Economistas en política: el difícil camino de no ser

Economistas en política: el difícil camino de no ser

Según los politólogos, las recurrentes crisis económicas del país son clave para explicar por qué los economistas ocupan un lugar central en la política argentina. Para la próxima elección ya hay tres que están anotados: Amado Boudou, Martín Redrado y el reincidente Ricardo López Murphy. 14 de Enero 2011

Emergen en las épocas difíciles como mentes brillantes que son capaces de explicarlo todo. Encandilan y entusiasman tanto por el contenido de sus discursos como por la confianza que saben inspirar para volcarlo en obras concretas. Hábiles en la gestión. Lúcidos y rápidos para el debate. Catedráticos e intelectuales de primer nivel, pero a la vez buenos intérpretes de la lógica y el sentido común que acostumbran a usar las amas de casa. Los economistas en la Argentina, y especialmente aquellos que alguna vez llegaron a desempeñarse en la función pública, comparten un destino común: ninguno fue capaz de resistirse a la tentación de desembarcar en la arena política y probar su suerte en alguna campaña electoral. Los últimos años están regados de ejemplos. Domingo Cavallo, Ricardo López Murphy, Roberto Lavagna, Carlos Melconián y Alfonso Prat Gay, con una buena aprobación en las encuestas de opinión pública, se entusiasmaron en algún momento con el desafío de sentirse evaluados por la sociedad en una elección nacional. Pero ninguno de ellos pudo hacerle frente a una maldición que parece haberse posado sobre los economistas argentinos: los magros resultados que les devuelven las urnas y que, finalmente, ponen un drástico límite sobre sus aspiraciones de trascender en la esfera política.

"La Argentina es el país del mundo en el cual los economistas muestran mayor vocación por la política. Ello tendría explicación en la importancia que han tenido en las últimas décadas las crisis económicas. La Argentina ha sido un país récord en crisis económicas y un país récord en economistas volcados a la política", resume a We Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría.

Álvaro Alsogaray apareció como el primero en esta serie, en 1989. El líder de la UCD alcanzó a reunir el 10% de los votos y quedó tercero en las elecciones que darían inicio al gobierno de Carlos Menem. Exactamente iguales resultados obtendría, 10 años después, el ministro de Economía que dejó una impronta a esa década: Domingo Cavallo. Su candidatura, en 1999, quedó relegada a un tercer puesto en las presidenciales, detrás de Fernando de la Rúa y Eduardo Duhalde.

"La carrera de los economistas en las elecciones empezó precisamente en los '90 y tuvo su base en la extraordinaria gravitación que tuvieron los procesos de ajuste en esa década, y en las estrategias de los presidentes de esos años", describe el politólogo Enrique Zuleta Puceiro. Para el analista, estos profesionales cuentan a priori con una buena cantidad de ventajas que les sirven de plataforma: un buen think thank, con una decena de personas que le responden; una relación fluida con los medios de comunicación; un grupo de clientes privados que le aseguran una base económica; y la difusión periódica de newsletters y estadísticas que en general tienen una buena recepción entre la opinión pública. "Los economistas buscan aprovechar su notoriedad, su reputación, su familiaridad con los medios..., cosas que en la política se han hecho caras y hasta imposibles de conseguir. Un político tiene una gran dificultad para llegar a los medios. Pero un economista tiene con éstos una extraordinaria relación: escribe columnas, aparece en TV, entre muchas otras cosas", agrega.

