Distribución del ingreso: la bandera K que se estancó en los ‘90

Distribución del ingreso: la bandera K que se estancó en los ‘90

La inflación ubica a la desigualdad argentina en un nivel similar al de la época menemista, según los especialistas. Además, la capacidad de compra de la asignación universal por hijo (AUH) cayó un 17% por la suba de la canasta básica de alimentos en el primer semestre de 2010. Por qué el crecimiento económico del país no es suficiente para las clases bajas. 24 de Septiembre 2010

Son sólo tres palabras. Pero tuvieron la fuerza necesaria para impulsar los discursos de Néstor Kirchner antes y después de asumir como Presidente en 2003. Del mismo modo, esas tres palabras fueron tomadas por su sucesora Cristina Fernández. A lo largo de estos siete años, la distribución del ingreso se transformó en la bandera agitada por el kirchnerismo para separarse de la crisis de 2002. Una bandera que, según los especialistas consultados por WE, no logra salir de la década del 90.

Luego de la intervención del Indec en 2007, los números de la Encuesta Permanente de Hogares (EPH) se tornaron dudosos, y hasta dejaron de hacerse públicos. Así, las cifras de distribución recién salen a la luz a través de informes internacionales y de consultoras privadas del país. Según datos de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), el coeficiente de Gini utilizado para medir la distribución del ingreso -el cero indica la perfecta igualdad y el uno la perfecta desigualdad-, se ubicó alrededor de 0,50 en 2008, casi en el mismo nivel que en el principio de la convertibilidad, en 1990. Ese no es el único dato que acerca a la distribución del ingreso del kirchnerismo con la época menemista. Un informe especial elaborado por IERAL Fundación Mediterránea para WE da cuenta de que el 10% más rico del país concentraba, en el segundo semestre de 2009, 24 veces más ingresos que el 10% más pobre, "mientras que la relación era de 21,4% en mayo de 1995".

Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina (UCA), proporciona aún más datos que permite hacer un paralelismo entre ambas décadas. "La estructura del empleo entre los sectores dinámicos y los más atrasados de la economía no cambió sustantivamente. Por ejemplo, en 1992, el sector informal concentraba el 42,5% de la fuerza laboral y hoy concentra el 44%", asegura. No obstante, en esos 18 años aumentó en “más del doble” el empleo de baja productividad en la población indigente, sector que no logra aprovechar para sí el crecimiento económico argentino que sí disfruta la clase media. "En el "92, había un 7% de subempleo indigente, como son las changas, las actividades ambulantes. Hoy representa un 16,7% de la fuerza laboral informal".

Maldita inflación
A la hiperinflación de fines del ‘90 y la explosión del desempleo a partir del efecto tequila a mediados de la década pasada, le siguió la crisis de 2001-2002. “Tres megacrisis devastadoras desde el punto de vista de la pobreza y de la distribución del ingreso”, opina Juan José Llach, investigador de IAE Business School. El índice de Gini saltó durante la presidencia de Carlos Menem pasando de 0,42 en 1992 a 0,47 en 1997, y luego, a 0,53 en 1999. Durante los últimos años, el país logró recuperarse de la foto social que sufría en 2003, año en que el ingreso medio per cápita familiar del decil más rico era 40 veces el del decil más pobre. En ese momento, el desempleo alcanzaba casi al 20% de la población, mientras que hoy -según el Indec- no llega a los dos dígitos.

Sin embargo, la mejora post-crisis de 2001 oculta una evolución que no se presenta alentadora en el largo plazo. "El estancamiento o desaceleración de la mejora de la distribución del ingreso se debe, en buena medida, a la reaparición de la inflación", expresa Llach. Un estancamiento que, para el economista, "da más la imagen de una recuperación cíclica que de un cambio estructural".

La Asignación Universal por Hijo (AUH) -el programa social más importante que el Gobierno anunció en octubre de 2009- no pudo sortear las secuelas de la más vil enemiga de la economía en 2010. "La capacidad de compra de la asignación, en términos de la canasta básica de alimentos, cayó un 17% en la primer parte del año", afirma Ernesto Kritz, director de SEL Consultores. En el primer semestre de 2010, la canasta aumentó un 21,5%. “El efecto social es de gran impacto: este aumento licuó casi un 50% de los ingresos de la asignación universal por la niñez”, completa.

