Denise Paraná:

Denise Paraná: "Dilma va a continuar con la revolución silenciosa"

Denise Paraná, la biógrafa de Lula, habla sobre el futuro del saliente presidente brasileño y asegura que, de triunfar en el ballottage, su sucesora será capaz de llevar adelante las reformas que él dejó en el camino. 22 de Octubre 2010

Denise Paraná, autora de la única biografía autorizada sobre el presidente brasileño, habla con WE al llegar de una gira europea donde se presentaron las ediciones en francés e italiano de su libro. Cuenta que reunió todo su material después de trabajar en la campaña presidencial de 1989 como asesora del actual mandatario. Su imagen la había encandilado y luego de las elecciones, le propuso a Lula realizar una serie de entrevistas a él y su familia con miras a transformar el resultado en su tesis de doctorado en Ciencias Humanas. "Conviviendo con Lula descubrí que se trataba de un personaje extraordinario que funcionaba como un retrato de la historia de millones de brasileños, y donde la historia de su familia era la historia de Brasil", recuerda.

Editada por primera vez en 2003, Lula, el hijo del Brasil, fue relanzada en una edición aumentada en septiembre de este año, acompañando el estreno la película del mismo nombre. El film, dirigido por Diego Barreto y actualmente en cartelera en la Argentina, levantó enorme polvareda por el componente político de su nominación a la estatuilla dorada, justo antes de las elecciones presidenciales brasileñas. 

¿Cómo ve al gobierno de Lula ahora que estamos llegando al final del proceso?
Tal como él mismo dice, creo que la mejor definición de su gobierno es que se trató de una "revolución silenciosa", fuera del concepto tradicional de revolución donde para distribuir riqueza es necesario iniciar procesos expropiatorios. Él distribuyó renta a partir del crecimiento de la economía, poniendo el foco en los más pobres, algo que nunca se había hecho en Brasil. Eso permitió que 28 millones de brasileños salieran de la línea de la pobreza y 36 millones entraran a la clase media. Además, hubo una ruptura del paradigma entre gobierno y sociedad, logrando que este gobierno fuese mucho más democrático que sus antecesores. Y creo que hubo una revolución simbólica muy importante, no hubo expropiación material pero sí expropiación simbólica. Cuando millones de pobres ven a alguien que partió como ellos hablar de igual a igual con Bush, con Obama, reunirse con la reina de Inglaterra, se ven a ellos mismos haciéndolo, y eso llenó de confianza a las clases populares. De todos modos, la democracia brasileña aún es un niño, recién está creciendo y fortaleciéndose. Lula logró trascender al partido y generar una relación directa con la sociedad, algo que no es lo ideal. Muchos brasileños aún ven a Lula como un padre, sobre todo en el nordeste, donde muchos no son capaces de entender el modelo democrático y cuando se refieren a Lula lo hacen como "padre", no como "presidente". 

¿Por eso casos como el "mensalao", o las denuncias de prebendas en el Bandes, parecen no afectar su imagen?
Sí. Creo que pasa porque justamente Lula no es visto como político, sino que como alguien por sobre la política. Y en un país donde existe una enorme desconfianza respecto de la clase política. Diputados, senadores, ministros, todos son vistos como cercanos a la corrupción, incluso como el enemigo, lo que es muy grave. Entonces para muchas personas Lula es visto como un brasileño modelo, más allá de eso. 

¿Y cómo queda parada Dilma Rousseff, siendo que ella sí es vista como parte de la clase política?
Para Lula el mayor desafío durante este año ha sido justamente poder transferir parte de esa credibilidad y respeto a Dilma, sobre todo entre las capas más indiferentes de la sociedad, entre los menos movilizados. Y justamente esta indiferencia ha servido a los grandes medios de comunicación que están en contra de Lula -que no son más de seis familias y que es un tema muy interesante para investigar- para propagar la idea de que ambos candidatos son la misma cosa, algo que para mí no es verdad, ya que hay grandes diferencias entre ambos. 

¿Cómo estima que se va a encarar el tema de la sucesión, cuáles son los principales de-safíos de Dilma?
Una cuestión central es que el carisma de Lula es algo irrepetible. La experiencia de comunicación directa con las masas que él es capaz de establecer es algo que no se va a volver a vivir y que Dilma ni siquiera intentará. Pero, por otro lado, la situación en el Congreso es mucho más favorable para Dilma que lo que fue para Lula en su primer gobierno, lo que probablemente le permita hacer reformas que Lula no pudo llevar a cabo, como una reforma fiscal, o de modernización del Estado y el sistema político. 

¿Es posible que Dilma, que no tiene que cuidar tanto su imagen ante el establishment como tuvo que hacerlo Lula, pueda correrse un poco más hacia la izquierda?
Esto es algo que ha aparecido mucho en los grandes medios brasileños y que para mí no es cierto. Y tampoco creo que vaya a ser más light. A mi juicio, ella va a continuar la labor de Lula, profundizando cambios pero en la misma forma en que viene trabajando el gobierno actual, en una "revolución silenciosa". No habrá expropiaciones ni nada por el estilo, pero se harán reformas para distribuir la nueva renta proveniente del crecimiento de la economía, tratando de disminuir la desigualdad en salud y educación, que junto con la seguridad son las principales preocupaciones de los brasileños. En Brasil la gran elite gusta de Lula. Los presidentes de los principales bancos, la gente del sector financiero, nunca hicieron tanto dinero como en los años de Lula. Ellos han dicho que su gobierno fortaleció el capitalismo en Brasil y están a favor de que continúe. El tema son los grandes medios, que funcionan como representantes de una pequeña burguesía que aún se siente simbólicamente amenazada por el proceso del PT y que fomentan la misma campaña del miedo que hicieron en todas las elecciones. 

