De una idea a un plan

De una idea a un plan

Por Javier Bayley Bustamante, gerente de Finanzas Corporativas de Auren. 08 de Septiembre 2011
No es casual que cuando se inicia un negocio digamos “nos embarcamos en lanzar tal producto” o “vamos hacia un negocio orientado al segmento minorista”. Porque comenzar un emprendimiento (desde el más pequeño hasta el más grande) implica recorrer un camino hasta el destino soñado. Por eso, las alegorías a un viaje o aventura. Pensemos y comparemos entonces el proceso de planificar un viaje con el de planificar un negocio.

Todo comienza con una idea más o menos específica de adonde queremos ir, la meta. ¿Qué es lo que me gusta y dónde me encuentro mejor? ¿Cabotaje o internacional? ¿Qué ofrece el lugar? ¿Sólo o con amigos? ¿Qué presupuesto tengo? ¿Tengo que comprar algo para ir? ¿Conozco el lugar o tengo que investigarlo desde cero? ¿Qué dicen los que ya fueron? ¿Hay promociones o hay ayuda para ir? ¿Vale la pena? ¿Necesito alguien que me asista en la planificación? ¿El pasaje incluye impuestos? ¿Es sólo mi decisión o debo convencer a alguien más?

Estas son también muchas de las preguntas que tenemos que responder al momento de hacer un plan de negocios. Es importante estar convencidos que debemos hacerlo y por qué. En realidad, es muy simple: cuanto mejor sea nuestra planificación, menos situaciones inesperadas tendremos (aunque siempre habrá algunas). Por lo tanto, cuanto menos conozcamos del tema más importante es tomarse el tiempo y hacer un buen plan.

Un plan contiene típicamente un análisis del mercado donde nos desenvolveremos, la competencia, un análisis sincero de fortalezas y debilidades así como una descripción de los recursos (físicos, económicos, know how) que se requieren y los objetivos de ingresos esperados.

Es tan importante tener esta información como volcarla a un documento donde sinteticemos lo que aprendimos y pensamos hacer. Este es nuestro “mapa” de referencia y nos indica el camino planificado e, idealmente, alternativas o planes de contingencia. Estas alternativas (que a veces llamamos escenarios o sensibilidades) permiten entender cuáles son los resortes verdaderamente importantes que pueden volcar en uno u otro sentido el resultado de nuestro emprendimiento. En función de quién será el lector, acentuaremos uno u otro aspecto para transmitirle una imagen clara y lo más sintética posible.

Las computadoras hoy nos permiten construir modelos complejos altamente parametrizados. Aprovechemos esta posibilidad pero manteniendo las planillas sencillas y al punto: a veces, para su construcción, consumen demasiado tiempo y nos hacen perder de vista el objetivo.

Un buen plan debe contener muchos conceptos y la cantidad de números suficientes como para poder clarificarlos y dimensionarlos. No todo es saber la cantidad de kilómetros y consumos de combustible (que es necesario): tenemos que conocer cómo es el camino, que objetivos lograr en que tiempos, los cómo y no solo los cuánto.



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