Dario Werthein: confesiones de un hacedor

Dario Werthein: confesiones de un hacedor

El menor de los integrantes del grupo Los W cuenta la intimidad de una empresa damiliar que marcó la economía argentina y que ahora vuelve a desembarcar en el segmento vitivinícola con su propia bodega. 13 de Enero 2012

El grupo Los W desembarcará en la provincia de Mendoza con la intención de regresar al mundo de los vinos. El encargado de esta misión, según informaciones del diario La Nación, será Darío Werthein, quien forma parte del grupo empresarial de la familia: Los W. En 2011, José Del Río, director de Revista Apertura, e Ignacio Federico, editor de One Shots, entrevistaron a Darío Werthein, quien se autodefinió y reveló sus expectativas. A continuación, el mano a mano con el empresario más joven de Los W desde uno de los lugares que más le apasionan: el campo. 

Mientras la tormenta finalmente se apiada de Buenos Aires y las nubes se disipan con la serenidad de haber cumplido –con rigor e inclemencia– su objetivo, cerca del mojón del kilómetro 410 de la Ruta 3, y a pocas leguas de las sierras de Tandil, el sol acaricia la mañana de un apacible pero algo ventoso jueves de abril. Darío Werthein, el más joven y (hasta ahora) menos conocido de los cuatro integrantes del Grupo Los W –completado por Daniel, Adrián (hijos de Noel) y Gerardo (nieto de Gregorio)–, se pasea de traje y sin corbata por los pastos verdes de la estancia La Moderna.

Él mismo eligió con anticipación el lugar de la entrevista con Clase Ejecutiva (Nota de Red.: un producto del grupo de revistas Apertura / El Cronista Comercial). Es que, si bien los negocios del hólding incluyen rubros tan disímiles como telecomunicaciones (Telecom), seguros (La Caja de Ahorro y Seguro), finanzas (participaciones en Standard Bank), oil & gas (Salina Grande I) y agrobusiness (Gregorio, Numo y Noel Werthein, Bodega Riglos y Cachamai, entre otros), es el agropecuario el que siente que más identifica a la familia. Con unas 90 mil hectáreas repartidas entre las provincias de Buenos Aires, Santa Fe y San Luis, participa de varios negocios vinculados a esa actividad, como la carne, las commodities, los specialties y hasta popcorn, fruta e infusiones. “Nosotros venimos del campo. Mi abuela decía: ‘Si tenés plata ahorrada, comprá campos’. Creo que sólo vendimos uno o dos en toda nuestra historia”, dice Darío Werthein, haciéndose eco de la tradición familiar. “El campo es una actividad de capital intensivo y buen retorno. Yo vengo de la parte financiera y aprendí este negocio de grande”, explica el empresario.

Una breve pero detallada recorrida incluye la visita al corral de cuatro ejemplares Aberdeen Angus que pertenecen a la cabaña Don Leo (bautizada en homenaje a su padre) y han sido especialmente seleccionados a partir del linaje, el pedigree y la evolución para competir en exposiciones y para transmitir su ADN a la producción masiva. “La ganadería volvió a ser un negocio rentable”, reconoce, al tiempo que saluda con un cercano abrazo a Alberto y Marito, los encargados de la hacienda.

El camino conduce al casco de la estancia. Werthein se detiene frente al dintel y, con aire ceremonial, abre las puertas de par en par y anuncia: “Bienvenidos a mi casa”. Pero enseguida abandona el tono solemne y lo reemplaza por una sencillez acorde a su ser criollo, matero y amante del asado. “Bah, también a la de mi vieja y mis hermanas”, completa don Darío, como lo llama cada persona con quien se cruza en la estancia.

La casa tiene un estilo marcadamente campestre, donde lo rústico no deja de lado el lujo, y donde abunda la decoración con mates revestidos en plata, facones y vitrinas con trofeos. Sólo un moderno LCD abre un tajo en la atmósfera agreste.

