De la corporación al viñedo propio

De la corporación al viñedo propio

En los ´90, Roberto Luka compró tierras vírgenes al pie de la cordillera para elaborar vino premium. Así, abandonó su carrera corporativa y hoy su marca se vende en todo el mundo. Ahora apuesta al mercado local. 06 de Enero 2011
"En 10 años vamos a ser una bodega argentina líder en el mundo, dentro de la categoría vinos de calidad”, pronostica, sin titubear, Roberto Luka, fundador de bodegas Sophenia.
Pero esto es el presente o, mejor, el futuro. Todo empezó a fines del siglo pasado. Luka dio los primeros pasos en el universo bodeguero de la mano del Grupo Whertein, donde estaba a cargo de los negocios agropecuarios. “Cuando el grupo compró Finca Flichman, nació mi gusto por el vino. La marca multiplicó el volumen del negocio y lo orientó hacia afuera; en seis o siete años estaba quinta en el ranking de bodegas exportadoras de la Argentina. Pero en el ‘97 se vendió al grupo portugués Sogrape y me quedé tres años para hacer la transición”, cuenta.

Mientras tanto, la idea del viñedo propio empezaba a emerger. Entre brindis y saludos, un 31 de diciembre, en Punta del Este, Luka y su amigo Gustavo Benvenuto, se dijeron: “Tenemos que hacer algo juntos”. Y lo hicieron. Compraron 130 hectáreas -un desierto al pie de la cordillera de los Andes, en Tupungato, Mendoza- como una suerte de fondo de pensión para el futuro.

“Tuve la oportunidad de permanecer en el grupo Werthein o de continuar dentro del mundo del vino. Me quedé, es un negocio del que me enamoré y con Sophenia quise hacer algo distinto”, dice. Es que en el grupo tenía que vender 10 millones de botellas todos los años y pelear con las grandes cadenas a diario. Eligió menos estres y más pasión.

Cuando la década estaba agonizando, comenzaron a plantar las tierras y hacia fines de 2000 la viña estaba lista. “En la zona, se producen uvas que generan los vinos de mayor calidad por las condiciones del terroir. Lo que no tiene en latitud lo resolvemos con altitud y, a largo plazo, el calentamiento global las va a afectar menos”, dice Luka, al enumerar las virtudes de las tierras que lo prendaron. Allí, también, el clima es templado con gran amplitud térmica, se producen cultivos más naturales al margen de la polución y en tierras arenosas y rocosas que tienen muy buen drenaje.

En 2001 se incorporaron tres nuevos socios -Néstor Rebagliati, Daniel Sammartino y Adrián Werthein- y con ese aporte se construyó la bodega (a cargo del estudio de arquitectura Bormida & Yanson). Un año después, se elaboraron los primeros vinos que comenzaron a venderse al mercado durante 2004. “Decidimos cuál sería nuestra visión: ser representantes del vino argentino de alta calidad en el mundo”, dice el emprendedor. “Tuve que crear todo de la nada. Hacer una viña donde no la había, una marca que no existía, promover el vino en lugares remotos del mundo, donde nunca había estado”, comenta el presidente de la bodega.

El bivarietal inaugural
El primer blend de la bodega se hizo con los nombres de las hijas de los dos fundadores: Sophia y Eugenia. Ambas niñas -hoy tienen 23 años- iban al mismo colegio y a través de ellas sus padres tejieron una amistad, primero, y una empresa, después.

La marca empezó pisando fuerte en el exterior y hoy están posicionados en 30 países (los principales mercados son Estados Unidos, Inglaterra, Brasil y Japón). Al principio, la estrategia fue vender más en el exterior que tierra adentro (el 90% de la producción se exporta). “Nos fue muy bien afuera y ahora queremos que, además, nos vaya muy bien en la Argentina. Nos sentimos maduros para comenzar a pelear el mercado doméstico”, cuenta Luka.

Aquí, los vinos Sophenia se encuentran en restaurantes, hoteles, vinotecas y algunos supermercados, aunque Luka sigue conservando cierta distancia con las grandes cadenas. “Una cosa es estar allí y otra vapulear la marca, en función de las políticas comerciales de cualquier distribuidor”, advierte.

Luka fue presidente de Wines of Argentina entre 2002 y 2005. Hoy es miembro del directorio y tiene una visión particular del sector. “El vino argentino es fantástico, pero aún hay mucho por hacer. La Argentina tiene el 4% del mercado, Chile el 7% y Australia el 10%. Hay una gran oportunidad para crecer”, evalúa. Su meta es duplicar las ventas de Sophenia en los próximos cinco años y triplicarlas en la Argentina, hasta colocar en el mercado local entre 30 y 40% de la producción. Los vinos de la bodega -comercializa dos marcas, Sophenia y Altosur- se ubican en un rango entre $ 40 y $ 200.

Inflación
Como a toda empresa que habita el suelo criollo, a Sophenia también le llegan los ecos de la inflación. “A la hora de exportar, estamos teniendo serios problemas porque no podemos planificar, por ejemplo, cuánto va a valer la botella, la etiqueta o la caja de cartón. Además, los precios en el exterior no se pueden actualizar seguido: en 2011 tenemos previsto ajustar un 1,8% una línea y 3,2% la otra. Pero nuestros costos se incrementaron 60% en los últimos dos años y el tipo de cambio se devaluó un 8%”, sostiene Luka. “Ahora nos tocará perder, qué le vamos a hacer”, se resigna.

Según el emprendedor, en el país de cada tres marcas que salieron a exportar hoy no existen dos. “A la idea del glamour de la bodega propia hay que sumarle profesionales y pensar a largo plazo”, advierte.

Ficha
Producción: 800.000 botellas
Exportaciones: el 90% de la producción
Facturación: $ 13 millones
Facturación proyectada a julio 2011: $ 17 millones
Empleados: 30
Viñas: 125 hectáreas



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