Diseñadores independientes se unen para capacitarse, producir y vender

Diseñadores independientes se unen para capacitarse, producir y vender

Expositores de la ex Feria Del Dorrego crearon una asociación para difundir el diseño local. Trabajan bajo los parámetros de producción responsable y comercio justo. 01 de Julio 2010

Más de 30 diseñadores porteños crearon, a fines del año pasado, la Asociación de Diseñadores Emprendedores en Argentina Contenidos de Diseño. La mayoría se conoció en la ex Feria de El Dorrego en el barrio porteño de Colegiales, que fue discontinuada para destinar el predio al futuro Corredor de Industrias Audiovisuales. Ante la desaparición de este espacio, algunos comenzaron a reunirse en sus talleres con la idea de volver a generar un lugar para hacer ferias itinerantes de diseño en la ciudad. Al juntarse, comenzaron a surgir muchos temas que los diseñadores, al trabajar en forma independiente, no tienen ocasión de discutir. Por ejemplo, la cuestión de dejar o no productos en consignación, qué pasa con las copias e imitaciones, o con los productos elaborados en serie a los que se pone la etiqueta de diseño. “Fue como una terapia grupal”, dice Daniela Abiusso, diseñadora de indumentaria y una de las impulsoras de la asociación. “Casi todos compartimos los mismos problemas, que tienen que ver con el hecho de abarcar todas las áreas de nuestro emprendimiento: desde la compra de insumos y la negociación con los proveedores hasta la producción y la venta. Empezamos hablando de estos temas y después surgieron debates sobre qué es diseño, qué valor aporta a la producción”, cuenta.

En diciembre de 2009, el grupo organizó dos eventos de venta navideña: el Festival Buendía (al aire libre) y la feria de diseño en la casa-museo Castagnino, del barrio de San Telmo. Para la oportunidad, lanzaron un colección conjunta de bolsos, con materiales remanentes que aportó cada diseñador. Debido al éxito de esta edición limitada, están preparando otras colecciones temáticas.

Entre los objetivos del grupo se cuentan los vínculos con todos los actores del sector: artesanos, cooperativas y proveedores; generar espacios de capacitación, producción y venta, y un sitio web de promoción del diseño.

La mayoría de las marcas de diseño que hoy están en Palermo y exportan su producción fueron creadas por emprendedores independientes. Son pocas las empresas que contratan diseñadores y menos aún las que tienen su propio departamento de diseño. “Recién ahora están incorporando profesionales y estudiantes a su staff, porque hasta hace un tiempo preferían copiar diseños de afuera a elaborar los propios”, dice Germán Lang, diseñador de indumentaria masculina y docente de la UBA. “Pasa como con el tango: tuvieron que venir de afuera a decirnos qué es bueno”.

Historias con diseño
Son varios los integrantes de la flamante asociación. Lang es diseñador gráfico, pero se crió “entre la ropa”, ya que su padre tenía una sastrería y un local de indumentaria deportiva, mientras que su abuela era modista. “Arranqué con mi propio emprendimiento en 2001 con un socio y la indemnización de un trabajo anterior. Empecé diseñando el local y terminé lanzando mi propia marca”, cuenta. Hoy su producción se vende en comercios multimarca del interior y en el multiespacio Trastienda de Diseño en el barrio de Colegiales.

Daniela Abiusso es diseñadora de indumentaria y luego de trabajar varios años para otras marcas, en 2000, creó la propia, cuando muchos colegas empezaban a delinear lo que hoy es el distrito de diseño de Palermo. Su ropa es sobria y colorida, orientada a la mujer que le gusta vestir bien y con telas de calidad.

Jimena Anastasio empezó hace tres años a diseñar una línea de ropa desmontable y reversible, pensando en la mujer actual. Al principio trabajaba con una socia y ambas diseñaban y producían. Luego, quedó a cargo del emprendimiento y empezó a tercerizar las tareas de producción, al tiempo que decidió juntarse con otros diseñadores (Germán Lang y Gabriela Rojas) para compartir el showroom y el taller.

Gabriela Rojas es diseñadora gráfica, y trabajó en estudios de diseño hasta que se cansó de pasar el día frente a una computadora. Entonces, empezó a hacer cursos de resina y reciclado de objetos, y realizó algunos obsequios para sus amigos. Ellos la impulsaron a venderlos y, al enterarse de la convocatoria del Centro Metropolitano del Diseño para participar en la Feria de El Dorrego, creó una marca (Guiño) y un plan de negocios. Cuando la feria se discontinuó, se sumó al multiespacio “Trastienda de Diseño”.