A pocos metros, otra arquitectura similar, y que mantiene el mismo estilo de la anterior, cumple la función de quincho. En la recepción se destacan varios premios recibidos por los grandes campeones de la hacienda y fotos antiguas de la familia. Sobresale una en la que se observa mucha gente comiendo un gran asado a la vera de una larga mesa. “Antes, los asados se hacían después del remate, para festejar. Ahora se hacen antes... y con mucho vino”, cuenta Werthein con picardía. En el living principal se impone una gran mesa de madera con capacidad para unas 20 personas, mientras que en las paredes se exhibe una serie de payadas escritas por él como homenaje a distintos miembros de su familia. Una escalera caracol desciende a una cava subterránea, donde abundan botellas de vino cuidadosamente ordenadas. En el ala derecha descansan los ejemplares del Viejo Mundo (principalmente Francia), mientras que en la izquierda se ubican los del Nuevo Mundo, como Australia, California y la Argentina. Las aberturas están hechas de rejas pesadas, antiguas, que el tiempo se encargó de oxidar. La luz, la humedad, la temperatura: todo es ideal para conservar el buen vino y para generar un clima acogedor, que, contra todo lo planeado, da comienzo a la charla. Así, mientras algunos metros más arriba un costillar se desgrasa en el fogón, Darío Werthein, en un mano a mano íntimo, describe su presente, revisita su pasado, ahonda en sus raíces familiares y describe el futuro de sus negocios. “Vinimos sin nada, nos arraigamos en esta tierra y ahora exportamos al mundo”, sintetiza.

¿Cómo se define en tanto hombre de negocios?
Como un hacedor.

¿Un hacedor de qué?
De negocios. De oportunidades. De trabajo. Y de ayuda social.

Varias veces, durante el recorrido por la estancia, y tal vez sin notarlo, nombró a su padre. ¿Qué significó para usted?
Es muy importante en mi vida.

¿De qué modo influyó Leo, su padre, en lo profesional y en lo personal?
Fue un modelo ejemplar de vida. Eso incluye todos los aspectos, desde el punto de vista empresario hasta como amigo. También para el país, por lo que generó. Y para nuestra familia. La verdad es que fue una persona muy importante para mí y para mis hermanas, como padre, como ejemplo. Cuando me dicen que me parezco a mi padre, para mí es un honor.

¿Y si tuviera que destacar dos virtudes?
Era una persona muy especial porque, por un lado, te hacía sentir que te contenía, que te apoyaba en todas las iniciativas que tenías. Pero, por otro lado, cuando te tenía que decir las cosas como son, no dudaba ni medio segundo. Y nunca sentías el enfrentamiento. Siempre sentías que te sumaba.

¿Y usted es así?
Eso no lo sé.

¿Cuál es su racconto de defectos y virtudes?
Defectos tengo un montón. Pero te diría que un punto fuerte es que soy trabajador, tenaz y si hay que ir para algún lugar, voy. Y siempre estoy dispuesto a dar un poco más y a seguir un ratito más que cualquier otro.

¿Cómo es su ritmo laboral?
Arranco temprano y termino tarde. Soy un luchador, no tengo problema si hay que trabajar 24 horas, si hay que viajar, si hay que barrer el piso o servir el vino. Y si hay que hacer un asado tampoco tengo problema.

No se le caen los anillos...
En ningún momento. En realidad, disfruto haciendo todas esas cosas. No disfruto el final, sino haciendo las cosas, en el medio.

Hablando de sus raíces, las suele asociar con el esfuerzo y el trabajo, pero varias veces usa también la palabra dolor cuando define el concepto de familia. ¿Por qué?
Porque no todas las cosas son fáciles, no todo a uno le sale rápidamente. Pasamos por momentos dolorosos en la vida personal y en la vida profesional. Y creo que la virtud de cada uno de nosotros es haber podido sobreponernos y seguido adelante. Imaginate, cuando mi bisabuelo vino a la Argentina, no tenía nada. Llegó al puerto, se puso a trabajar levantando bolsas y, a partir de ahí, pudo traer a su familia. Después se fueron por un recorrido, llegaron hasta la ciudad de Riglos, donde se establecieron y pusieron un negocio de ramos generales que se llamaba El Hebreo. Hacían cosas para la comunidad también, con lo cual, en nuestra familia, siempre tratamos de estar bien nosotros, pero también hacer que toda la sociedad esté bien. Por ejemplo, en Riglos ellos inventaron un club de fútbol para que la gente pudiera jugar. Digamos: en la mitad de Riglos estaba la vía, de un lado estaban los vascos y de otro lado estaban los que venían de Rusia. Y como había que atraer clientes, hicieron un club de fútbol y una iglesia, hacían fiestas para que se cruzaran de lado y poder vender un poco más. Y, al mismo tiempo, estaban construyendo para desarrollar la cultura de la ciudad.

Cuando le tocó ocupar una de las posiciones clave dentro de Los W, ¿cómo fue el primer día y cómo fue evolucionando profesionalmente?
Uno de los cuatro socios era mi papá. Cuando él falleció, yo quedé representando a mis hermanas, a mi madre y a mí. Y al principio es difícil, sobre todo, ocupar el lugar de otra persona. Es imposible porque no soy igual: no pienso lo mismo, tengo otra edad y otro background. Todos nos teníamos que adaptar y los roles tenían que volver a repartirse. Mi papá tenía una posición de liderazgo muy importante dentro del grupo y, como todo en la vida cambia constantemente, fue cambiando.

