De los sumergidos a los emergentes

De los sumergidos a los emergentes

Con Europa en crisis y los Estados Unidos sin levantarse, China, la India y América latina, con Brasil a la cabeza, se posicionan como alternativas. 02 de Diciembre 2011
Hubo tiempos en los que estaban reservados para los más osados: inversores experimentados, dispuestos a arriesgarse donde los rendimientos mandaran. Pero la taba se dio vuelta. Los mercados emergentes dejaron de ser una categoría exótica. Hoy, son los que prometen cambiarle el humor a quienes tienen su dinero en activos financieros.  “Los mercados, en general, y los desarrollados, en particular, están en una etapa difícil. Los países emergentes, en cambio, presentan una realidad que, en conjunto, se muestra diferente y, en los próximos dos a tres años, si la economía global no entra en una etapa recesiva aguda, brindarán oportunidades interesantes para participar en historias de expansión de consumo doméstico”, asegura Mariano Kriskevich, estratega de Consultatio Asset Management.

“Como una paradoja del destino, algunos países comúnmente denominados desarrollados sufren serios problemas en sus economías, principalmente, relacionados con altos niveles de deuda soberana o bajas tasas de crecimiento económico. Cuestiones que, en el pasado, eran monopolizadas por los países emergentes”, analiza Javier Salvucci, jefe de Research de Silver Cloud Advisors.

Marcelo Nicoletti, presidente de Itaú Asset Management, los pone en el menú de favoritos, si la estrategia no es cortoplacista. “Los mercados emergentes, en general, deberían ser el destino del dinero para tomar riesgo de mercado con una perspectiva de mediano y largo plazo”. ¿Qué los hace tan atractivos? “Las tasas de interés en niveles mínimos, el dólar débil frente a la mayoría de las monedas y la demanda sostenida de materias primas”, explica el experto del Itaú.

Alan Conwey, head de Renta Variable de mercados emergentes en Schroders, también los pondera: “Hoy en día, las economías emergentes contribuyen más del 50 por ciento del Producto Bruto mundial y esta tendencia continuará. La creciente importancia de estos países, sustentada por el crecimiento de la demanda interna y robustos fundamentals, llevó a los inversores institucionales a considerarlos, cada vez más, como estratégicos”. 
Conway da un fundamento impensado hasta hace algunos años: “Las economías emergentes de hoy representan algo así como un refugio seguro, con bajos niveles de deuda pública, de las empresas y de las familias; altas tasas de ahorro, grandes saldos en cuenta corriente y enormes reservas de moneda extranjera. Esto está en contraste con las deudas que se ven en el mundo desarrollado”.

Siglas de un mundo nuevo
Para incorporar esta categoría de activos a la cartera de inversiones, lo primero será familiarizarse con nombres y siglas algo extrañas que mandan en el mundo emergente. A primera vista, parecen un mensaje en clave: BRIC, Civets, MSCI, frontier markets, andean markets...

BRIC es el término acuñado para referirse a Brasil, Rusia, India y China, cuatro países que tienen en común una gran población, territorios extensos y altas tasas de crecimiento de sus PBI en los últimos años. En tanto, Civets agrupa a Colombia, Indonesia, Vietnam, Egipto, Turquía y Sudáfrica. Este bloque económico tiene características similares. Según definió The Economist, estos países reportarán un incremento de PBI del 4,5 por ciento anual en los próximos 20 años. Los frontier son los mercados fronterizos, según la vara de Morgan Stanley, el mismo banco de inversión que elabora el MSCI Emerging Markets, índice que marca la evolución de los activos emergentes y que es tomado como referencia para las inversiones. Actualmente, incluye más de 2600 valores (acciones de empresas) de 21 países en la categoría.

La Argentina se encuentra entre los fronterizos, a pesar de las constantes gestiones de las autoridades de la Bolsa de Comercio y también de algunas de las principales empresas cotizantes para ser removido de ese lugar y obtener el upgrade que significa entrar al grupo de emergentes. Sin embargo, para la elaboración de sus tradicionales índices MSCI, Morgan Stanley la degradó a esa categoría a fines de 2008. Los criterios utilizados son cualitativos pero también hay cuantitativos. La clasificación se basa en su desarrollo económico, tamaño y liquidez del mercado de capitales, y su nivel de acceso para el inversor extranjero.

¿Qué opciones tiene el inversor para aprovechar la buena racha que, se espera, los emergentes tendrán en los próximos años? Lo primero, encontrar un asesor financiero que pueda guiar o bien suscribir, directamente, un fondo común de inversión con activos en este tipo de países. No es recomendable armar una estrategia en forma totalmente independiente. Otro dato a tener muy en cuenta: a pesar de las buenas oportunidades que encierran, los emergentes no dejan de ser mercados riesgosos y, especialmente, muy volátiles. Inversores híper-conservadores, abstenerse.

El desembarco
“Cuando se invierte en emerging markets, la clave es la diversificación. La manera más fácil para un inversor argentino de incorporar a su cartera riesgo de activos emergentes es a través de fondos comunes de inversión locales, en los que la escala mínima para entrar es muy baja. No es necesario disponer de un gran capital u operar en mercados internacionales”, dice Ricardo Daud, CEO de Santander Río Asset Management. “Otra forma sería a través de acciones representativas de algunas de estas economías, que se encuentran listadas en la Bolsa porteña, a través de Cedears”, agrega el hombre del Santander Río. 

