De la tormenta de 2001 al scrum emprendedor

De la tormenta de 2001 al scrum emprendedor

Marcelo Gaztambide y Nicolás Battilana fundaron Dedicar. En plena crisis, arrancaron con vinos y ya suman 1000 artículos, con una facturación de casi $ 2,5 millones. 19 de Febrero 2010
Los tormentosos aires de 2001 los encontraron predispuestos a la acción. Marcelo Gaztambide y Nicolás Battilana se conocieron lejos de una oficina: en una cancha de rugby del Club Champagnat. Coincidieron en Primera División durante seis años (1999-2005) y se hicieron amigos fuera del campo de juego. Uno (Gaztambide), recibido de Administración de Empresas, con tres años previos de Agronomía, y carrera en La Rural, de Palermo. El otro (Battilana), ocupado en una calificadora de riesgo, también egresado de Administración. “Cada uno tenía su trabajo pero queríamos otra cosa. Era empezar desde cero en plena crisis y la idea era hacer algo original con regalos”, cuenta Gaztambide. Vieron la veta en los vinos. “Conocía una bodega boutique, Barberis, que exportaba y tenía un original botellón de tres litros. Le propusimos venderlo con etiquetas personalizadas”, agrega. Así surgió el nombre de fantasía: The Wine. El arranque demandó $ 30.000.

Después, vendría Vinos Personalizados, ya como marca, con productos importados (accesorios y estuchería). “Era agarrar el auto con un mapa con las vinotecas y empezar a tocar puertas. O viajar a Mendoza y entregar folletos. Todo a pulmón”, comentan. Por el boca a boca, la demanda de las empresas crecía, mientras su incipiente negocio encontraba sus límites. “Nos pedían otras cosas, porque los vinos ya eran algo repetido para ellos”, explica Battilana. El emprendimiento dio un giro hacia algo más abarcativo: así surgió Dedicar, donde incorporaron artículos de oficina, bolígrafos, gorros, carpetas, productos electrónicos, bolsos, mochilas, juegos y tazas. Siempre, dedicados y personalizados con etiquetas. “Ese es nuestro valor agregado”, destacan.

El punto más alto del negocio fue en 2007. Invirtieron cerca de $ 100.000 para un local en el shopping Abasto (un stand en pasillo). Un año más tarde, hicieron lo propio en Alto Palermo. “Eso nos dio posicionamiento de marca y la posibilidad de llegar a clientes particulares”, afirma Gaztambide. Su volumen de negocios creció al 100 por ciento, hasta facturar cerca de $ 2,5 millones en 2008. De la oficina inicial (en sus propias casas), pasaron a un showroom en Once, donde producen las etiquetas con tres máquinas de impresión instantánea. “Importamos casi el 70 por ciento de los productos pero también vamos a las fábricas para tener una mejor relación con el proveedor y hacer convenios para diseños propios”, destaca Battilana. Cuentan con 30 proveedores. El portfolio de productos asciende a más de 1000, para sus 300 clientes. Para 2010, los emprendedores planean abrir franquicias, que requerirán una inversión cercana a los $ 110.000.
 



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