Ejecutivos up in the air

Ejecutivos up in the air

Dicen que viajar (volar) es un placer. Sin embargo, las demoras, las cancelaciones y otros imprevistos lo desmienten. Para convertir los traslados corporate en una experiencia personalizada, se impone la opción de los aviones privados. 10 de Septiembre 2010

The sky is the limit
Ya se sabe que el tiempo es oro. Más aún para los ejecutivos. Y las empresas de vuelos corporate logran que subirse a un avión demande casi el mismo tiempo que tomar un taxi. Sólo basta con llegar al aeropuerto unos minutos antes del despegue, dado que el personal encargado de las gestiones ya habrá resuelto cuestiones engorrosas como los trámites  aduaneros y migratorios. Una vez en el aire, continúan los esfuerzos por maximizar el tiempo del cliente: se buscan las rutas con menor tráfico aéreo, se trata de volar más alto para evitar congestiones de tráfico o tormentas y, en condiciones ideales, siempre se elige la ruta más corta posible. Especial atención se brinda a los detalles: la posibilidad de personalizar cada vuelo es uno de los ofrecimientos más valorados por sus usuarios. Royal Class es una compañía argentina de vuelos ejecutivos fundada en 1993 que cuenta con un área de Customer Relationship cuya función es “adaptar cada vuelo al cliente. Más allá de transportarlo, buscamos brindarle soluciones a sus necesidades”, señala Hernán Rodríguez, Comercial manager de la firma. Y menciona el caso de un ejecutivo que “siempre viajaba con su bolsa de golf, por lo que procurábamos que en  sus vuelos hubiera revistas relacionadas con ese deporte, videos con clínicas o resúmenes de torneos para que disfrutase, aunque nunca lo hubiera pedido específicamente”. Por su parte, Alex Romero, de Charter Wind, señala que los pedidos más frecuentes de a bordo “son champaña, whisky, caviar. Y, una vez en tierra, la limosina”; mientras que para Jaqueline Lowndes, de JAG Flights, “el servicio extra más solicitado es de catering especial, como menú kosher o vegetariano”.

Otro tipo de requerimientos, catalogados como excéntricos, merecen un capítulo aparte. “Una celebridad política viajó de Dubai a Nueva York y nos pidió colocar sábanas de seda en el basket donde iba su perro”, revela Romero. Por su parte, Rodríguez cuenta que “una vez, un pasajero viajó al sur de la Argentina para una reunión urgente. Como debió regresar apenas terminada la meeting, se quedó con ganas de saborear el asado patagónico previsto. Así fue que la tripulación consiguió, antes del despegue, una parrillada gourmet que le sirvieron en pleno vuelo”.

Claro que existen rarezas que no se vinculan con los pedidos a bordo sino con la finalidad de los viajes. Los  tripulantes de JAG Flights, por ejemplo, fueron testigos de un compromiso. “Un pasajero llevó a su novia a sobrevolar la ciudad de Buenos Aires. Y aprovechó la ocasión para pedirle matrimonio. Ella, sin duda, aceptó”, cuenta Lowndes.

Pero no sólo de caprichos excéntricos y placeres culinarios se trata la cuestión: los vuelos en aviones privados también son beneficiosos cuando hay que conciliar viaje y trabajo. No sólo porque la privacidad y exclusividad de la cabina es ideal para mantener reuniones. Sino que, además, la mayoría de los jets están equipados con conexión a Internet, teléfono satelital, proyectores, fax e, incluso, sala de conferencias. Sin mencionar las comodidades hoteleras, que permiten tomarse un break entre reuniones o anticipar las horas de sueño que luego no se conciliarán en tierra.

Clouds in my coffee
No es necesario ser un jeque árabe, una estrella de Hollywood, un futbolista millonario o un ejecutivo de élite para disfrutar de esta experiencia. Aunque uno de los mitos que rodean a la aviación privada señalen que su costo es mucho mayor que el de la tradicional. Lowndes aclara que “todo depende de la distancia a recorrer, ya que la aviación privada se cotiza por kilómetro volado: por eso, cuanto más cerca es el vuelo, más comparable es la tarifa entre uno privado y uno regular. E, inclusive, en muchos casos, es más conveniente”.

