El desafío de la inversión social privada

El desafío de la inversión social privada

Dos especialistas, titulares de las principales organizaciones que nuclean los aportes sociales de empresas y fundaciones corporativas en Brasil y la Argentina, analizan las principales tendencias en esta materia. La visión estratégica y la alineación de las políticas de inversión social con la agenda de RSE son los grandes motores de estos tiempos. 06 de Octubre 2010

A raíz del llamado de Bill Gates a los 400 empresarios más ricos de los Estados Unidos a donar el 50% o más de sus fortunas, el tema rápidamente se colocó en la agenda de los medios del mundo. En un plazo muy corto de tiempo, el creador de Microsoft logró reunir fondos para invertir en causas sociales.

Si bien, en la Argentina, no existe una cultura del filántropo individual tan fuerte como en el país del Norte, desde 2001, un grupo de donantes privados decidió juntarse para mejorar sus prácticas y lograr optimizar sus esfuerzos en pos del bien público del país. Tomaron el modelo del Grupo de Institutos, Fundaciones y Empresas (GIFE) de Brasil, una organización que hoy mueve donaciones de 131 asociados, por un monto de nada menos que u$s 1.150 millones. Fue así como localmente se conformó el Grupo de Fundaciones. Unos años más tarde, el grupo decide incorporar también como miembros a un número de empresas que llevan adelante actividades filantrópicas, pero con una visión estratégica. Así surge el Grupo de Fundaciones y Empresas (GDFE), que hoy nuclea a 29 miembros e invierte en la sociedad $ 64 millones al año, lo que representa el 66% del total de este tipo de inversiones en el país.

Recientemente, el GDFE realizó una jornadas de reflexión interna que, además de contar con la presencia de sus miembros, tuvo la participación de uno de los máximos referentes de Brasil en materia de Inversión Social Privada (ISP): Fernando Rossetti, secretario General del GIFE y chairman del Worldwide Initiatives for Grantmakers Support (Wings)

En diálogo con Fernando Rossetti y Enrique Morad, titulares del GIFE de Brasil y el GDFE de Argentina, ambas instituciones referentes en materia de inversión social privada (ISP) en sus respectivos países, intercambiaron ideas acerca del estado de situación, las áreas prioritarias de inversión y las más relegadas así como los desafíos que vislumbran.

La visión latinoamericana
Fernando Rossetti
Secretario General de GIFE de Brasil y Chairman de Wings. 

1. En la década del ‘90, en la mayor parte del mundo, las empresas empezaron a reflexionar sobre su rol social, cultural, ambiental y económico. Surgieron dos movimientos muy fuertes en Europa, Estados Unidos y también en América latina. Uno, es la RSE propiamente dicha y el otro, filantropía empresaria o inversión social privada, que consistió en un cambio de la manera de ver la filantropía con el ingreso de las empresas y la contribución privada al bien común. La RSE es el modo como la empresa gestiona su negocio y se relaciona con los distintos públicos, mientras que la inversión social privada (ISP) es lo que va más allá del negocio, tiene que ver con el compromiso que supone el aporte voluntario de recursos privados, de forma planeada, monitoreada y sistemática para proyectos con fines públicos.

En algunos países, existe una organización que nuclea las dos agendas, como el Centro Mexicano para la Filantropía (Cemefi) en México, que trabaja las agendas de RSE y de ISP. En otros países, como Brasil o la Argentina, existen organizaciones separadas que dan apoyo a estas agendas: existe un Instituto Ethos o Instituto Argentino de Responsabilidad Social Empresaria (IARSE), respectivamente, que atienden los temas de RSE y el GIFE o GDFE, que procuran la profesionalización de la ISP de las empresas. Antes, las fundaciones se asociaban al GIFE y las empresas al Ethos. Actualmente, las empresas se asocian al Ethos y al GIFE. En ciertos momentos históricos, existió una competencia entre las dos agendas. Hoy, hay mayor alineación entre el negocio y su contribución pública. La sustentabilidad une estas dos agendas.

2. Podríamos resumir el desarrollo de la filantropía en Brasil, en las últimas dos décadas, en sólo tres pasos: dar el pescado, enseñar a pescar y reorganizar la cadena de producción de la pesca. Hoy, la complejidad y la sofisticación de las acciones sociales desarrolladas por institutos, fundaciones y empresas, de hecho, han construido enfoques sistémicos para el cambio social, teniendo en cuenta las políticas públicas y sus múltiples stakeholders.

El inversor social debería entonces construir legitimidad para las prácticas de inversión social en la sociedad. Ello implica mejorar los modelos de gestión y gobernabilidad de su campo, así como articular las acciones con otros actores sociales, medir el impacto de los diferentes programas que impulsa y comunicar dichas actividades en forma clara a todos los stakeholders.