2011 en la mira
El inicio de este año electoral ya mostró al menos a tres economistas dispuestos a dar pelea en las urnas. Todos ellos, de una u otra manera, reconocieron sus aspiraciones como candidatos a jefes de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires: el actual ministro de Economía, Amado Boudou, el ex presidente del Banco Central, Martín Redrado, y el ex funcionario delarruista, Ricardo López Murphy. "Boudou y Redrado son dos políticos que recién se inician en la carrera electoral. Los dos arrancan del piso. Redrado ya tiene alguna experiencia en política, pero Boudou hace su primera incursión", compara el analista Ricardo Rouvier. "El ex presidente del Central tiene un ventaja, que es que ya no está en la función. El riesgo de Boudou, en cambio, es todavía estar desempeñándose como ministro. Si hay una muy buena acción de la economía, que la gente reconozca, quizá sea una ventaja. Pero en general estando en el Ministerio hay que tomar decisiones que no son tan populares. Y habrá cuestiones complicadas que se le adjudiquen, como la inflación. Boudou claramente está más expuesto", agrega. Según una encuesta de OPSM, la consultora de Zuleta Puceiro, Boudou y López Murphy son los precandidatos porteños que mayor rechazo generan en el electorado cuando se les pregunta a quién no votarían como jefe de gobierno. Redrado no fue incluido en la medición.

Lo cierto es que los resultados electorales de los últimos años depararon siempre derrotas contundentes sobre los economistas. López Murphy y Lavagna no alcanzaron el 17% de los votos en las elecciones presidenciales de 2003 y 2007, respectivamente. "Ni ellos, ni Alsogaray ni Cavallo han llegado al segundo lugar y ello muestra una limitación. En cuanto a los demás economistas, que compiten o han competido por bancas o eventualmente por gobiernos locales, no han tenido demasiado éxito y no es fácil que lo tengan", sostiene Fraga.

Para los politólogos, los economistas comparten en general la vocación de acercar a la gente una explicación sobre la realidad que se está viviendo. Se presentan como grandes intérpretes de los problemas que afectan a la sociedad, y elaboran diagnósticos con la frialdad y la tranquilidad de quien mira esas cuestiones como variables que podría manejar a su antojo.

"Los economistas tienen una visión general del mundo. Se sienten dueños de una explicación general de las cosas, de un discurso que tiene respuestas para todo. Y eso porque la economía permite hablar de cualquier cosa: de familia, de accidentes de tránsito, etcétera. Eso les da un acceso social irrestricto y un sueño de omnipotencia. Son todas condiciones para hacer política", dice Zuleta Puceiro. El problema, agrega, está en que el electorado parece reaccionar frente a otras cosas. "El economista es alguien del mundo de la inteligencia, del análisis, capaz de discriminar y de establecer relaciones de causalidad. Pero la gente no busca explicaciones. Busca gestión, compromiso, toma de decisión, carácter. Y eso lo tiene el político. Hoy la política es confrontación violenta. Pero los economistas son más proclives al análisis sistemático. Están en las antípodas de lo que es la política".

La verborragia del Carlos Melconián terminó siendo poco efectiva para seducir al electorado porteño en los comicios de 2007. El economista lanzó su candidatura con PRO, junto a Federico Pinedo, y perdió la banca de diputado con apenas el 12% de los votos. La decepción más reciente quedó reflejada con Alfonso Prat Gay. La decisión de la Coalición Cívica de postularlo en las legislativas de 2009, por encima de Elisa Carrió, se convirtió en un lastre para la candidatura de la líder del partido, que estuvo al borde de perder su banca. Con el 19,05% de los votos, el ex jefe del BCRA, pese a haber sido electo, quedó por debajo de las expectativas del partido en el distrito.

Los analistas coinciden en que las figuras de los economistas cobran relevancia cuando la sociedad empieza a ver en la economía las grandes causas de sus problemas. "En una economía más normal, disminuye el rol político de los economistas. Si reaparecieran las crisis, posiblemente tendrían más espacio nuevamente", comenta Fraga. En tiempos normales, dice Rouvier, "ser economista no representa ventaja o desventaja para una campaña. Son profesionales que deben atravesar por las mismas cosas que todos: deben manejar su imagen que, en última instancia, es de orden político y no necesariamente de orden económico".

La maldición electoral se hizo sentir durante los 200 años de la historia argentina. Y la mayor muestra de eso quedó plasmada en una cuestión: nunca hubo en el país un presidente que fuera economista. Las elecciones nacionales de octubre próximo revelarán si persiste o no esta condena. Y si el desembarco de la economista Dilma Rousseff a la presidencia de Brasil, este año, puede dar inicio a una nueva reivindicación para estos especialistas en la región.



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