El campo repunta y espera al Gobierno

El campo repunta y espera al Gobierno

Con buenos precios internacionales y una cosecha pronosticada como récord para la soja, el campo está en condiciones de superar la sequía de la campaña pasada. La difícil relación con el Gobierno y la continuidad de las retenciones son los principales desafíos pendientes que deja este año. 05 de Agosto 2010

El autodiagnóstico ofrece un saldo positivo. Según los empresarios agropecuarios, los crecientes precios internacionales de los productos, la constante incorporación de tecnología, la buena gestión propia y la previsibilidad del negocio contribuyeron a expandir las empresas agropecuarias en los últimos diez años y permitieron absorber el impacto de la sequía del año pasado.

Este análisis, que brindaron 151 grandes empresarios agroganaderos en cuanto a la Fundación Producir Conservando, es compartido por los demás actores del mercado, incluyendo a los productores, proveedores de servicios, insumos y maquinaria, y al Estado, que cuenta con los impuestos provenientes de las retenciones para garantizar que el balance de las cuentas públicas se mantenga superavitario.

La supercosecha que dejará la soja este año servirá para cerrar las heridas que dejó en los productores la prolongada sequía de la campaña pasada. Otras heridas podrían seguir abiertas, como las que intercambian ruralistas y el Gobierno desde hace dos años, a partir del infructuoso intento oficial de establecer retenciones móviles y que ocasionaron una interrupción del diálogo.

Los dirigentes ruralistas se fortalecieron políticamente y tienen, desde el año pasado, 11 agrodiputados en la Cámara Baja y una representante en el Senado. El Gobierno, por su parte, trabaja y se prepara para dar batalla por todos los medios, incluido el control fiscal, para evitar perder el flujo de recursos que representan las retenciones a la soja.

“Creo que las tendencias positivas para el campo se mantendrán”, dice Lucio Reca, ex secretario de Agricultura durante el gobierno de Raúl Alfonsín. “Recordemos que en la época de gloria de la producción agrícola, a principios de siglo XX, aquí se creció al 4% anual y en los últimos años, la producción creció al 4,5% anual, mientras que el promedio mundial es del 2,5 por ciento”.

“En la medida en que haya políticas públicas neutras o favorables todo esto seguirá. ¿Hasta cuándo? Es difícil predecirlo, lo cierto es que se seguirá incorporando tecnología y no conozco estudios que tengan una perspectiva pesimista para los próximos 20 años, sólo difieren las tasas de crecimiento”, concluye Reca.

Con precios internacionales y demanda en curva ascendente, el frente interno cobra mayor importancia y allí impacta fuertemente la acción del Gobierno. Para Gustavo Oliverio, coordinador de la Fundación Producir Conservando, “la política de intervención le pone un manto de incertidumbre a la producción de trigo, maíz y cebada, y se compromete también las áreas a sembrar y la tecnología a utilizar”.

“Si el Gobierno sigue presionando con factores que no le dan claridad al negocio de largo plazo, habrá un cierto estancamiento con inversión limitada en la que los productores pensarán en la próxima campaña pero no en el largo plazo. Es un ida y vuelta, el Gobierno piensa en el corto buscando recursos fiscales y la respuesta es la falta de crecimiento porque el campo responde con lo mismo”, resume.

Balance y perspectivas
En 2009, el año de la tormenta perfecta, además de la sequía y la crisis financiera internacional, hubo un recorte del 27% en el total de las exportaciones agrícolas, entre granos, aceites y harinas. “Las perspectivas para este año son mucho más favorables”, remarca Juan Carlos Goya, vicepresidente primero de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA). Lluvia y mejores precios son las claves. Aunque advierte sobre la escasa rentabilidad que le queda al productor. “Los rindes de la cosecha se quedan en la cadena de comercialización o en la intervención del estado, no en los bolsillos del productor”, afirma.

Para Rafael Llorente, presidente del Movimiento CREA, los mercados más sensibles actualmente son los de la carne, el trigo y el maíz. “El trigo es el más afectado por la intervención”, aclara. Los de mayor potencial siguen siendo la soja y destaca el rendimiento de algunas economías regionales, como “los arándanos o los limones en la zona de Tucumán, o el vino y el olivo, aunque son producciones menos masivas”, resalta Llorente.

