De emergente a globalizado

De emergente a globalizado

Su estudio tiene más de 1.200.000 metros entre proyectados y en construcción, sede en Panamá y en Chile. La historia de un arquitecto que rompió los moldes de una familia de médicos. 22 de Abril 2010

Quizás sea un día atípico. Los tres socios de BMA están en la vieja casona de la calle Seguí. Martín Bodas llega, sonríe y ofrece hacer la entrevista en su oficina-estudio. Mientras habla, juega con su pluma Lamy amarilla. Encastra y desencastra el capuchón acompasadamente. "Mi padre, mis hermanos y tíos son todos médicos. La verdad es que yo no quería esa profesión. A veces hay que romper el designio. El test vocacional me dio arquitectura y acá estoy", sostiene quien nunca se arrepintió de esa elección.

En sus épocas de estudiante, en la FADU, conoció a Rodolfo Miani, la M del estudio. "Comenzamos a hacer trabajos juntos, martirizando a toda la familia. Ellos fueron el conejo de indias de nuestras ideas”, recuerda. Luego, se asociaron con Horacio Torcello e hicieron concursos con él y con Clorindo Testa. "Horacio es un designer nato. Él me enseñó cómo entrarle a un proyecto, me abrió la cabeza". Para esa época también apareció Alejandro Anger, con quien en 1990 formaron BMA.

El comienzo de una época
Lo designa como su primer hijo y aún hoy, veinte años después, el Solar de la Abadía guarda un lugar de preferencia: "Fuimos a ver al dueño del terreno y le presentamos un proyecto para un shopping. Nos dijo que no necesitaba nuestras ideas pero a los cinco ó seis meses nos llamó. Finalmente lo hicimos, pero no exactamente como era nuestra idea". Esa primera gran obra les trajo otros proyectos comerciales. En ese momento también estaban trabajando con Antonini Schon Zemborain en el diseño de un edificio residencial. "Éramos chicos y despertamos así, como grandes. Es que, en nuestro país, la arquitectura tiene una historia de esplendor y de chatura. La generación intermedia, la de los que ahora tienen 50 ó 60, estuvo a la sombra de los grandes estudios, sacando excepciones. Hasta que apareció una generación a la que llamaron emergentes", dice Bodas, a quien ya esa etiqueta quedó pequeña. A su juicio, lo que hicieron bien fue encontrar una brecha en su profesión. "Comprendimos que la arquitectura era un servicio más dentro de un negocio enorme: el real estate”.

Especialización más especialización
Haberse consagrado como estudio de arquitectura comercial los favoreció. Ese punto de partida los encorsetó bastante, pero también les abrió puertas. "Hicimos el proyecto del Aeroparque Jorge Newbery porque nos llamaron por los locales comerciales. Y terminamos diseñando todo el aeropuerto". A partir de eso surgió otro camino: la arquitectura de transferencia. Así proyectaron la Estación de Once y la de Constitución. “Esta última no la hicimos porque el país explotó en 2001. Teníamos mucha expectativa, era un trabajo divino, mezcla de arquitectura y arqueología. Nunca quise volver para ver qué se terminó haciendo", dice el arquitecto. Luego, proyectaron varios aeropuertos en Argentina y otros en el exterior. También casinos, que, a su vez, trajeron hoteles. "Y después, la residencial es porque hicimos unos cuantos edificios y quedaron bien. Hoy debemos tener alrededor de 120 proyectos con alrededor de 1.200.000 metros", calcula. En cuanto a la regionalización, se dividen los mercados. "A mí me toca Colombia. A Rodolfo, Perú. Y Chile lo atendemos varios porque es muy grande. Pero, además, estamos trabajando en Beirut y en México. También tenemos muchas obras en Belice", agrega, mientras juega con un marcador grueso.

Filosofía Bodas
"Yo creo que uno va pasando por épocas. No sé si son los temas o la experiencia que vas atravesando. A veces te metés con una forma y la exprimís en distintos temas y usos. Hoy estamos con la sustentabilidad. Es un movimiento muy fuerte y del que sabemos muy poco. Los desarrolladores, sobre todo en otros países, nos piden que certifique green building". explica.

Además de a Torcello, Bodas admira a Javier Sánchez Gómez. "Marcó a toda una generación de arquitectos.También trabajé con Rubén Cherny,otra persona para aprender”, dice. Luego repasa una docena de nombres… y sigue. "Nunca trabajé con el inglés Hampton, que me parece un profesional excelente”, agrega. Renzo Piano es otro de sus referentes. “Un maestro de la expresión, del detalle constructivo, de la idea fuerza", señala.

Algo más de la filosofía Bodas: "No comulgo con el feng shui. Nosotros somos netamente occidentales y nos morimos de infarto. Ellos se mueren de viejos", concluye.



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