Además, a la hora de comprar un billete en una aerolínea comercial, los pasajeros deben tener en cuenta otros factores que, si bien no se reflejan en la tarifa, terminan afectando el budget. Por ejemplo, la frecuencia de vuelos. “Tomemos el caso de cinco ejecutivos de un supermercado que necesitan visitar una vez por trimestre, durante tres días, ocho sucursales en el interior del país. Con suerte, deberán dormir dos noches en destino para poder tomarse un vuelo que vaya de una provincia a otra. Y, en el peor de los casos, tendrán que volver a Buenos Aires para poder conectar”, explica Rodríguez. Para dar una idea más concreta de los costos, Miguel Livi, CEO de Royal Class, explica que “un vuelo de Córdoba a Mendoza en un Citation Jet, capaz de transportar hasta seis pasajeros, tiene un costo u$s 4.900 más impuestos, es decir, unos u$s 820 por pasajero”. Otras veces, los clientes toman vuelos privados porque necesitan viajar a destinos que las aerolíneas tradicionales no cubren. “El tipo de aviación que ofrecemos permite conectar lugares que no están contemplados en las rutas convencionales”, señala Lowndes.

The wind beneath my wings
Si todavía no dispone de suficiente presupuesto como para rentar un jet para usted solo, no se rinda.  Share a Jet Exchange es una red social, con base en Texas, dedicada al pooling de aviones: sus usuarios comparten viajes para dividir gastos, lo que les permite ahorrar hasta un 50 por ciento.

La idea se originó en Blue Star Jets, una compañía estadounidense de aviación privada, después de que sus clientes consultasen la posibilidad de compartir vuelos “en parte para ahorrar pero también para mantener un estilo de vida lujoso pero con cautela”. El funcionamiento es sencillo: luego de inscribirse online, el interesado debe postear un viaje que quiera compartir o bien navegar por el sitio para buscar alguno que satisfaga sus necesidades. Claro que combinar no siempre es fácil, pero existen destinos más solicitados de acuerdo a la época: Los Ángeles durante las ceremonias del premio Oscar, Wimbledon durante los torneos de tenis, Saint Barth y Florida en el verano, Basilea en ocasión de la feria Art Basel y Cannes durante el festival de cine, entre otros.

Fly me to the moon
En un intento por frenar el filtrado de estos clientes vip, algunas aerolíneas tradicionales implementaron el concepto de suites privadas en sus vuelos. Es el caso de Emirates Airlines: tratando de recrear un hotel a 35 mil pies de altura, las suites de primera clase tienen mini bar, espejo, asiento convertible en cama, televisor LCD de 58 centímetros y un cómodo placard-vestidor para guardar los objetos personales.

Si el pasajero desea socializar con sus compañeros de cabina, sólo debe apretar un botón para que los paneles divisores desciendan. Pero si eso no alcanza, puede dirigirse al lounge del primer piso y disfrutar de los tragos que prepara el barman y de las charlas casuales con otros pasajeros. Si se trata de disfrutar de un auténtico refresh, nada como hacer uso de alguna de las dos duchas-spa disponibles para los pasajeros de primera clase. Claro que para acceder a cinco minutos bajo el agua (tiempo máximo permitido) es necesario haber adquirido el pasaje que se cotiza en alrededor de u$s 18 mil. Sin llegar a esa excentricidad de cuestionable responsabilidad con el medio ambiente, la primera clase de Air France no se queda atrás en lujo. La experiencia exclusiva comienza antes de despegar, en el aeropuerto parisino Charles de Gaulle, donde los pasajeros acceden a una sala vip donde pueden comer, beber, leer (la sala cuenta con una completísima biblioteca) y/o relajarse en una habitación zen disfrutando de alguno de los tratamientos de spa. Una vez a bordo, los pasajeros pueden elegir el menú en base a una propuesta a medida elaborada por chefs de renombre como Jacques Le Divellec  y Guy Martin, mientras deciden qué marida mejor con alguno de los vinos seleccionados por Olivier Poussier, mejor sommelier del mundo en 2000. Fuentes de AirFrance informan que, para definir ese listado, Poussier cató en ciego y analizó más de 650 vinos de diversas regiones vitivinícolas francesas. Pero su aporte no se limitó a la selección: también entrenó especialmente al personal de cabina, quienes recibieron sus consejos respecto de cómo presentar la botella, abrirla y servirla, ya que se trata de factores que influyen en el éxito de la degustación.

Qatar Airways es otra de las compañías aéreas que, no en vano, se autoproclama cinco estrellas. Su  terminal en Doha cuenta con spa y free shop exclusivo; una vez en vuelo, sirven caviar, foie gras y salmón, acompañados de los mejores champagnes francos. Asimismo, Singapore Airlines permite disponer las butacas en primera como una cama matrimonial, vestida con sábanas y almohadones de diseños exclusivos by Givenchy. Para que la privacidad sea completa, cada suite está equipada con un toilette con comodidades que, tentadores, califican de hollywoodenses.



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