El boom de la indumentaria de autor

El boom de la indumentaria de autor

Tras la debacle de 2001, una nueva camada de diseñadores independientes creó sus propias marcas de ropa, sobre las cenizas de una industria textil raleada en los ‘90. 13 de Diciembre 2010

El local de Paola Cohen, en el corazón de Palermo Soho, es una mezcla de boutique y atelier. Los cuadros cuelgan en las paredes y se apilan en el piso, junto con remeras y vestidos que reproducen las pinturas; y blusas o trajes de baño con texturas diversas y diseños multicolor. Hasta hace cinco años, Paola trabajaba como secretaria en la empresa familiar de su marido. Pintar y diseñar su propia ropa eran dos hobbies, que se transformaron en un emprendimiento. “Todo empezó porque una amiga me propuso anotarnos en un curso de diseño de lencería, al que terminé yendo sola”, confiesa. “Con lo que iba aprendiendo, hacía varias prendas, una para mí, y dos o tres más para vender. Me iba con las bolsas de ropa a las reuniones de amigas y de mamás del colegio de los chicos. Después, empecé a armar colecciones de trajes de baño y se las mandaba a mi hermano, que tiene un local de ropa en Neuquén. Fue como una prueba de ensayo y error hasta que surgió la oportunidad de participar en la feria Puro Diseño. Mandé unas muestras de mis productos y quedé seleccionada a, fines de 2004”, recuerda. En dos meses, tuvo que definir la marca, el logo, patentarlos, armar un plan de negocios y producir dos colecciones con un stock de prendas para llevar a la expo, que duró seis días. A partir de ahí, no hubo vuelta atrás. Paola dejó la oficina para dedicarse a la ropa, mientras seguía pintando y tomando cursos de arte en su -cada vez más escaso- tiempo libre. “De pronto, mi casa era un caos de bolsas con ropa, rollos de tela, y la mesa del comedor siempre ocupada como mesa de corte. Empecé a buscar un local y a delegar la confección de la ropa en talleres mientras yo seguía ocupándome de los diseños”, cuenta.

Así, en 2007 abrió sus puertas “Paola Cohen Arte & Moda”, donde pudo fusionar la pintura con la lencería y la indumentaria. “Mis colecciones surgen primero en la pintura, y después llegan a la ropa. Pero no como una copia, sino como una recreación”, explica la artista-diseñadora. Así nacieron series como: “Mitología urbana”, con personajes y lugares característicos de Buenos Aires; “Arte pop argentino”, con recreaciones de caricaturas de los ‘60 como Mafalda y El Eternauta; “Escalera al Cielo”, basada en una muestra que preparó para exponer en una galería de Nueva York; y las más recientes “Madres” (en homenaje a las madres de Plaza de Mayo), “Mujeres del Bicentenario” y “Navidad multicultural”. Sus diseños atraen a turistas, aunque también al público local que aprecia el arte transformado en moda. “Para muchos, el precio es una limitación a la hora de comprar un cuadro. Al volcar el arte en una prenda, se vuelve más accesible”, asegura.

Moda y Tendencia

Como Paola Cohen, en la última década, centenares de diseñadores independientes han creado sus propias marcas (generalmente, con su propio nombre), dando lugar a una movida de diseño de autor, que comenzó en el barrio porteño de Palermo y se extendió a las principales ciudades del país. Según el estudio “Diseño de Indumentaria de Autor, diagnóstico productivo e Impacto Económico” realizado por el INTI y la Fundación Pro Tejer, el 85% de las empresas de diseño de autor que hoy se conocen empezaron su actividad luego de 2001. Entre ese año y 2003 se crearon el 25% de las empresas; un 33% más se sumaron entre 2004 y 2006 en lo que fue el período de mayor crecimiento del sector. En los últimos tres años, se sumó un 27% más de firmas.

Según el “Mapa de la indumentaria de autor” en la Argentina, el 58% de las empresas se concentran en Buenos Aires. Le siguen Córdoba y Santa Fe/Rosario (12 y 11% respectivamente); Mendoza (6%) y Tucumán (5%).

Estos emprendimientos tienen algunas características comunes. En general, las piezas “están asociadas a un discurso personal de su autor; son prendas cargadas de significado que expresan una identidad. Este valor de diferenciación hace que deban insertarse en mercados poco explorados, caracterizados por condiciones de demanda cambiantes e impredecibles”, dice el informe. Sólo un 44% de las empresas encuestadas (sobre 150 que participaron en el relevamiento) cuentan con tienda propia “a la calle”. Un 84% comercializa a través de tiendas multimarca de terceros (algunos diseñadores optan por más de una modalidad), y sólo el 22% utiliza a Internet como un canal de ventas, aunque este recurso es señalado como el de mayor potencial de desarrollo.

En 2008, y luego de presentar un plan de negocios en el concurso “Desafío Joven” (patrocinado por Shell y la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresas, ACDE), Ignacio Stirparo y una socia crearon “Alamanda”, marca que produce y comercializa camperas de cuero. “Trabajamos con diseños propios y de terceros, buscando un equilibrio entre el diseño, la calidad y el precio”, dice Stirparo. Por el momento, las prendas se comercializan en locales multimarca y se promocionan a través de Internet y en Facebook, que resultó ser “una vidriera muy interesante y un canal de contacto muy poderoso”, dice el emprendedor.