Para la soja, se espera una cosecha en torno a las 55 millones de toneladas, lo que le dejaría al país un ingreso de divisas por encima de los u$s 19.000 millones. De esa cantidad, un mínimo de u$s 7.000 millones quedarían en las arcas del Estado por derechos de exportación (las retenciones se ubican en el 35%). La sojización también afectó de manera indirecta a otras industrias, como la ganadera. Se estima que en la última década, unas 13 millones de hectáreas destinadas a ganado o forestación pasaron al agro (principalmente soja). “No creo que continúe ese avance, porque la rentabilidad de la ganadería está empezando a crecer”, destaca Víctor Tonelli, consultor en ganados y carnes. Sobre las perspectivas para este año, Alejandro Massa, socio de Deloitte y líder de la práctica de Agribusiness explica que "la gran suba de precios ha premiado a quienes no vendieron sus vacas, pero sería raro que alguien con estos precios salga a comprar. Los actuales son valores altos como para volver a entrar al negocio". Según Massa, la evolución del negocio dependerá de la voluntad de los productores y esta situación, ineludiblemente, seguirá gravitando en la oferta.

Tonelli agrega que "desde noviembre del año pasado hubo una suba de precios de entre el 70 y 80% . Esto devuelve rentabilidad y se empieza a recuperar stock". Sin embargo, la industria viene sufriendo en los últimos años. Sobre 61 millones de cabezas que había en 2006, se pasaron a 52 millones en 2009. "Para finales de 2009, se transformó en una caída de la oferta, que dejó al mercado interno con una baja de entre 25 y 30% en el número de cabezas", aclara Tonelli. Con las exportaciones virtualmente cerradas, el sector mueve unos u$s 12.000 millones en toda la cadena de valor.

Desde el Ministerio de Agricultura que dirige Julián Dominguez confirmaron que en 2009 se exportó maquinaria agrícola por u$s 170 millones y se espera un crecimiento que duplicará esta cifra para 2015. Sin embargo, en 2009 las ventas cayeron un 40% y alcanzaron los $ 2.254 millones. En total, se vendieron 15.451 unidades, 9.673 nacionales (-29%) y 5.778 importadas (-55%). “La buena respuesta de los commodities impulsa el sector, que este año tiene crecientes perspectivas de recambio”, destaca Rafael Tosco, gerente de Ventas de Metalfor. “El año arrancó más optimista, pero no en ventas efectivas sino en el interés de los productores. Hay intenciones pero poca disponibilidad de divisas”, explica Néstor Pardini, vicepresidente de Areco Maquinarias, concesionaria oficial de Mainero y que vende otras marcas como Bertini o Pauny, en sus tres locales. Para este año, espera aumentar entre un 20 y un 30% las ventas, incentivadas por el mayor recambio en sembradoras, tractores de potencia media y carros de distribución. Según su punto de vista, los precios de venta aumentaron hasta un 20% en el último año. “Se necesita una línea de crédito en pesos y fijas, porque el productor no toma a tasa variable. Hoy es de 14% cuando hace dos años era del 9%”, grafica Tosco. Para este año, Metalfor espera vender entre 400 y 450 pulverizadoras autopropulsadas, su principal negocio. Generalmente la empresa producía una media de 1.100 unidades al año en sus tres fábricas (dos en la Argentina y una en Brasil), mientras que este año espera llegar a las 900 unidades.

Agroquímicos y lácteas
El mercado de agroquímicos (fungicidas, herbicidas, insecticidas) cayó de u$s 1.800 millones en 2008 (pico histórico) hasta los u$s 1.300 millones en 2009. “Así y todo, no fue un desastre. La industria apoyó en temas de refinanciación y ayudas como fideicomisos o warrants”, afirma Horacio Busanello, ex CEO de Syngenta, cargo que ayer asumió Carlos Lamas. Sobre esta campaña, afirma que es positiva y que el año agrícola que empieza ahora para el trigo, maíz, girasol y soja tiene potencial de crecimiento de hasta 30%, incluyendo un buen pronóstico climático.

“La soja será el principal negocio, creo que el maíz va a lograr un mayor potencial si la coyuntura lo acompaña", sostiene Sergio Melloni, gerente General de Nitragin Argentina, que emplea a 110 personas en el país y apunta a brindar soluciones tecnológicas para la cadena de semillas. En este segmento, Monsanto asoma como uno de los líderes, sobre todo en semillas de maíz. "Esperamos un crecimiento de un 30% en facturación, impulsado por nuestros dos negocios más importantes: semillas y agroquímicos, donde apostamos al glifosato”, explica Pablo Ogallar, director de Marketing de Monsanto Latinoamérica Sur y ex Presidente de Maizar (Asociación Maíz Argentino). En total, la empresa facturó unos u$s 450 millones en 2009.