Por otra parte, Paulina Rachid se define como “actriz y diseñadora de zapatos”, y es la creadora de la marca de calzado Pie Irreverente. “Como la actuación es muy inestable, decidí tener otro oficio en paralelo. Siempre me gustaron los zapatos y por eso hice un curso en el Sindicato del Calzado”, cuenta. Sus diseños están trabajados en cuero y combinan una amplia paleta de colores con modelos confortables. Además de comercializar sus calzados en el multiespacio, tiene clientes en Salta, Neuquén y en Roma, donde realiza exportaciones puntuales.

Paula Combina es la creadora de Plá, una marca de objetos de diseño para el hogar cuyo leitmotiv es “ponerle humor a las tareas cotidianas” a través de productos impensados, como un sargento-alcancía, una gallina, servilletas. Empezó como un emprendimiento part time y ahora se dedica a “diseñar y criar” objetos, que se venden en locales de Palermo, San Telmo y el Tigre, pero también en tiendas de Chile, Alemania y Francia.

Sumar valor
Más allá de conservar cada diseñador su marca y estilo, hay una tendencia creciente a asociarse en espacios comunes de venta y producción. Esto tiene varias ventajas: compartir gastos de alquiler de local y servicios, intercambiar experiencias y negociar en grupo con clientes y proveedores. También surgen ideas al pensar en conjunto, y hasta se pueden armar colecciones temáticas en indumentaria, calzado y accesorios. “El fantasma de la copia siempre está, pero, en nuestro caso, es imposible porque pertenecemos a rubros distintos”, dice la diseñadora de ropa femenina, Jimena Anastasio.

“El plagio es algo que siempre puede ocurrir y es difícil de probar porque, para proteger cada diseño, habría que hacer el trámite de registro (en el INPI) cada vez que sacás un producto nuevo sin saber cómo va a funcionar en el mercado”, dice Paula Combina, creadora de Plá! “Si bien no es costoso, lleva mucho tiempo y energía. Además, con cualquier detalle o material que le cambien, ya no se puede demostrar que fue copiado. Para el diseñador independiente, innovar todo el tiempo es la única forma de protegerse de la copia”, dice.

También sucede que las marcas, muchas veces reacias a incorporar diseñadores, proponen a los profesionales independientes comprarles la colección ya hecha. En general, no hay mucho margen de negociación, porque si el diseñador no acepta, es probable que su trabajo sea copiado.

Otras veces, los comercios establecidos en los circuitos de diseño, ofrecen tener sus productos en consignación, o subalquilarles un espacio. “En estos casos, si son productos pequeños, dejarlos en consignación es una alternativa. Pero si se trata de productos de alto valor, implica tenerlos inmovilizados”, dice Abiusso. Esta modalidad es cada vez más frecuente, dado que “los dueños de los locales tienen poca capacidad de riesgo, y en lugar de comprar mercadería para revenderla, optan por consignarla”, dice Abiuso. “Generalmente, ponen precios para turistas, excesivos para los compradores locales. Entonces, cuando cae el turismo, caen las ventas”. Uno de los objetivos de la Asociación es que los diseñadores puedan acordar el precio final de sus productos, y no sólo un precio de base. “Si nos unimos tendremos más poder de negociación”. 

El boom del diseño made in Argentina
A partir de 2002, sobre las cenizas de una industria textil devastada en la década del 90, una nueva camada de diseñadores independientes dio origen a marcas de indumentaria y diseño que hoy se exportan a todo el mundo.

La matricula universitaria para carreras de diseño crece sostenidamente desde hace 10 años y se han creado nuevas especialidades en universidades públicas y privadas. Entre 2005 y 2007 el sector creció en promedio un 12,2% anual (frente a un 8,8% el PBI) y generó divisas por alrededor de u$s 700 millones anuales sólo en Buenos Aires.

En la Ciudad, los sectores de indumentaria, marroquinería y calzado (en sus segmentos productivo y comercial), generaron en 2008 una facturación aproximada de $10.828 millones, lo que equivale a casi el 5% de la economía porteña en su conjunto y al 3,5% si se considera solo el segmento productivo. Dicho segmento contó, en 2008, con 54.928 ocupados, equivalente al 3,6% del empleo porteño.

El distrito de diseño, inicialmente emplazado en Palermo, se fue extendiendo a otros barrios de Buenos Aires (San Telmo, Barracas, Villa Crespo, Recoleta) y se están generando enclaves en todo el país.

Fuente: CMD y Observatorio de Industrias Culturales



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Videos