El Colón, a nuevo pero con más de 100 años

El Colón, a nuevo pero con más de 100 años

Cerca de mil personas, entre obreros, artesanos, profesionales y artistas, trabajan en la restauración conservativa y de actualización tecnológica del teatro. La obra demandará más de $ 300 millones y se completará en 2011. Junto al ministro de Desarrollo Urbano, Daniel Chaín, El Cronista Comercial recorrió el Foyer, el Salón Dorado y la sala. 25 de Marzo 2010
Mínima intervención, máxima documentación. Esa es la premisa fundamental de los trabajos que se vienen realizando desde 2001 para actualizar y poner en valor a uno de los cinco teatros más importantes del mundo. Cerrado desde 2006, el Colón encaró la etapa final de su plan de obras, que la gestión anterior llamó Master Plan y comprendía la mayor parte del edificio. En 2008, Macri lo reformuló y planteó la necesidad de restaurarlo en su totalidad. Así se creó la Unidad de Proyectos Especiales (UPE-Teatro Colón), dependiente del Ministerio de Desarrollo Urbano del Gobierno de la Ciudad, que solicitó a la Legislatura un presupuesto de $322 millones en noviembre del año pasado. "Esto es un doble trabajo: de restauración conservativa y de modernización tecnológica. No estamos poniendo a nuevo lo que fue, sino que simplemente le estamos sacando lo que alguien le agregó, las intervenciones mal hechas. La idea es dejarlo lo más cerca posible del original pero con cien años de existencia", explica el ministro de Desarrollo Urbano, arquitecto Daniel Chaín, mientras camina por la obra. “Excepto que no exista porque se haya roto o se haya caído, como ocurrió con algunos estucos o con una zona de acceso a la sala que se incendió. En esos casos, se tiene que hacer a nuevo. Pero, en general, es un trabajo de conservación de lo existente. Esta obra tiene más de 1.300 fichas técnicas. Acá hay mucho más de investigación que de inventiva”, agrega. En cuanto a la modernización tecnológica, el ministro se refiere a la legislación vigente y a las necesidades actuales de los usuarios en un edificio pensado hace más de un siglo. "Este edificio no cumplía absolutamente con ninguna normativa. Y es más, para el sentido común no cumplía con la lógica desde el punto de vista de las prevenciones".

Muchas obras en una
"Hay trabajos que parecerían que están terminados, pero no. Otros que empezamos de nuevo. Hay mucho detalle, muy complejo y mucha cuestión artesanal que no sabemos exactamente cuánto tiempo más falta. Hay cosas que ya se entregaron al teatro, otras que se entregan estos días y otras, en abril. El Foyer y el Salón Dorado se terminan este mes", aclara mientras saluda a algunas de las 1.000 personas que trabajan hoy en el lugar.
Esa es también otra de las complejidades: la cantidad de contratos supera la veintena y cada uno de ellos implica varios subcontratos. "Cada material, el vitreaux, el bronce, las carpinterías, los estucos, las teselas... cada uno requiere un especialista distinto", detalla mientras avanza hacia el Salón Dorado. "Acá ves lo que te decía de los conductos debajo del piso", dice refiriéndose a las canalizaciones de cuatro vías para la alimentación eléctrica y baja tensión que pasan bajo el roble de eslabonia de 1910. "Cada vez que había una función, tiraban cables por todos lados. Y era un peligro atroz", agrega.

La explosión del color
La reparación del corazón del teatro, conformado por la sala, el Foyer y el Salón Dorado, fue cuidadosamente estudiada, siempre con el lineamiento del restauro conservativo que pretende recuperar los materiales y conceptos originales de la obra sin incurrir en falsos históricos. Bajo esta premisa, con la influencia original de Garnier (ver recuadro), la paleta cromática va in crescendo para que los espectadores transiten desde los colores tenues hacia los fuertes del interior de la sala. "Mucha gente se va a sorprender y va a decir que no es el Colón. El problema es que veíamos un teatro apagado, con los tonos mucho más suaves. Pero el Colón es como una sinfonía cuando tiene un allegro. Y ese camino hacia una explosión no sólo se da en la música sino en lo visual. Vos venís de unos colores naturales y vas a entrar en una sala, que a diferencia de lo que vieron en otra época, va a explotar de color", sintetiza el ministro.

En cuanto al escenario, el Manto de Arlequín también luce los tonos originales. "La pintura fue restaurada. Esos turquesas no se veían", indica Chaín. El telón histórico será reemplazado por el que diseñen a partir del proyecto de Guillermo Kuitca y Julieta Ascar, flamantes ganadores del concurso para el proyecto del nuevo telón. "Partimos de la planta de la sala y la vinculamos morfológicamente con una lira, ícono del arte musical por excelencia", dice la memoria descriptiva. La paleta cromática también está en sintonía con los rojos, dorados, turquesas y rosas de la sala.

El resto de la obra
Si bien la visita comprendió los espacios más importantes y los que el público podrá ver a partir del 25 de mayo, hay otros que estarán terminados para esa fecha, como camarines, salas de ensayo, oficinas, talleres, vestuarios y áreas de servicios. "El Colón tiene casi 60.000 m2, y algunos de ellos tienen 30 metros de altura. Gran parte del teatro está del otro lado. Afuera, en los laterales y abajo. Todo está siendo intervenido”, explica Chaín. El denominado Cuerpo C, que comprende la Plaza del Vaticano, una nueva sala de ensayos para la Orquesta Filarmónica, el Instituto Superior de Arte y el Centro de Documentación del Teatro Colón quedarán para el año próximo. “Esta obra se termina después. El subsuelo de Libertad y Viamonte nunca existió y el proyecto completo implica intervenir ahí abajo. Pero eso queda para otra fase", concluye el ministro.



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