De la mano de la crisis, vuelve el Pacto Social

De la mano de la crisis, vuelve el Pacto Social

Fue la promesa electoral de Cristina en 2007. Sin embargo, los analistas coinciden en que ahora es el mejor momento para lanzarlo. Precios y salarios deberían ser los principales ejes de discusión en la mesa de Gobierno, empresarios y sindicalistas. Cómo evitar el fracaso, a la luz de la experiencia del pasado. Una nueva prioridad para la economía local. 28 de Octubre 2011

El pacto social volverá a la agenda del Gobierno nacional en 2012. La presidenta Cristina Fernández de Kirchner lo había planteado como uno de sus ejes de campaña en 2007. Sin embargo, nunca pudo concretarse. Los analistas sostienen que fue justamente porque no había necesidad de implementarlo por entonces, además de que los gremios tampoco tenían interés en avanzar en un acuerdo de este tipo, ya que su poder de negociación había aumentado considerablemente. Ahora, crisis global mediante, el nuevo mapa económico produjo un fuerte cambio de tendencia. De ahí que, Héctor Recalde, espada legislativa de la CGT y uno de los primeros legisladores en celebrar el triunfo de CFK, dispara: "Creo que las circunstancias son inmejorables por el triunfo de Cristina en estas elecciones. La reforma tributaria, la ley de entidades financieras, la política cambiaria, la industrialización que se está llevando a cabo en el país, el valor agregado, qué tasas de rentabilidad son razonables y todas las cuestiones macro no deberían faltar en la agenda". Claro está, los puntos a discutir forman parte de la letra chica del debate que viene. "Hay que profundizar el modelo", agrega, convencido.
La historia argentina de pactos no marca, sin embargo, un resultado exitoso. El antecedente local se firmó el 6 de junio de 1973 durante el Gobierno de Héctor Cámpora, y fue refrendado por la CGE y la CGT, con el nombre de Acta de Compromiso Nacional. El arquitecto fue el ministro de Hacienda y Finanzas, José Ber Gelbard. El objetivo, por entonces, era frenar la inflación, contener las demandas de ajustes salariales y el aumento de los precios. La intención era que se acabaran los conflictos. Pareció funcionar durante un tiempo, impulsado por la vuelta de Juan Domingo Perón al poder, pero se derrumbó tras su muerte y llevó a una importante crisis económica, con inflación y desabastecimiento.
"El pacto social vuelve a ocupar hoy un lugar central no sólo en la política laboral, sino también en la política económica, aunque ahora prefiera denominárselo acuerdo social", señala Rosendo Fraga, director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría.
En los últimos meses, el acuerdo alcanzado para el aumento del salario mínimo en el marco del Consejo del Salario Mínimo Vital y Móvil, que funciona con representación del Estado, los sindicatos (CGT y CTA oficialista) y el empresariado (UIA y Cámara Argentina de Comercio) fue el puntapié inicial. "Permitió a la Presidenta laudar de hecho, imponiendo a los sindicatos una decisión que resistían y que estuvo más cerca de las posiciones del empresariado. Esto fue percibido por Cristina Kirchner como una victoria política sobre el sindicalismo y en particular sobre Moyano", analiza Fraga.
Por su parte, Ernesto Kritz, director de SEL Consultores, está convencido de que "es un buen momento para relanzar el pacto social por el resultado electoral, el poder de convocatoria que tiene la Presidenta y además por las necesidades que tiene la propia economía". No obstante, aclara que debería ser complementario, pero no sustitutivo, de un programa de estabilización ya que la experiencia del pasado demostró que eso es clave para un acuerdo viable. "Me parece que éste es un punto absolutamente central", afirma, convencido.
Desde el sector empresario sostienen que la agenda debería estar marcada exclusivamente por "salarios y precios". Los demás temas, como la discusión de la política económica, deben ubicarse en el ámbito político y no en una mesa tripartita, analizan.
"El pacto promovido por Ber Gelbard no fue acompañado de una política macroeconómica fiscal y monetaria y terminó en un estallido de altísima inflación, terminó en el Rodrigazo, fue un fracaso", describe Kritz.
Finlandia, Suecia, Irlanda y España, han tenido sus respectivas experiencias (ver recuadro) y, crisis global mediante, en el mundo se empieza a hablar de acuerdos sociales para salir de la crisis.
"En diálogo social hay que hablar más de la distribución de la riqueza nacional que del salario. Es más amplio. Para los salarios están las paritarias", señala Recalde. Desde el sector empresario, en tanto, creen que el tema salarial debería ser un must del diálogo. En donde sí coinciden empresarios, Gobierno y sindicalistas es en tratar el tema de los precios. Depende el lugar del mostrador en el que se ubiquen, algunos hablan de inflación, otros de reacomodamiento y hay quienes se refieren a formación de precios. "Hay que evitar la formación de precios de forma monopólica u oligopólica. Esa posición dominante en el mercado incide mucho en las alzas que hubo en los valores de la canasta alimentaria", comenta Recalde.
Idea recurrente
