la Reserva Nacional de Paracas, ubicada a solo cuatro horas en auto de la capital peruana. Creada en 1975, es un área costera (terrestre y marítima) de 335.000 hectáreas ubicada al sur de Pisco. De norte a sur se extiende entre la Península de Paracas y la punta de Morro Quemado, puntos entre los cuáles se pueden encontrar playas desiertas, monumentos naturales esculpidos por la naturaleza, puestas de sol fantásticas y una gran variedad de vida silvestre.

Entre aves migratorias y las que viven en la región todo el año, se pueden avistar más de 120 especies. Algunas son habituales residentes de las costas, como los flamencos y los pelícanos, pero otras sorprenden con su presencia, especialmente el cóndor andino que baja a alimentarse de restos de lobos marinos. Es que estas costas están pobladas también por lobos de mar, pingüinos de Humboldt y los gatos marinos o chingungos.

Un buen sitio para avistajes es Punta Arquillo, ubicada en el sur de la península de Paracas. Allí es donde hay grandes loberías y, especialmente en verano, es fácil ver a los cóndores bajar en busca de placentas o de animales muertos. Otro punto importante son las Islas Ballestas, que cuentan con la mayor concentración de lobos marinos de la región. Se puede acceder a ellas en lancha desde el embarcadero Chaco o desde el muelle del Hotel Paracas. En cualquiera de los dos casos, las salidas duran de tres a cuatro horas y es conveniente partir temprano en la mañana para evitar las horas con vientos más fuertes.

Playas y sitios arqueológicos
En la reserva, además de zonas pobladas de fauna, hay amplias franjas de playa que en verano se llenan de gente, y que durante todo el año son un espectáculo imponente. La de más fácil acceso es Atenas, a apenas 10 minutos del puesto de acceso a la Reserva. El mar calmo invita a bañarse, aunque el fondo es bastante fangoso y no siempre resulta cómodo. La presencia de buenos vientos durante varios meses del año hacen del sitio una visita obligada para windsurfers. Otra playa concurrida es La Mina/El Raspón. Zona ideal para el buceo, es un sitio en el que es posible acampar pero que no ofrece servicios, salvo algunos puestos de comida durante la temporada alta.

Además de las playas y la fauna, la reserva ofrece un interés cultural enorme. Su nombre remite a una de las culturas prehispánicas más creativas de la región. Entre el siglo VI a.C. y los primeros años después de Cristo, los valles de Chincha, Pisco e Ica vieron florecer una cultura que sorprende por el desarrollo textil, que se pudo conocer a partir de la cantidad de piezas bordadas o tejidas que arropan a más de 400 momias que se encontraron en la necrópolis de la península.

Claro que muy cerca de la reserva, La Pampa de Nasca con sus líneas misteriosas son un imán tan atractivo que nadie en busca de huellas del pasado podrá dejar de visitarlas. De hecho, solo basta con tomar un avión en la vecina Pisco para dedicar una tarde a la contemplación de esos grabados gigantes.

Tras los pasos de San Martín
Al mirar el mapa, bien al sur en la reserva, junto al Morro Quemado, se lee el nombre de Bahía de la Independencia. Allí mismo es donde en 1820 desembarcó José de San Martín al mando de 45.000 hombres. Cuesta pensar en el paso de un ejército por estas playas: hoy son apacibles extensiones de arena. El área es ideal para ir en 4x4, acampar y practicar buceo.

Evitar el paracas
La zona de Paracas se puede visitar todo el año, pero hay algunos meses en los que hay muchas chances de encontrarse con el paracas. Se trata de un viento proveniente del mar, que sopla a más de 40 kilómetros por hora, generalmente por las tarde y entre los meses de agosto y octubre. Lo molesto es que puede hacerlo durante casi una semana completa, y amaina sólo al anochecer.

Datos útiles
Cómo llegar
Desde la ciudad de Lima se parte hacia el sur por la ruta Panamericana. En el kilómetro 234 se encuentra el desvío hacia Pisco. Desde allí se llega al balneario de Paracas y a la playa El Chaco, donde es posible alojarse en hoteles y comer en restaurantes, además de tomar embarcaciones para visitar las islas Ballestas. A partir de aquí, los caminos para visitar las salinas de Otuma, el Museo Julio Tello o las playas del sur de la Península son arenosos y conviene transitarlos con vehículos adecuados y choferes con experiencia.

Dónde dormir
- Hotel Paracas: este clásico de la región ahora forma parte de la Luxury Collection de Starwood. Con 121 habitaciones y suites con vista al mar, también ofrece spa, un muelle privado y un servicio diario de excursiones a las islas Ballestas.

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Hacienda Bahía Paracas: es el otro gran hotel en la región. Además de sus habitaciones dobles y sus suites, la Hacienda deslumbra con su suite Bahía Paracas, que entre otros detalles únicos cuenta con acceso directo a una piscina con vista la mar.

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Hotel El Mirador: es una opción con buena relación precio-calidad, ya que por pocos dólares se puede conseguir una habitación doble con desayuno. El hotel cuenta con restaurante, bar, un café, piscina, juegos para niños y ofrece paseos a las islas Ballestas.

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Doubletree Guest Suites Paracas: parte de la familia Hilton, es un hotel conformado por amplios departamentos de 55 metros cuadrados y vista la mar. Además, ofrece una piscina grande con zona para niños y jacuzzi, spa, restaurante internacional, muelle privado y actividades como kite surf.



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