De la caída al ascenso de la RSE 2.0

De la caída al ascenso de la RSE 2.0

Wayne Visser, Fundador y director de CSR International 06 de Octubre 2010

A pesar de su aparentemente impresionante progreso en las últimas décadas, la RSE ha fallado. Es más, estamos presenciando su fallecimiento, salvo que logre renacer y rejuvenecerse.

Indudablemente, la RSE ha tenido muchos impactos positivos, para las comunidades y el medio ambiente. Sin embargo, su éxito o fracaso debe ser juzgado en el contexto de los impactos totales de los negocios en la sociedad y el planeta. Desde esta perspectiva, tanto en el plano social, ecológico y ético, el impacto negativo de los negocios se convirtió en un desastre no mitigado, que la RSE no logró evitar o ni siquiera moderar sustancialmente.

¿Por qué fracasó tan espectacularmente a la hora de tratar estas temáticas, por las que se declamaba tan preocupada? Básicamente, esto remite a tres factores, la Triple Maldición de la RSE:

- RSE Incremental: si bien hay evidencia de mejoras graduales y en pequeña escala, la RSE no logró tener un impacto en las crisis de sustentabiliidad que enfrentamos.

- RSE Periférica: en el mejor de los casos, la RSE es una función periférica en la mayoría de las compañías. Puede haber un gerente a cargo, un área específica, un reporte y el compromiso con códigos de lo más variados, pero esto hace poco por cambiar un modelo de crecimiento y consumo que alimenta la degradación ambiental y la ruptura social.

- RSE Antieconómica: la “verdad inconveniente” es que la RSE a veces tiene un retorno, en circunstancias específicas, pero la mayoría de las veces no lo tiene. Los cambios más duros que esta práctica involucra requieren transformaciones estratégicas e inversiones masivas, que los mercados no pueden solventar.

Para ir más allá de estas maldiciones, necesitamos una revolución que, de ser exitosa, podría cambiar la manera en la que hablamos y gestionamos la RSE, y, en última instancia, en que abordamos los negocios. Llamo a este nuevo enfoque la RSE 2.0. Su ADN incluye cinco principios:
- Creatividad: el problema actual con la obsesión por los códigos y estándares de RSE es que fomenta un enfoque en el que lo importante pasa a ser sólo cumplir con una lista de tareas. Pero nuestros problemas sociales y ambientales son complejos e insuperables, volviendo vitales las soluciones creativas.

- Escala: la biblioteca de la RSE está poblada de encantadores casos de responsabilidad y sustentabilidad. El problema es que muy pocos de ellos llegan a alcanzar escala. 

- Reacción: hacen falta más alianzas entre sectores y enfoques motorizados por los stakeholders, en los distintos niveles. Así como más reacciones transformadoras, que cuestionen si determinadas industrias en particular o modelos de negocio específicos son parte de la solución o parte del problema.

- Glocality: este término implica pensar de manera global y actuar localmente. En nuestro mundo actual, las compañías (y sus detractores) deberán sofisticarse para combinar las normas internacionales con los contextos locales, encontrando soluciones culturalmente apropiadas. 

- Circularidad: nuestro sistema económico y comercial está basado en un diseño fallado, que actúa como si no hubiera límite en los recursos de consumo o en la disposición de los residuos. En cambio, necesitamos un enfoque “de la cuna a la cuna”, cerrando el círculo de producción para lograr artículos intrínsecamente buenos, en lugar de menos malos.

Lograr una contribución positiva a la sociedad es la esencia de la RSE 2.0, no sólo como un añadido marginal, sino como una manera de hacer negocios. No se trata de sacar el agua del Titanic con una cuchara de té -el cual es el efecto actual de la RSE 1.0- sino de dar vuelta el barco entero.



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