Dinámica de lo impensado

Dinámica de lo impensado

Así definió al fútbol el legendario periodista deportivo Dante Panzeri. En la Bolsa, las acciones de los clubes siguen la misma lógica que en el verde césped. 02 de Febrero 2011
A mediados de 2002, el Sporting de Lisboa, uno de los equipos de fútbol más populares de Portugal, gozaba del dulce sabor del éxito. Recientemente coronado campeón de la Primera División de su país, en la faz financiera, necesitaba mejorar sus arcas para saldar los gastos de la campaña e incorporar nuevos fichajes, de cara a su presencia en la Champions League, la competencia de clubes más importante del Viejo Continente. 

Por eso, decidió transferirle al First Portuguese Football Players Fund-Sporting, un original vehículo de inversión, creado por la gestora First Portuguese SGPS, distintas participaciones sobre los derechos económicos de cinco jóvenes promesas en apenas 2,1 millones de euros. Entre ellos, se encontraban Ricardo Quaresma y un joven Cristiano Ronaldo, quien, a pesar de sus frescos 17 años, ya pintaba para crack. 

Debieron transcurrir apenas seis meses para que éste confirmara las presunciones. En un encuentro amistoso que el Manchester United y el Sporting disputaron para inaugurar  uno de los estadios construidos para la Eurocopa 2004 –celebrada en Portugal–, el delantero deslumbró a propios y extraños, a tal punto que el entrenador del United, Alex Ferguson, sugirió su inmediata compra. Los Diablos Rojos abonaron por su pase unos 18 millones de euros. Para beneplácito de sus inversores, el fondo, que tenía el 35 por ciento de los derechos de CR7, se hizo así de 6,3 millones de euros, que pagaron con creces su inversión inicial.

Desde su creación, el fondo buscó lograr una rentabilidad anual del 20 por ciento. Sin embargo, en sus dos primeros años, acumuló una retorno de más del 80, gracias a ventas exitosas, como las de Cristiano Ronaldo y Hugo Viana.

Alentado por estos éxitos, en 2004, la administradora lanzó un fondo similar con jugadores del Porto, otro de los equipos más fuertes de Portugal. En medio año, ya acumulaba una ganancia de casi el 40 por ciento, tras las transferencias de Deco, Ricardo Carvalho y Paulo Ferreira.

Pero el resto de los jugadores de ambas carteras no corrieron la misma suerte. A comienzos de 2008, ambos fondos habían cerrado, como consecuencia del endurecimiento de las normativas de la FIFA –casa matriz del multinacional negocio del fútbol– para limitar la influencia de terceros sobre los intereses de los clubes. Temerosos de recibir sanciones, el Sporting y el Porto recompraron al valor original las tenencias que estaban en manos de la administradora en 2,4 millones y 1,7 millón de euros, respectivamente. Y los inversores que no salieron a tiempo se quedaron con un sabor amargo. En 2009, el Manchestar United transfirió a Cristiano Ronaldo al Real Madrid, en la cifra record de 94 millones de euros. Si el fondo hubiera podido conservar el 35 por ciento de los derechos, habría recibido 32,9 millones de euros, más de cinco veces lo que cobró en 2003.

Este es un claro ejemplo de la dinámica que mueve al fútbol en los mercados de capitales. Un vínculo que se rige por sus propias leyes y al que no se le pueden aplicar las mismos parámetros que se utilizan para analizar a las inversiones más tradicionales. Resultados deportivos, lesiones, imagen pública o la capacidad de desarrollo de un jugador son algunas de las variables que entran en juego y pueden dar un vuelco a la valoración de este tipo de activos.

Históricamente, los clubes de las ligas más importantes del mundo –incluso, en la Argentina– recurrieron a la figura de millonarios, grupos empresarios o de inversores para financiar sus campañas y, especialmente, la adquisición de jugadores. Pero pocas fueron las operaciones que se llevaron a cabo vía mercados de capitales. ¿La razón? Las autoridades reguladores exigen total transparencia, un valor que no abunda en el mundo del fútbol, donde reinan las comisiones y el dinero negro. Hasta el momento, la única experiencia en el mercado local fue la del Fondo Común Ce-rrado de Inversión Boca Juniors (Bojuf), que el entonces presidente xe-neize, Mauricio Macri, lanzó en la Bolsa porteña en septiembre de 1997. Unos 700 cuotapartistas desembolsaron un total de US$ 12,5 millones. A pesar de tener entre sus activos jugadores de la talla de Martín Palermo, Walter Samuel, Guillermo Barros Schelotto y Nolberto Solano y que, durante su vigencia, Boca Juniors vivió uno de los períodos de mayor éxito de su historia deportiva con tres Copas Libertadores y una Intercontinental, el fondo se liquidó a fines de 2003, con apenas una ligera ganancia para quienes mantuvieron su inversión desde la colocación inicial.