¿Qué particularidades tiene que todo sea familiar?
Es más lindo, creo que es mucho mejor.

¿Por qué? ¿Qué implica trabajar con la familia?
Depende cómo está seteada tu cabeza. Yo prefiero trabajar junto con mi familia que en cualquier otro lado. Tiene sus dificultades y tiene sus beneficios. Pero, para mí, es muchísimo más importante y motivador trabajar hoy con Gerardo, con Adrián y con Dani. La verdad que para mí es un placer y un orgullo enorme. No quiere decir que no tengamos diferencias: en algunas cosas intercambiamos opiniones. Pero la realidad es que, para mí, es un placer trabajar con ellos. Aprendo todos los días y espero que ellos también aprendan de mí.

¿Cómo diferencian las funciones y cómo se mantiene la armonía?
A fuerza de mucho trabajo, mucha conversación y mucho contacto. Y estando cerca. Eso mantiene el equilibrio y la armonía. Discutimos, pero ponemos las cosas sobre la mesa. Tomamos todas las decisiones por unanimidad. Nunca se ejerce la mayoría entre nosotros porque la verdad es que nos sentimos mucho mejor cuando estamos todos convencidos de lo que vamos a hacer. Sí hacemos el trabajo de convencernos, ayudarnos y apoyarnos. Y también bancarnos.

¿Y qué aporta usted dentro del grupo? ¿Qué rol asume en ese entramado?
Soy el más joven. Yo lo veo como una virtud.

¿Qué implica eso llevado a la práctica?
Soy el que empuja, pero también el que apoya cuando hay que apoyar. Trato de ponerme en el lugar de resolver problemas, no de generarlos. Buscar siempre el lado positivo de las cosas y contribuir con nuestra sociedad. No desde la postura de “me quiero llevar esto, quiero sacar esto para mí”. Creo que tenemos que pensar como equipo. Independientemente de que somos individuos, somos un equipo de trabajo y siempre vamos a ser más estando juntos que separados.

Algunas voces del management dicen que es bueno ser joven por el empuje y, otras, que implica el riesgo de cometer más errores...
Lo mejor es la sinergia entre la juventud y la tradición. Eso es lo que tenemos. Y nos lo inculcaron a nosotros y se lo transmitimos a nuestros hijos, porque ¿qué mejor que tener una combinación de juventud y experiencia, y que puedan trabajar juntos, tratando de ponerse de acuerdo en decisiones consensuadas? Creo que es una herramienta muy poderosa.

¿Cómo fueron sus comienzos?
Vengo de la parte financiera. Empecé a trabajar a los 19 años, cuando me fui a vivir solo. Además, en esa época también jugaba al básquet y cobraba algunos manguitos por eso. Terminé Administración de Empresas en la UBA y después me fui a hacer un MBA a la Universidad de Fordham, en Nueva York, donde me gané una beca por las notas que me iba sacando. Fui buen alumno en los Estados Unidos, aunque en la Argentina había sido un alumno medio: entre que jugaba al básquet y trabajaba, me quedaba poco tiempo para estudiar. Terminé el MBA y me contrataron de una compañía coreana para trabajar en investement banking, manejando sus inversiones en Latinoamérica. Trabajé algunos años en esa compañía hasta que, hablando con Adrián y con mi papá, me invitaron a volver para trabajar con ellos. Para mí fue un orgullo tener esa charla. Y me volví para sumarme al Banco Mercantil. Estuve allí y en la Caja de Ahorro en diferentes posiciones. Hasta el año 2000, cuando una decisión familiar estableció que ningún Werthein podía a trabajar operativamente en las compañías sino que íbamos a estar desde el punto de vista estratégico y de dirección. Todas las empresas se profesionalizaron y, desde entonces, se manejan con un management propio. Luego falleció mi papá y ocupé la posición que mantengo hoy.

¿Así surge el Grupo Los W como concepto?
No, fue antes. Surgió cuando entramos en CEI.

¿Haber pasado por una compañía que no era del grupo familiar también lo validó para el momento en que lo repatriaron?
Para mí fue excelente esa etapa. Fue una experiencia personal muy importante porque pude aprender muchas cosas. Es bueno tener una experiencia propia y probarte, porque los pingos se ven en la cancha.