Para Eduardo Amadeo, diputado nacional por Unión Pro, la asignación universal ha sido una reforma "muy importante", aunque considera que "los Kirchner perdieron cinco años para redistribuir ingresos". Y agrega: "Si no se devalúa por la inflación, puede reducir la inequidad en la Argentina. Pero para que los sectores más vulnerables puedan entrar al mercado laboral, aún se necesita una reforma educativa muy fuerte".

El foco del discurso K en la distribución del ingreso hizo crecer, en el último, año la caja destinada al gasto social. Durante 2010, un 60% del presupuesto nacional se asignó al Gasto Público Social, equivalente a $ 155.000 millones. De esta forma, este gasto creció un 12,9% con respecto a 2009, según el análisis de la Ley de Presupuesto 2010 realizado por la Fundación Siena.

Si se toma en cuenta el aumento de la inflación -que las consultoras privadas estiman entre el 25 y 30% anual- "se encuentra que, al margen de ese aumento nominal, en términos reales los fondos destinados al gasto público social sufrieron una variación negativa del 3,7%". No hay que olvidar que, para el Indec, en los ocho primeros meses del año la suba de precios fue del 7,5%.

Geográficamente desigual
El reparto de la torta de ingresos también presenta inequidades según el lugar de la Argentina en el que se esté. "El ingreso per cápita familiar en los aglomerados más ricos, como la ciudad de Buenos Aires, Ushuaia y Río Gallegos, es alrededor del doble de la media del país", especifica Hernán Ruffo, investigador de Ieral. Las provincias más pobres de la Argentina -Formosa y Santiago del Estero- poseen ingresos de alrededor de la mitad de la media. "Los hogares de las áreas más ricas tienen ingresos cuatro veces superiores a los de las áreas más pobres", completa Ruffo, quien destaca que la enorme distancia de ingresos entre los aglomerados no se acortó entre 2004 y 2009.

Para reducir las brechas regionales, desde Ieral consideran como una política igualatoria fundamental realizar una inversión en infraestructura con "sentido federal".

El destino de los fondos sociales tampoco logra identificar las necesidades de cada provincia. Por ejemplo, la ciudad y las provincias de Buenos Aires, Mendoza y Córdoba concentran el 89% de los $ 1500 millones presupuestados para este año en el Plan Argentina Trabaja.

Asimismo, Buenos Aires y Córdoba reciben la misma cantidad de recursos para este programa, si bien poseen cifras de desempleo y población totalmente distintas, "en 29 y 0,7 puntos porcentuales más en cada caso", según indica el informe de la Fundación Siena.

Suspendida en el tiempo, la distribución del ingreso plantea varios desafíos futuros para la Argentina. Ahora bien, ¿qué papel jugó la buena senda que tomó la economía en los últimos años? En este contexto, la clase media y su boom de consumo es el sector más beneficiado por el crecimiento del producto bruto interno (PBI), que este año se ubicará entre un 6 y 7%. "Hay una parte de la sociedad que no recibe el beneficio del crecimiento porque nos encontramos ante una "pobreza cronificada". El 100% del 10% más pobre no ha mejorado su situación de pobreza desde 2002 hasta la actualidad", argumenta Amadeo.

Entonces, el crecimiento económico no resulta suficiente para los sectores sociales más vulnerables, pues a pesar de un robusto PBI, la inflación los ha vuelto a golpear con fuerza.

Para el economista del IAE, las dos grandes claves para mejorar la distribución del ingreso son reducir la pobreza y lograr una menor desigualdad en el empleo formal, “casi estancado después de un buen crecimiento a principios de esta década”. Por otro lado, Llach apunta a que el país deberá alcanzar una “educación de calidad para todos, hoy casi ausente en las escuelas a las que asisten los chicos de menores recursos, que resultan ser las de peor calidad”.

Agustín Salvia 
Director del Observatorio de la Deuda Social de la UCA
“El subempleo indigente creció más del doble desde 1992 a hoy, pasando de un 7% a un 16,7% de la fuerza laboral informal”

Juan José Llach
Economista del IAE
"El estancamiento o desaceleración de la mejora de la distribución del ingreso se debe, en buena medida, a la reaparición de la inflación”

Ernesto Kritz
Director de SEL Consultores
“Por el aumento de la canasta básica, la capacidad de compra que otorga la asignación universal cayó un 17% en el primer semestre de 2010”



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