¿Después del dólar, qué?

El economista Víctor Beker escribe en exclusiva para We. Afirma que el rol del dólar como moneda de reserva está condenado a desaparecer. Y propone adoptar a los Derechos Especiales de Giro (DEG) como sus sustitutos. 16 de Septiembre 2011
Se acaban de cumplir 40 años desde aquel 15 de agosto de 1971 en que el entonces presidente de los Estados Unidos Richard Nixon anunció el fin del patrón cambio oro. Hasta ese momento, los bancos centrales podían cambiar sus dólares por el oro almacenado en Fort Knox a un tipo de cambio fijo de 35 dólares la onza. Aquel día -en medio de una masiva especulación contra el dólar- Nixon notificó el cierre definitivo de la ventanilla de venta de oro y que en adelante la moneda americana flotaría frente al oro.

A 40 años de aquel anuncio, la cotización del dólar pasó de aquellos 35 dólares la onza a cerca de 2.000 dólares la onza. Tras la pérdida de la calificación de AAA por parte de la deuda americana, pocas dudas caben de que el rol del dólar como moneda de reserva está condenado a desaparecer.

El mayor problema es encontrar un reemplazante idóneo. El principal candidato hasta hace poco, el euro, atraviesa una crisis de envergadura similar o peor a la del signo monetario estadounidense.

Si bien el yen y el franco suizo pueden jugar transitoriamente el rol de moneda-refugio, ninguna de las dos tiene condiciones para convertirse en moneda de reserva.

Queda, finalmente, la moneda china, el renminbi, erróneamente llamada yuan en Occidente. Es indudable que parte del reajuste de la economía mundial pasará i-nevitablemente por una revalorización del renminbi como forma de reducir el formidable desequilibrio en el comercio exterior entre China y los Estados Unidos. Este fortalecimiento del valor de su signo monetario, el tamaño de la economía china, la magnitud de su comercio exterior y el creciente rol geopolítico de la potencia asiática, convierten a la moneda china en importante candidata. No obstante, las restricciones que el gobierno chino impone a la circulación de la moneda en el exterior hacen bastante remota la probabilidad de que pueda convertirse en moneda de reserva mundial.

¿Qué queda, entonces, como alternativa? Hace ya dos años, en este mismo medio planteé cuál es, a mi juicio, la opción disponible: los Derechos Especiales de Giro (DEG). Los hechos ocurridos desde entonces no hacen más que reforzar dicha perspectiva.
Los DEGs fueron creados en 1969 y su objetivo principal era reemplazar al oro en las transacciones internacionales. Sin embargo, ya a comienzos de los ‘80 se propuso convertirlos en el activo central del sistema monetario internacional y proceder a la eliminación gradual del oro y las monedas de reserva.

La actual crisis de la deuda, tanto en los Estados Unidos como en Europa, le han restado credibilidad a los signos monetarios respectivos para continuar funcionando como monedas de reserva.

Los DEGs están definidos en términos de una canasta de monedas fuertes utilizadas en el comercio internacional y las finanzas. En la actualidad, las monedas en la canasta son el euro, la libra esterlina, el yen y el dólar estadounidense. Deberían incorporarse el franco suizo y el renminbi para tener una más cabal representación de las transacciones internacionales.

Ello debería hacerse antes de que el pánico dé lugar a conversiones abruptas de reservas que añadan más volatilidad a los mercados de cambios.

Las tenencias oficiales de monedas de reserva se canjearían por DEGs a la cotización del momento. Debería preverse realizar una emisión adicional que se asignaría exclusivamente entre los países en desarrollo en base a ciertos indicadores socio-económicos a determinar. Ello aseguraría el apoyo de estos países al nuevo mecanismo, que serían así también un instrumento de promoción del crecimiento económico.

Esta propuesta difiere sustancialmente de la formulada recientemente por el Premio Nobel Robert Mundell, quien aboga por un sistema de tipos de cambio fijos entre el dólar, el euro y el renminbi. Ello implicaría extender los problemas actuales de Europa al resto del mundo. Precisamente, una de las dificultades para resolver la crisis europea actual estriba en que los países europeos carecen de la posibilidad de ajustar sus tipos de cambio a partir de haber adoptado el euro.

Mundell sostiene que lo que vuelve a demostrar la crisis europea es que una unión monetaria precisa ir de la mano con una unión política. Esto es cierto, pero, entonces, su propuesta de tipos de cambio fijos requeriría de un nivel de coordinación de políticas a nivel mundial inimaginable hoy entre los Estados Unidos, Europa y China.

Mientras los DEGs permiten que los tipos de cambio de las monedas que integran la canasta fluctúen, establecer un sistema de tipos de cambio fijos sería encorsetar la economía mundial del modo en que hoy está la del continente europeo. Sería como intentar apagar el incendio echándole nafta. Como indica la experiencia internacional a partir del patrón oro en adelante -y la Argentina de la convertibilidad no ha sido una excepción a la regla- los tipos de cambio fijos siempre han fracasado.



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Videos