Pronto, esta experiencia podría dejar de ser la única. Al cierre de esta edición, River Plate preparaba un fideicomiso financiero, un instrumento flexible de fuerte desarrollo en la Argentina durante la última década. Su objetivo es recaudar unos US$ 20 millones, destinados a reforzar el plantel.

El fideicomiso podría estar integrado por derechos de formación de varios juveniles promisorios. Pero, también, podría tener respaldo de otros flujos de fondos, como el contrato de televisión con Fútbol para Todos, ingresos por explotación de palcos y contratos de sponsoreo, como el que el club mantiene con Adidas. “Aún estudiamos distintas alternativas. Esperamos, en un par de meses, remitir la solicitud de oferta pública a la Comisión Nacional de Valores”, señala Juan Nápoli, vicepresidente de Napoli Sociedad de Bolsa, que, junto con Bapro Mandatos y Negocios (del Banco Provincia), tiene a su cargo el diseño de este instrumento.

Minuto cero
El fútbol debutó en los mercados de capitales en el Reino Unido. El primer club en cotizar públicamente sus acciones en la Bolsa de Londres fue el Tottenham Hotspur, a fines de 1983. Sin embargo, no fue hasta la segunda mitad de los ’90, cuando la creación del AIM (Alternative Investment Market), el mercado de valores de baja capitalización de la bolsa londinense, generalizó esta práctica. En 1997, 16 clubes ingleses y escoceses ya eran de capital abierto.

El éxito británico hizo que se popularizaran las salidas a Bolsa de equipos de fútbol en otros países, como Italia (Juventud, Lazio y Roma), Alemania (Borussia Dortmund), Portugal (Benfica, Oporto y Sporting), Holanda (Ajax), Francia (Olympique Lyonnais), Turquía (Besiktas,  Galatasaray y Fenerbahce) o Dinamarca (F.C. Copenhague). Y, también, que gigantes de la información financiera crearan índices específicos para medir la perfomance de este tipo de acciones, como el Stoxx Europe Football y el Bloomberg European Football Club Index.

La del Manchester United es, probablemente, la mayor historia de éxito en este tipo de inversiones. En 2005, el magnate estadounidense Malcom Glazer, propietario de la franquicia de fútbol americano Tampa Bay Buccaneers, pagó US$ 1480 millones para controlarlo.  Desde el momento de la salida a Bolsa, en 1992, hasta ese take over, las acciones de los Diablos Rojos multiplicaron por siete su valor, a razón de un 26 por ciento anual.

Pero no todos corrieron la misma suerte. Las acciones de clubes como el Leeds, el Southampton o el Sheffield United fueron excluidas, tras ingresar en bancarrota o debido al elevado monto de sus deudas. Otras, como las del Chelsea, el Newcastle, el Aston Villa o el Birmingham City, fueron deslistadas, tras haber sido adquiridos por millonarios como Roman Abramovich o Randy Lerner. 

La prueba de ello es que el DJ Stoxx Europe Football, que se creó en 2002 con 33 equipos, hoy cuenta con sólo 23. Y cuatro de ellos –el Borussia Dortmund (Alemania), Parken Sport & Entertainment (Dinamarca, propietaria del FC Copenhague), Galatasaray y Fenerbahce (Turquía)– representan la mitad de su valor. El Stoxx Football cerró 2010 con una rentabilidad cercana al 37 por ciento. El Euro Stoxx 50, el índice de las principales empresas europeas, tuvo una caída del 2.

El fútbol español, que posee una de las ligas más poderosas del mundo, es aún el gran ausente de las marquesinas bursátiles europeas. El Real Madrid y el Barcelona, que, sin dudas, concitarían el interés de miles de inversionistas de todo el mundo, aún conservan el status de asociaciones civiles. Durante los ’90, el resto de los equipos de primera y segunda división se reconvirtieron en Sociedades Anónimas Deportivas (SAD). A pesar de que, desde 2002, una ley habilita a las SAD a realizar ofertas públicas de sus acciones, aún no se produjo ningún leading case. La Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) exige como requisito tres balances consecutivos con utilidades positivas, algo que, en el fútbol español, no es moneda corriente. 