"El pacto social es una idea recurrente, pero lamentablemente nunca terminó de tomar cuerpo o concretarse. Creo que en el marco inmediato que nos toca atravesar, algo así como un pacto o acuerdo social es ineludible, pero no es un elemento autosuficiente", coincide el economista Eduardo Curia. Y agrega: "Esto tendría que empezar con un esfuerzo, una adecuación cambiaria no tremenda pero tampoco banal, que restaure o regenere en parte la competitividad cambiaria. También se necesitaría una referencia del tema precios, de seguimiento y demás, que de alguna forma sea asumible por la sociedad, porque lo que se ha visto en todo este período es que hay una especie de bifurcación de expectativas y después las variables se van ajustando en función de ciertas expectativas y no de otras”, describe Curia, quien cree conveniente trabajar en un horizonte de reducción de la inflación.
Los empresarios, si bien le dieron la "bendición" al nuevo mandato de Cristina, creen que el riesgo de entrar en un esquema de acuerdo social pasa por crear "reunionitis".
"Nos pasaba que íbamos una y otra vez a una mesa cada vez más grande, pero con pocos avances cada vez que nos convocaban. Al final sentíamos que era una pérdida de tiempo, pero también una obligación estar", afirma el titular de una automotriz, con relación a negociaciones sectoriales entre las tres partes. Claro que el formato en este caso no era el de un pacto entre los actores sociales a nivel general como el que se pretende.
Un tema que también tiene demasiados puntos suspensivos es quiénes deberían ser los integrantes de la mesa chica: empresas y ejecutivos, ok, pero a través de cuántas y cuáles entidades; qué lugar debería tener la oposición y el resto de los partidos políticos también aparece entre las dudas; además de qué sectores del sindicalismo, por las internas propias de la CGT.
Federico Pinedo, diputado reelecto por el PRO, sostiene que "para que funcione el pacto social, todas las partes tienen que poner algo. Acá lo más importante es qué es lo que pone el Gobierno. Tiene que poner austeridad en el gasto, seriedad en la política monetaria para que no haya inflación y cuidar la competitividad de la economía". El legislador se muestra muy crítico respecto de la política actual: "Hay una incertidumbre total, por eso se sigue produciendo una cosa totalmente evitable, que es la fuga de capitales. Creo que la fuga de capitales se transformaría en inversión en seco si se vieran señales claras de confianza. Me parece que la clave es lo que se haga de acá a seis, ocho meses".
Por su parte, el sociólogo Marcos Novaro, va un paso más allá en el debate sobre el pacto que viene, y asegura que se necesitan organizaciones muy cohesionadas que puedan evitar que dentro de los campos de representación, sean trabajadores o empresarios, haya actores que puedan tener un comportamiento desleal efectivo para boicotear el pacto. "Supongamos que corran por izquierda al sindicalista que firma el pacto para decirle que está resignando alzas salariales que los trabajadores merecen, o empresarios que suben los precios e ignoren el pacto. Cuando pasa eso, ya tenés problemas".
Otra dificultad gira en torno a la necesidad de tener un Estado que sea confiable y medianamente imparcial. "Es muy difícil cuando tenés un Gobierno que se vanagloria de no ser imparcial en nada, de no ser neutral. Va a beneficiar a sus amigos y a perjudicar a sus enemigos", asegura, terminante el sociólogo, y se muestra escéptico respecto del largo plazo para un acuerdo social. "Esto capaz les sirve porque la crisis puede ser corta y porque por el ajuste que haya no se los va a responsabilizar a ellos sino a la economía mundial. Va a ser un ajuste injusto, desordenado, pero del cual van a poder desprenderse, como en 2009, cuando la economía se ajustó de forma injusta. Si la crisis es más larga que en 2009, la fórmula pesa, porque no podés fugar hacia adelante", resume.
El debate vuelve a comenzar. Investigación:
Jorgelina do Rosario z we
Cómo se aplicó en el resto del mundo
Finlandia
* En los años '50, partidos políticos, sindicatos y empresarios negociaron acuerdos de largo plazo de salarios y precios. Participó el Estado.
* A principios de los '90, el desempleo llegó al 20%, y se firmaron nuevos acuerdos tripartitos junto con el Gobierno. Hoy se reúnen anualmente.

Irlanda
* Con un país en crisis a fines de los '80, un grupo de funcionarios creó el Programa de Recuperación Nacional.
* El acuerdo firmado por el Gobierno, empresarios y sindicales incluía una reforma del sistema fiscal con reducción de impuestos para atraer inversiones.

España
* Los pactos de la Moncloa de 1977 mantuvieron la economía de mercado con intervenciones del Estado en el ámbito social.
* Se puso un techo en los aumentos de sueldo que coincidían con los niveles de inflación, junto con una pauta para el aumento de precios.

Suecia
* En 1938 se firmó el acuerdo de Saltsjöbaden, entre representantes de los trabajadores y empresarios que pactaron "paz social".
* Si las partes acordaban un nivel de salario, no se permitía hacer huelgas para lograr nuevos aumentos. Se mantuvo vigente por más de 40 años.



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