3. La situación cambia mucho de país en país y se asocia en gran medida con la acción del Estado. En Europa, donde hay políticas públicas consistentes, con salud y educación públicas de calidad, esta inversión tiende a destinarse a la cultura. En África, donde no hay Estado moderno, el área de salud es el en que se alcanzan los resultados más rápidos. Por ejemplo, si se le enseña a la población a poner cloro en el agua, se puede producir un gran impacto. En Brasil, en este momento, la ISP está invirtiendo mucho en educación para responder a la necesidad de gente más preparada para acompañar el desarrollo económico. El 83% de los miembros del GIFE está invirtiendo en educación: ello responde no sólo a una cuestión de justicia social, sino también de desarrollo económico.

4. Brasil está en el mejor momento de la historia, con estabilidad política y un alto nivel de crecimiento económico como India. Lula ha tenido un peso político internacional impresionante para Brasil, ya que ha puesto al país como un actor global, junto con grandes empresas como Petrobras, Itaú, Vale.

En el GIFE, tenemos que aprovechar las oportunidades que nos da este momento. Estamos trabajando, desde hace muchos años, para cuando llegue este momento y esperamos aprovecharlo. Es tiempo de consolidar las conquistas y pensar en proyectos más osados. Uno de ellos es la diversificación del sector de ISP, porque tenemos una concentración de empresas comprometidas, pero queremos sumar a las comunidades, familias, individuos. Para los próximos 10 años, ansiamos tener mayor cobertura de temas y de áreas geográficas. Este contexto nos permite un pensamiento a largo plazo. Por eso, queremos mejorar nuestras estrategias, herramientas de gestión y capacidad para obtener recursos materiales.

La transformación social es un largo camino. Para lograr escala con la ISP, se deben potenciar las alianzas intra e inter sectoriales, lo que supone una adecuada articulación con políticas públicas. Otro desafío importante es la alineación de las iniciativas de RSE su inversión social: una misma ética, unos mismos valores aplicados en la gestión del negocio y del proyecto social. 1. Está claro en nuestro tiempo que la empresa crea valor y que el valor no es solo económico. Hoy no hay empresario moderno que no piense en crear valor de una manera integral: valor económico para los accionistas, valor social para los stakeholders, especialmente en su propia cadena de proveedores, clientes y colaboradores, y valor ambiental, optimizando la relación de la empresa en su impacto transformador de la realidad. En nuestro país, todavía queda un amplio espectro de tareas para avanzar en estas tres dimensiones, de manera que hay un enorme potencial y un desafío que no se puede postergar más.

La visión argentina
Enrique Morad
Presidente de GDFE de Argentina.
2. Si acordamos que el inversor social es un empresario que integra su actividad con las tres miradas que acabo de señalar, su rol es el de los líderes exitosos: tiene objetivos estratégicos de por lo menos 15 años de sustentabilidad y entonces optimiza sus operaciones y mejora sus resultados de manera constante. Tiene estrategias empresarias innovadoras que le permiten recrear sus negocios y generar nuevos ingresos, cuida y mejora constantemente sus costos, desarrolla enfoques colaborativos con clientes, proveedores y competidores, con lo cual gana escala y produce mejores resultados para cada uno y en todas las dimensiones.

3. De nuevo, la ISP es una actividad empresarial y, por lo tanto, requiere planeamiento estratégico. Dicho de otra manera, la ISP orienta “primero lo esencial, lo importante” y por eso ahí debemos poner el foco. En nuestro país, la prioridad debe estar dada por la creación de fuentes genuinas de trabajo sustentable. Y ello en las áreas en las que la Argentina tiene ventajas competitivas, que todos conocemos y que son áreas de lo más variadas: proteínas, biocombustibles, celulosa, vinos, todo tipo de futas y hortalizas, fibras, turismo y deportes. Mirar el horizonte acredita miles y miles de nuevas oportunidades en las que debemos capacitar a quienes deben entrar al mercado laboral. Ahí están, a mi entender, las prioridades.

4. Hace siete años consecutivos que el país está creciendo. Sin embargo, los indicadores sociales aun dejan mucho que desear. El principal desafío para la ISP es encontrar los mecanismos que resuelvan las situaciones de indigencia y pobreza que afecta a millones de hombres y mujeres, para a la vez permitir a todos, con enorme rapidez, encontrar opciones personales de trabajo viables y confortables, que den sentido y dignidad a la vida de todos los argentinos. Los inversores sociales, que trabajamos con inversión privada para colaborar en fines o bienes públicos, tenemos ahí nuestro foco y principal preocupación.

Varios verbos reflejan lo que debemos hacer: articular, armonizar, alinear, poner en red, potenciar, identificar sinergias, actuar con transparencia, con energía, con foco, con entusiasmo y con realismo. Todo no se puede ya, pero sí se deben iniciar los procesos ahora. Y de cara al futuro, que es lo que debemos mejorar en el presente.



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