En cambio, los españoles sí tienen experiencia en otro tipo de inversiones relacionadas con el fútbol. En 1998, el Real Madrid recaudó US$ 49 millones con una emisión de títulos de deuda a una tasa de Libor más 1,15 puntos.

Puntapié trasandino
En América del Sur, Chile es el que primero se unió a esta tendencia. Como en los principales países de América latina, su fútbol se estructuró tradicionalmente sobre la base de asociaciones civiles sin fines de lucro. Pero el camino para la apertura bursátil tomó impulso en 2005, con la sanción de la Ley 20.019 o de Sociedades Anónimas Deportivas Profesionales (SADP), que posibilitó el cambio de la estructura societaria de los clubes y la profesionalización del management. 

En junio de 2005, Blanco y Negro, la firma administradora del popular Colo Colo,  se convirtió en la primera sociedad de fútbol de América latina en cotizar su capital en la Bolsa, colocando acciones por US$ 31,7 millones entre más de 10.000 inversores. Además, logró ser la primera empresa chilena en tener el 100 por ciento de sus acciones negociándose en forma pública. 

Entre los accionistas de Blanco y Negro, se encontraba el actual presidente de Chile, Sebastián Piñera, quien, recientemente, se vio obligado a vender su participación para enfriar las acusaciones del arco político opositor sobre su supuesta influencia en las últimas elecciones de la Asociación Nacional del Fútbol Profesional (ANFP), que precipitó la renuncia de Marcelo Bielsa como entrenador de la selección roja. Piñera, quien poseía el 13,7 por ciento de Blanco y Negro, obtuvo una ganancia de US$ 7,4 millones por la venta de su participación. 

En noviembre de 2008, el clásico mayor del fútbol trasandino llegó a la Bolsa de Santiago cuando Azul Azul, la sociedad que tiene la concesión para explotar los activos del Club de Fútbol Profesional de la Universidad de Chile, recaudó casi US$ 15 millones por el 55 por ciento de sus acciones. En 2009, fue el turno del tercer grande del fútbol chileno. Cruzados SADP, la sociedad anónima que tiene a cargo por 40 años el fútbol de la Universidad Católica, obtuvo US$ 24,7 millones por la venta del 80 por ciento de sus acciones, en una colocación en la que la demanda sextuplicó la oferta. 

Diversa suerte acompañó a estas tres compañías el año pasado. En materia de cotizaciones, Blanco y Negro y Azul Azul presentaron subas del 43 y 7 por ciento, respectivamente, mientras que Cruzados registró una caída del 27. 

Otros sociedades vinculadas a clubes de la primera división chilena que podrían sumarse en breve son Deportivo Audax y Club Deportivo Palestino.

En el resto de América latina, México y Brasil aparecen como los mercados con más chances de seguir el ejemplo chileno. En el país azteca, algunos clubes, como los Diablos Rojos del Deportivo Toluca Fútbol Club, los Monarcas del Club Atlético Morelia o las Chivas del Club Deportivo Guadalajara, se reconvirtieron en sociedades anónimas con lo que, técnicamente, están en condiciones de lanzar ofertas públicas en la Bolsa mexicana. Para Daniel Vardé, socio Líder de Deloitte en la Industria del Sport Business, Brasil es otro país donde el fútbol podría despertar rápidamente el apetito de los inversores. ¿Los motivos? Los clubes están administados de manera más profesional y organizados en un grupo que defiende sus intereses, tienen altos ingresos por derechos de televisación, son exportadores netos de jugadores, tendrán una gran exposición debido al Mundial 2014 –que se organizará en su país– y ya cuentan con algunas figuras legales que facilitan su ingreso al mercado de capitales.

En cambio, no es optimista con respecto a la Argentina. “No creo que haya clubes argentinos cotizando en la Bolsa por mucho tiempo. El modelo chileno requiere de una transformación que, de acuerdo a la idiosincrasia de nuestro país, podría llevar varios años”, asegura el especialista de la Big Four, quien, por el momento, no ve otra forma de vinculación entre fútbol y mercados de capitales que no sea a través de  los fideicomisos o los fondos comunes de inversión.



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