Desafíos y oportunidades

“Hoy, tenemos costos más altos y ganancias más bajas que hace tres años”, dice Valeria Rodríguez, socia de Denari Rodriguez, una firma de indumentaria femenina que, junto con Paula Denari, creó en 1998. Actualmente la empresa produce unos 60 artículos diferentes por temporada, básicamente tejidos de punto, polleras y vestidos, que venden en un showroom en el Barrio Norte porteño y en locales multimarca de las principales ciudades del país. “El mercado también fue cambiando. Antes, se hacía más cantidad de un número menor de artículos. Pero hoy hay que tener mayor variedad para poder vender”, dice.

Según el estudio del INTI y la Fundación Pro Tejer, en el ranking de obstáculos que los diseñadores encuentran para expandirse, la obtención de financiamiento encabeza el listado, seguido por la falta de difusión de su marca y productos, la inflación, aumento de los costos y la escasez de personal calificado, en ese orden.

De acuerdo al informe, las firmas argentinas de diseño de autor producen unas 615.000 prendas al año. Casi la mitad de los emprendimientos confeccionan menos de 450 prendas anuales, seguidos por un 25% que produce entre 450 y 900 prendas, y hay un 5% de empresas que producen anualmente más de 6.000 prendas (46% del volumen total).

En cuanto al empleo, el sector ocupa en forma directa en los estudios de diseño, talleres y puntos de venta propios a 760 personas. Indirectamente, a través de la contratación de proveedores como talleres de confección, de corte, tintorerías y otros, se ocupa a unas 3.260 personas más.

Dentro de las empresas relevadas, un 25% producen sólo prendas, y un 75%, además de ropa, hacen otros artículos (carteras y bolsos, bijouterie y calzado). La mayoría de los emprendedores (75%) lanza dos colecciones por año coincidentes con las estaciones, como hace la industria de la moda tradicional. Sin embargo, hay un 9% de diseñadores que incluye pre-temporada y genera cuatro colecciones por año.

En 2009, “el segmento de indumentaria de autor facturó $ 250 millones, tomando en cuenta un precio promedio por prenda de entre $ 300 y $ 600 para el mercado local. En el caso de las firmas que exportan (un 20%), estos valores fácilmente se duplican. Una de las formas de aumentar la facturación es -además e exportar- incorporar otros artículos como marroquinería, calzado y accesorios. Por otra parte, el desarrollo de colecciones a partir de familias de productos diversificadas es una de las principales estrategias con que cuentan las firmas de autor para diferenciarse.

Marca propia

Hace cinco años, Josefina Venturini comenzó a fabricar carteras de cuerina en la ciudad de Santa Fe para regalar y vender entre amigos y conocidos. “Empecé a hacerlas en casa, con una máquina de coser doméstica. Al tener cada vez más aceptación, decidí ofrecerlas en comercios de ropa y marroquinería. El volumen fue creciendo y dejé mi trabajo como profesora de Educación Física para dedicarme de lleno a esto”, cuenta. “Hice algunos cursos y resolví ponerle mi nombre a la marca, ya que sentía que los diseños eran un reflejo de mi personalidad y mi estilo”.

A fines de 2008, se sumó al emprendimiento a su novio, Gastón Martínez, quien dejó su puesto en un banco para dedicarse a la administración, ventas y gestión de la firma. De a poco, fueron sumando gente y tercerizando tareas. Si bien el fuerte son las carteras y el calzado, Josefina Venturini también cuenta con una línea de accesorios e indumentaria en los que prevalece el cuero. Y en los vestidos, el modal y tejidos planos, y telas como satén y gasas para los de fiesta. Actualmente, trabajan con ocho talleres, cada uno especializado en las diferentes líneas de producción. Los productos se venden en Santa Fe, Rosario, Córdoba, Entre Ríos, Formosa, Santiago del Estero y Mendoza, entre otras ciudades del país.

Hace dos años, incorporaron la venta online, a través de un catálogo en Internet. Y, para 2011, planean llegar al mercado porteño, como paso previo al salto de la exportación. En cuanto a la financiación del proyecto, Josefina empezó con un capital propio de $ 20.000 y luego fue reinvirtiendo utilidades. El año pasado, consiguió un subsidio a través de un banco para que uno de los talleres pudiera comprar una máquina y duplicar su producción. “Fortalecer la relación con los talleres nos permite contar con los productos en tiempo y forma”, dice. “Hay mucho de trabajo y sacrificio, pero la satisfacción por el crecimiento y los logros es inexplicable”.

Mirada al sector

85% de las firmas de diseño de autor se crearon luego de 2001.

44% tienen local propio.

84% venden sus productos en locales multimarca de terceros.

22% tienen tienda online propia

27% exporta, mayormente a países de la región.

39% se financia a través de la reinversión de utilidades.

22% se financia a través de sus proveedores.

15% recibe inversiones externas (capital de terceros).

10% accede al crédito bancario.



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