Destinos de arena y sol

Destinos de arena y sol

Entre propuestas que mantienen el ritmo de las ciudades balnearias o llaman a refugiarse en el misticismo de lo agreste, el nordeste brasilero invita a anticiparse al verano encontrando un impasse pleno de días cálidos, extensas playas y aguas transparentes. 01 de Octubre 2010

En el nordeste del Brasil, algunas de las más antiguas y famosas ciudades del país van hilando un recorrido de playas e historias que sube, paso a paso, desde los vestigios coloniales de Pernambuco hasta las extensas arenas de Río Grande do Norte.

Semblanzas de Recife
Profundas historias sobreviven en el estado de Pernambuco, donde se conservan las huellas dejadas por los holandeses durante una ocupación de dos décadas. Su capital, Recife, encarna una perfecta síntesis entre el pasado colonial y la modernidad de una metrópoli. Pero la seducción urbana debe buscarse, sin duda, en Olinda, antigua ciudad declarada en 1982 Patrimonio Natural y Cultural de la Humanidad. Sus imponentes iglesias y los misterios de sus monasterios se extienden por siete colinas, y es más que recomendable perderse entre sus calles.

Para alejarse del cemento y descansar en paisajes rodeados de barreras coralinas, piletas naturales y un cálido mar transparente, la elección acertada será Cabo de Santo Agostinho, 37 kilómetros al sur de Recife. Como opciones cercanas, no se puede dejar de hacer una escapada al Porto das Galhinas y, particularmente, a la pacífica playa de Muro Alto, rodeada por palmeras y vegetación de bosques atlánticos.

Escapadas desde Fortaleza
Ceará es la tercera economía del Nordeste de Brasil, tras Bahía y Pernambuco, y su capital, Fortaleza, posee una de las más importantes redes de hoteles y restaurantes de la región. La "jangada" es aquí un símbolo característico y la langosta el plato típico que no se puede dejar de degustar.

Contorneando el entorno urbano, se destacan las playas de Meireles, Volta de Jurema y Mucuripe, interconectadas por un recorrido entre modernos hoteles y restaurantes de mariscos que caracterizan a la avenida Beira-Mar. Pero para conocer Ceará, necesariamente, habrá que llegar también a playas como las de Jericoacoara y Nova Tatajuba, ubicadas al oeste de la capital.

Historias de São Luiz
En sus estrechas calles y en sus construcciones, que recuerdan los tiempos del imperio lusitano, la capital del estado de Maranhão, São Luíz, preserva unos tres mil edificios protegidos, la mayoría con fachadas donde destacan los azulejos heredados de la colonización portuguesa.

Además, Maranhão reserva agradables sorpresas signadas por la naturaleza, como el Parque Nacional de Lençóis Maranhenses, el delta del Río Paranaíba con sus refugios ecológicos y laberintos de igarapés (canales naturales estrechos entre las islas), y los arrecifes del Parcel de Manoel Luís, tal vez el mayor banco de coral de América del Sur.

Refugiado cerca de un litoral salpicado de playas, Maranhão también esconde un sitio sumamente especial: una extensión de 150.000 hectáreas de arenas blancas de apariencia desértica, pero que debido a un alto promedio de precipitaciones anuales permanece poblado de lagunas transparentes la mayor parte del año.

Desde Río Grande
A pesar de sus bellezas naturales, playas y dunas a lo largo de una rivera de casi 400 kilómetros, Rio Grande do Norte se ha caracterizado por un desarrollo tardío de su actividad turística. Cobró impulso a partir de los años 80, con la construcción en Natal de la Via Costeira, una avenida de ocho kilómetros a orillas del mar donde se han concentrado los mejores alojamientos y restaurantes.

Saliendo de esa ciudad rumbo al sur, las amplias costas de arena van apareciendo una tras otra. Es recomendable detenerse a sólo 18 kilómetros, en la playa de Pium, o apenas un poco más adelante, donde Cotovelo se abre en un marco de grutas e increíbles laberintos. Pero de todos modos vale recordar que Natal, como capital del Estado, es la puerta de entrada a playas encantadoras y agrestes como Pipa y Pirangi, y a otras que han escalado en mayores servicios como Genipabu.

Si se dispone de tiempo, la mejor opción es hacer directamente un recorrido de casi 80 kilómetros hasta el municipio de Tibao do Sul. Aquí no dejará de agradar una caminata por el puerto y las playas, para luego detenerse en la zona de bares y restaurantes que marcan un ritmo de relax y distensión. Además, hacia el norte se extiende una costa de ininterrumpidas playas que garantizan satisfacción a aquellos que buscan tranquilidad y silencio. 

El paraíso del buceo
El archipiélago Fernando de Noronha se muestra desde el avión como una veintena de islas e islotes que emergen desde el fondo del mar, conformando 26 kilómetros cuadrados de naturaleza virgen y rigurosamente conservada. Tras poco más de una hora de vuelo desde Recife se llega a la isla principal, la que da nombre al archipiélago. Ya desde el arribo, la primera tentación es caminar e ir encontrando las distintas vistas que ofrendan los innumerables miradores naturales dispersos por las costas.

Esta isla ofrece 16 playas de arenas finas y blancas, junto a un mar transparente, con una visibilidad de hasta 50 metros, que permite conocer una decena de especies de corales además de innumerables peces de colores. Piscinas naturales, tortugas marinas, y una flora marítima de algas y esponjas completan las claves que han convertido a este lugar en un verdadero paraíso para el buceo.



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