¿Qué pasa con Lula y la prensa? Se percibe un enfrentamiento bastante fuerte.
Es una relación compleja. En Brasil existe una gran libertad de expresión, que es un derecho que sin duda hay que mantener. Pero el problema es que se trata de la libertad de expresión de las cinco o seis familias que controlan los medios y que tienen intereses muy específicos. Entonces no se tiene una democracia en los medios, hay una concentración brutal que hacia el final del gobierno ha generado una relación muy tensa y conflictuada con estos grupos. Hay radios y pequeños diarios más favorables, pero medios como la revista Veja funcionan como un partido político contra el Gobierno, como dijo el propio Lula. Sucede que los medios tradicionales y la burguesía brasileña dejaron crecer a Lula justamente porque no venía de los partidos clásicos de izquierda. Lula nunca leyó a Marx o Trotsky, no tenía formación política de izquierda y eso era funcional a los intereses de la derecha, quienes vieron en él al interlocutor ideal y reconocieron ese espacio de liderazgo. Lo veían como inofensivo, el tipo ideal para lograr una alianza con los trabajadores en la oposición a la dictadura sin hacer demasiadas concesiones. Pero ahora que un nuevo gobierno del PT podría avanzar aún más en la lucha contra la desigualdad, no les gusta.

¿Usted diría que Lula es un tipo inteligente o más astuto antes que nada?
Lula tiene una capacidad de absorción extraordinaria, en todas las áreas. Es una cosa loca. Una inteligencia completamente fuera de lo normal. Cuando fui su asesora en el gobierno paralelo (durante el gobierno de Fernando Collor de Melo, el PT creó un shadow cabinet donde Lula era ministro de Justicia), era capaz de entender el trabajo y discutir con personas que manejaban áreas muy específicas. El entendía todo, hacía preguntas inteligentísimas y conclusiones brillantes. Él era más inteligente que todos juntos. Yo digo esto siempre, las personas pueden o no gustar de Lula, pero negar su inteligencia es algo muy bajo. Y además de eso, es cierto, encima es muy intuitivo, muy astuto.

¿Cómo ve la relación de Lula con el capitalismo en la actualidad, y la relación que tendrá Rousseff de vencer en la segunda vuelta?
Lula nunca fue comunista, él siempre fue un humanista, una persona que piensa que el mayor valor de la Humanidad es justamente la persona, el hombre. Aún así, aunque nunca haya pensado que lo más importante sea el capital, yo creo que él es un capitalista que lucha porque el capitalismo sea un poco más humano, por otro modelo de capitalismo que partió con la caída del muro de Berlín, cuando la izquierda se quedó sin paradigmas. Ahora uno ve las propuestas de los partidos tradicionales de izquierda y son cosas absolutamente inviables, con un discurso que no da cuenta de la realidad, mientras Lula trabaja creando un nuevo modo de producción y distribución de renta, pero bien dentro del capitalismo, no fuera de él. No hay grandes conflictos, y la verdad es que Lula la escogió porque ella era realmente el brazo derecho de él, una persona de extrema confianza respecto de la cual Lula está completamente seguro de que va a continuar su proyecto. Y ella tiene la capacidad de administración y de decisión necesarias para plantarse al frente, con la fuerza política para, por ejemplo, sacar un ministro si así se necesita. Y resistir las presiones, algo que no es fácil. Al mismo tiempo, Dilma tiene una enorme capacidad de administración, con compromiso político, y eso él lo conoce profundamente. La unidad de ella con Lula es más fuerte que con cualquiera de su grupo político.

¿Qué pasará con Lula ahora? ¿Se puede esperar una vuelta en 2014?
Creo que no. Si uno revisa toda la historia de Lula, él nunca vuelve hacia atrás. Nunca volvió a ser presidente del sindicato, nunca volvió a ser presidente del PT, él va siempre hacia adelante en busca de desafíos mayores. Yo creo que va a abrir una fundación o instituto que luche en contra del hambre en el mundo. Hace poco en la ONU le pusieron el título de mayor combatiente contra el hambre en el mundo, y yo pienso que él se va a volcar a eso, a combatir el hambre en África, en Latinoamérica y en los países pobres del mundo. Lula ya ganó un status mundial y yo no creo que vuelva a ser presidente de Brasil. La cosa de él ahora es ser un líder mundial.

¿Un cargo en la ONU tal vez?
Él es muy crítico de la ONU, y tampoco tiene un espíritu de burócrata de carrera, así que no lo imagino ahí. Yo creo que se va a tratar de algo paralelo.

¿Puede Lula ser un poder en las sombras?
Seguro que no. Él mismo ha dicho que ser ex presidente no sirve para nada. Por eso creo que va a apuntar hacia un cargo mundial.



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