El camino hacia el hoyo en uno

El camino hacia el hoyo en uno

Cómo viven la práctica del golf los CEOs que lideran el ranking. Técnicas, costumbres e historias de los mejores jugadores del green ejecutivo. 02 de Febrero 2011
El glorioso Curupí Golf Team… un equipo de hermanos, cuñados y amigos con el cual nos vamos de gira todos los años. Aceptamos desafíos y jugamos partidos tipo Copa Ryder (torneo por equipos). Es el mejor programa”. La ansiedad por que llegue la fecha para emprender esa aventura le viene seguido a la cabeza  a Santiago Artagaveytia, socio de Llerena & Asociados Abogados, quien entiende el golf como un pasatiempo y una “excusa para viajar con los amigos y conocer lugares”. Con 6 golpes de handicap actualmente, como él son muchos los ejecutivos que apelan al deporte para despejarse y, porqué no, tirar un birdie o un bogey en escenarios alejados de la ciudad. 

En el año del Bicentenario, Carlos Mackinlay (h) reunió a su familia y apuntó hacia San Diego, California, para disfrutar unos golpes en la cancha donde se jugó el US Open de 2008. El Torrey Pines Golf Course fue testigo de la vuelta que el gerente General de LoJack dio junto a su padre, tío, primos y hermanos. “Aprovechamos que estamos todos y nos fuimos 10 días en lo que llamamos Gira del Bicentenario. Lo lindo del golf es que no hay edad para compartirlo y podés disfrutar de un contexto inigualable”, afirma Mackinlay, que hoy figura con 6 puntos de handicap en la base de la Asociación Argentina de Golf (AAG). 
Al gigante del norte también partió Gustavo Garrido, socio administrador de Estudio Garrido Abogados. Claro que no fue de gira golfística, sino a estudiar Derecho en la Universidad de Duke, hace muchos años. Allí liberó sus habilidades golfísticas, que ya venían de antes.

Tanto, que estuvo a punto de ser profesional. “Jugaba todos los días, era un enfermo. De los 13 a los 20 años era golf total, no tenía otra actividad. Después empecé la facultad y terminé eligiendo la carrera”, recomienda. Con 6 de handicap hoy, reconoce que hace dos años volvió al ruedo, sobre todo para distenderse “pero no competitivamente”. Igualmente, todavía disfruta, cuando sus compromisos laborales se lo permiten, de unos viajes a Orlando, Florida, o a Pinamar, para tirar unas pelotas.

Es que el golf de los ejecutivos, más que por el lado de la competencia, pasa por gozar de un tiempo al aire libre, relajarse de los compromisos laborales y, en lo posible, disfrutar con familiares o amigos. “Mi padre tardó dos años en convencerme. Jugaba al tenis y después empecé con el golf y nunca lo dejé”, afirma Luis Velo Puig Durán, CEO de Telefé, quien escaló al número uno del ranking en 2010. Aunque aclara: “Juego los fines de semana porque tengo la suerte de que mi familia también juega. Lo del handicap no lo cumplo, sólo en vacaciones de verano”. Su máxima preocupación pasa por mantenerlo y mejorar su approach, el cual confiesa como el golpe más difícil.   

Hace 15 años que Pablo Germán Louge, socio administrador de Allende & Brea, mantiene el mismo handicap, con oscilaciones entre los 4 y 7 puntos. Hoy con 5 (en 2010 ganó el campeonato Pre Senior –arriba de 40 años– del club Newman), es uno de los destacados y más reconocidos jugadores del ambiente. Pasea sus golpes por el club Newman y por el Jockey de San Isidro, donde cada vez que puede juega en la Colorada, la cancha que más le gusta, por su diseño y su dificultad. “Trato de aprovechar los fines de semana, por lo que juego pocos torneos, pero siempre con amigos. El bar es lo más divertido, porque después puede ser un juego tortuoso y muy frustrante. No me divierte jugar sin amigos”, afirma Louge, quien lideró el ranking de APERTURA junto con Rolando Meninato durante 2007 y 2008. El presidente de Dow se mantiene con 5 puntos y también es de la corriente en la que el golf es sólo un juego y no un lugar para hacer o hablar de negocios. El ejecutivo prefiere la modalidad Medal, la que toma como desafío la cancha (N. del R.: four-ball, salida de a cuatro en parejas; medal play, juego individual, todos contra todos; laguneada, juego de a tres o cuatro).

Palos y leyes
La relación de Artagaveytia con el golf surgió un poco por casualidad, mientras estudiaba en la facultad. Lesionado del fútbol, siguió a unos amigos que jugaban al golf. “Al principio me arrastraba y molestaba a los demás, más de lo que jugaba, pero logré superarlo. Igual, cada tanto me arrastro”, afirma, sin ponerse colorado. En general disfruta de los four-ball con amigos, “más cuando es por el bar o la pelotita”, y siempre que puede juega algún torneo de clubes. Sin embargo, el admirador del “Gato” Romero reconoce que hoy sus obligaciones no le dejan mucho tiempo (afirma haber perdido un poco de constancia desde que se casó), pero trata de practicar, al menos, una vez por semana. Y recomienda: “Cuando uno se pasa de rosca, una vuelta de golf es mejor que un psiquiatra. Una mañana cada tanto hace muy bien y sirve para consolidar relaciones”.

Para Louge, la cuestión pasa por organizar bien el tiempo. “Los fines de semana a la tarde para mí son clave. Aunque no tengas tiempo en la semana o se te haga difícil, si hay ganas siempre se puede encontrar un lugar”. Como él, Garrido también busca hacerse su tiempo y tiene un objetivo claro: “Jugar mucho más y trabajar menos”. Aunque reconoce que no quiere entrar otra vez en la fiebre de la competencia. “El golf te saca mucho tiempo y te pone muy nervioso si jugás mal”. 

Sapo de otro hoyo
Practicó rugby, fútbol y tenis (jugó de chico en el Club Regatas de Bella Vista). Es un apasionado del automovilismo (afirma que la experiencia más impresionante de su vida fue correr con Marcos Di Palma en el Autódromo de Buenos Aires, doblando en las curvas a 200 km/h), pero Mackinlay (h) elige la lucha permanente contra uno mismo que le representa el golf. “Además de la técnica, es absolutamente mental y te exige como ningún otro deporte”, afirma. 

El ejecutivo recomienda que, para jugar, uno tiene que estar convencido de las equivocaciones y convivir con ello. “Te posesionás demasiado hasta que aprendés a convivir y te relajás”, afirma. Si bien no tiene cábalas, trata de seguir la costumbre de ir a tirar unos tiros al driving una vez por semana, o jugar four-ball contra otra pareja en alguna cancha del Jockey Club de San Isidro o del Buenos Aires Golf Club. Igual que disfruta cuando, desde LoJack, organiza todos los años la reunión con clientes en una cancha, en la que prioriza el ambiente que se genera. Toma al evento como la forma ideal para “romper el hielo”. Cuando puede, claro, se da algún lujo, como el que Velo Puig Durán se dio al jugar al lado de Ernie Els, en Wentworth Club.



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