Kriskevich, de Consultatio, lanza una primera recomendación para tener en cuenta: “Un criterio básico de inversión alienta a no invertir en lo que no conocemos. Por ello, recomendamos considerar, como primer paso, apuestas en América latina, fundamentalmente, en Brasil, México y la Argentina. En segundo lugar, pensar en activos de países de amplia profundidad de mercado, como China y la India, que están ampliamente cubiertos por analistas y economistas a nivel global”. Un mercado de capitales grande (profundo) también reduce el riesgo, ya que desarmar una posición ante la necesidad de hacerse de los fondos no se tornará una tarea imposible. Kriskevich coincide en que el vehículo ideal para experimentar nuevos horizontes son los fondos comunes de inversión.

Daud asiente: “América latina, por el conocimiento que tenemos de la región y sus fundamentals, es un grupo de países de los emergentes que, claramente, debería tener un peso importante dentro de la apuesta del total de la cartera”. 

“Los principales países para invertir deberían ser la India y China, por sus políticas de crecimiento sostenido de la demanda interna. En América latina, Brasil y la Argentina, tanto por el crecimiento de su consumo interno como por la demanda de sus productos exportables”, recomienda Nicoletti, del Itaú.

Su hoja de ruta indica que las inversiones en los países asiáticos deberían ser canalizadas a través de fondos comunes de inversión, dado el desconocimiento que se tiene de esos mercados, en particular, las dificultades para invertir de manera directa y la lejanía de los mismos. En Brasil, en tanto, las apuestas deberían dirigirse hacia empresas de infraestructura y consumo interno. En la Argentina, los bancos serán uno de los sectores más dinámicos. 

Salvucci también mira a Asia. “En especial, el Sudeste aparece como una región a tener en cuenta. Más allá de que hoy dependen de manera importante de sus exportaciones a los Estados Unidos, China y Japón, se aguarda, hacia delante, que el consumo doméstico tenga una mayor participación”, fundamenta. “Para 2015, se proyecta que alrededor de 300 millones de personas alcanzarán un nivel de vida de clase media, lo que impulsará el crecimiento, a través de una mayor demanda. A esto, se suma que la región podría beneficiarse por la llegada de nuevas inversiones corporativas, aprovechando los menores costos laborales”, completa.

El consejo de Conway, el estratega de Schoders –un asset manager británico que también está presente en la Argentina aunque sus analistas mantienen un estrictísimo bajo perfil–, es obtener exposición a las economías emergentes mediante la inversión directa en activos de esos países. El plan B sería hacerlo indirectamente, a través  de las compañías de países desarrollados que tienen negocios en los mercados emergentes. Es que las empresas más grandes de Europa hace ya unos años que pusieron la mira en estos destinos, al punto que, actualmente, sus subsidiarias en países antes remotos explican la mitad o más de sus utilidades. 

Según datos publicados recientemente por el diario El País, de España, actualmente, multinacionales europeas, como Volkswagen, Schneider Electric, o la sueco-Suiza ABB, obtienen entre el 25 y el 55 por ciento de sus ganancias en los mercados emergentes. Otro tanto sucede con los bancos: BBVA, HSBC y el británico Standard Chartered logran, también, una buena porción de sus utilidades fuera de Europa. “La participación de activos emergentes en las carteras de los inversores globales creció sistemáticamente en los últimos años. No sólo se dio a través de activos directos, sino también invirtiendo, por ejemplo, en compañías de mercados desarrollados, muy expuestas desde el lado de sus ingresos, al mercado emergente”, afirma Daud.

“Brasil, como principal potencia de América latina, y China, como la mayor de Asia, tienen perspectivas muy interesantes”, opina Mariano Sardans, CEO de FDI Gerenciadora de Patrimonios. “En ambos países, las mejoras de las condiciones sociales incrementan la demanda interna, que retroalimenta el crecimiento del país. Bajo condiciones mundiales favorables, el influjo de capitales que tienen ambos empujaría su evolución, mientras que, con un entorno global desfavorable, la demanda interna atenuaría el efecto de la desaceleración mundial”, explica el especialista. 

Mucho, poquito, nada...
¿Hasta dónde apostar por este tipo de economías, que fueron llevadas al podio de las inversiones? Para individuos que no temen asumir riesgos y, sobre todo, para aquellos que tienen tiempo para esperar los mejores resultados, los analistas consultados para este informe coinciden en recomendar una participación de hasta el 40 por ciento de la cartera. 
“Como parte de una cartera de un perfil de riesgo moderado, se podría invertir entre un 20-30 por ciento en países emergentes y de frontera, repartido entre renta variable y fija”, recomienda Salvucci. “Considerando la coyuntura actual, la renta variable sufrió más el embate que la fija y es probable que se presenten mejores oportunidades en este segmento de inversión”, agrega.

Desde Consultatio Asset Management, Kriskevich aconseja: “Dependiendo del grado de aversión al riesgo, la inversión en mercados emergentes podría estar en un rango del 10 al 40 por ciento del total de la cartera”.

Sardans también alienta a mirar las acciones por encima de los títulos públicos. “En el mediano plazo, vemos mejores perspectivas en la renta variable, puesto que los spreads de deuda se redujeron bastante en todos los países emergentes y el potencial de ganancia de capital de la renta fija es limitado”, justifica su opinión.

Pruebas sobre la mesa, los emergentes demostraron tener una performance mucho más sólida que sus pares desarrollados en los últimos años. Especialmente, desde fines de 2008, cuando el mundo empezó a temblar –y aún no deja de hacerlo–, como consecuencia de la crisis sub-prime. En ese momento, acusaron el golpe igual que todos (con caídas de cerca del 50 por ciento en sus activos). Sin embargo, la recuperación fue mejor. El MSCI Emerging Markets de Morgan Stanley acumula casi el 100 por ciento de Ganancia (exactamente, 925 al cierre de esta edición). El S&P 500, en tanto, avanzó un 33 por ciento desde los mínimos tocados tras la caída de Lehman Brothers y el Euro Stock 50 perdió el 15 por ciento en el mismo período.



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