Por su parte, Syngenta asumió una reconversión, principalmente en fungicidas, para entrar en el mercado de la soja, su principal driver de crecimiento actualmente. En 2009 tuvo ventas totales por u$s 300 millones, apoyado también en su negocio de semillas (en 2009 compraron el negocio de girasol de semillas de Monsanto a nivel global, por unos u$s 160 millones aproximadamente). “El primer trimestre arrancó bien, y hay especulaciones de crecer entre un 40 y 50% este año. Creo que terminará un 30% arriba", adelanta Busanello. Entre sus proyectos, avanza la construcción de una planta de agroquímicos y ampliar las capacidades de producción de semillas, con un plan a cinco años que ronda los u$s 100 millones. “La Argentina, junto a Brasil y Estados Unidos son los tres grandes proveedores de agroalimentos del mundo. El país no puede escapar a un destino grande en la agroindustria”, remarca. Con 440 empleados, hoy un tercio de sus ventas en el país son producción local y con la incorporación de la planta espera llegar a los dos tercios del total.

En el mismo segmento, la alemana BASF se posiciona como un player importante, en la protección de los cultivos y en biotecnología. “Vamos a lanzar un producto de uso masivo cada año durante los próximos cinco. Queremos contribuir a aumentar en un 10% la productividad del campo”, afirma Diego López Casanello, presidente de BASF Argentina. El ejecutivo resume: "No existe otra posibilidad para la Argentina que no sea de abastecer de proteínas vegetales al mundo”. A nivel mundial, la empresa tuvo ventas en 2009 por 50.000 millones de euros (en 2008 fueron 62.000 millones de euros).

Las dificultades climáticas también afectaron al sector lácteo en sus volúmenes de producción. “Hubo una retracción fenomenal de la demanda y los precios internacionales se cayeron de u$s 4.000 aproximadamente a u$s 2.000 la tonelada de leche en polvo”, especifica José Quintana, presidente de la Comisión de lechería de Aacrea. La tendencia comenzó a variar (hoy se estabiliza en el orden de u$s 3.400) en el último lapso del año, con recuperación de precios internos incluida, en un sector que mueve unos u$s 6.000 millones anuales. De hecho, hoy el productor percibe un 50% o más de lo que ganaba en septiembre del año pasado. Pasó de 85 centavos a $ 1,25 el precio pagado por litro. “Se está viendo mejor rentabilidad, ya que el precio aumentó por encima de los insumos, con la salvedad de que se está produciendo menos de lo que se debería”, aclara Quintana. “Se ha actualizado el precio de la materia prima. Esto redunda en un beneficio directo para el productor”, afirma Pascual Mastellone, presidente de La Serenísima, que en 2009 facturó $ 3.200 millones. La compañía logró una refinanciación de su deuda, con una aceptación del 98% de los acreedores por un valor aproximado de u$s 218 millones. “El futuro está en introducir nuevos productos para distintos consumidores", resume Mastellone.

Para 2010 las perspectivas pasan por superar los 10.000 millones de litros de leche producidos en 2009. Se habla de un crecimiento entre 3 y 6%, impulsado sobre todo por la actividad que se espera para el segundo semestre. “Del total un 20% se exporta, el resto es mercado doméstico”, destaca Sergio Montiel, gerente de relaciones institucionales y comunicaciones de SanCor, que junto con La Serenísima acaparan un 30% del mercado. "El objetivo nuestro pasa por agregar valor a la leche, no por producir más”, destaca Montiel. La cooperativa produce un promedio de 4 millones de litros diarios y cuenta con más de 4.000 empleados. Espera llegar a una facturación de $ 3.000 millones en 2010.

Proyectos en danza
Las buenas perspectivas parecen reactivar viejos proyectos. Louis Dreyfus Commodities (LDC), el tercer exportador de productos agrícolas del país, anunció la habilitación del complejo portuario de Timbúes (Santa Fe), con una inversión que supera los u$s 115 millones, con planta de molienda de soja incluida. Por su parte, el brazo agropecuario de la familia Elsztain, Cresud, pagó u$s 75 millones para ampliar su participación en su controlada BrasilAgro y extenderse en el mercado vecino. Unos u$s 50 millones será el desembolso de la suiza Nidera para construir una terminal de fertilizantes y ampliar la capacidad de molienda en el Puerto General San Martín, en Rosario.

Entre las lácteas, SanCor anunció la ampliación de su planta en Porteña, Córdoba, con una inversión de u$s 37 millones, mientras que la Asociación Unión Tamberos (AUT), principal accionista de Milkaut, se encuentra en proceso de análisis para transferir su participación. La compañía tiene un pasivo de u$s 55 millones y una capacidad de procesamiento de 300 millones de litros de leche anuales y una facturación de $ 600 millones anual.



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