Hoy, el grupo participa en empresas con actividades en rubros bien disímiles. ¿Cuál sería el análisis de cada uno de los negocios y sus proyectos?
La Caja de Ahorro es la compañía líder en el mercado de seguros y creo que lo va a seguir siendo por muchos años más. Tiene una brand recognition muy importante. Antes era la Caja Nacional de Ahorro y Seguro, donde todo el mundo iba con la libretita, tenía sus ahorros. Después dejó de ser un banco.

¿El objetivo es crecer con adquisiciones y salir al exterior?
La Caja tiene un negocio muy específico que es vender seguros de manera directa, sin intervención de brokers. Con lo cual, nosotros crecemos –y crecimos– mucho a través del telemarketing, también con sucursales en todo el país. Lo bueno de La Caja es que trabaja uno a uno con los clientes. Es la diferencia con el mercado.

¿Y con el Standard Bank?
Desde que vendimos el Banco Mercantil pudimos entrar en el Standard Bank con una participación minoritaria porque la verdad es que tenemos una relación con el Standard de Sudáfrica que es excelente. Son unos excelentes managers y vienen de un mercado que es parecido en cuanto a los altibajos, por las crisis. Nos llevamos muy bien y estamos muy contentos de cómo están manejando el negocio del banco. Aparte, compramos el Bank Boston, que tenía una marca muy importante en la Argentina.

¿La idea sería crecer en participación?
No. Estamos en plenas negociaciones a ver qué pasa.

En el caso de Telecom, ¿la novela se resolvió con un final feliz para todos?
Telecom es una de las compañías más importantes que tiene la Argentina y está en un mercado netamente de crecimiento. No solamente en la Argentina, sino también a nivel mundial. Las comunicaciones pasaron a tener un rol preponderante en la vida de todas las personas, con lo cual Telecom está ubicada en una situación de privilegio de cara al futuro. Tenemos hoy una relación con los italianos que, realmente, es maravillosa. Recompuesta la situación, creo que es una alianza y una sociedad muy importante.

¿Y se vienen épocas de inversión en Telecom?
En Telecom siempre hay que invertir. Todos los años tenés un capex (N. de la R.: Capital expenditures o gastos de capital) de casi el 15 por ciento de la rentabilidad. Y tenemos un plan de inversiones muy agresivo, como todos los años. Porque la tecnología va cambiando cada cinco meses y, en comunicaciones, siempre tenemos que estar a la vanguardia.

En el caso de la novela con los italianos, por llamarlo de alguna manera, ¿qué balance hace de haber vivido esos días que no fueron tan simples para el hólding?
Desde el punto de vista profesional, fue una experiencia de la que aprendimos mucho. Evidentemente cometimos algunos errores y tenemos que aprender hacia adelante, pero creo que tuvo un final que fue muy bueno para todos, para el Gobierno, para los italianos y para nosotros. Todos estamos contentos con el desenlace.

¿Cómo se llega a tal desenlace, cuando se pensaba que la historia tenía más capítulos?
La realidad es que nosotros nunca cortamos el diálogo. Se venía manteniendo en paralelo, a lo largo de todos los altos y bajos. Y de repente estábamos en el fondo. Y de repente estábamos arriba. Pero yo creo que Telecom Italia tenía bien en claro lo que quería hacer todo el tiempo y no se apartó de su objetivo.

Lo que sí se logró fue que su objetivo se acercase al objetivo que también ustedes tenían...
Totalmente. Para Telecom Italia, Telecom Argentina es una compañía muy importante. Ellos no se querían ir, nosotros tampoco. Creo que el poder aunar criterios y objetivos nos permitió poder encontrarnos de vuelta.

Otro gran paraguas del grupo es el campo, ¿cómo es hoy su relación con este negocio?
También todos somos parte del negocio del campo. Tenemos unas 90 mil hectáreas repartidas por distintos lugares de la provincia de Buenos Aires, San Luis y Santa Fe. Estamos en varios negocios, como carne, commodities, specialties como el popcorn, y en el negocio de la fruta en el valle de Río Negro con una fábrica de manzanas. También nos dedicamos a las infusiones con Cachamai. Participamos todos activamente si bien, principalmente, está controlado por Daniel, pero la verdad es que nosotros venimos de ahí. Venimos del campo. Creo que vendimos un campo o dos en toda nuestra historia. Hace hincapié en el popcorn, me sorprende... Somos buenos productores de popcorn y se está vendiendo bien en este momento.

¿Como maíz pisingallo o ya elaborado?
Compramos el maíz pisingallo, lo clasificamos, lo embolsamos y lo vendemos principalmente en España con marca genérica.

¿Y no tienen idea de sacar algo con marca propia?
Intentamos, pero el mercado es muy competitivo. Preferimos hacer sin marca y a granel.

Las manzanas también son un clásico, ¿cómo está actualmente el negocio?
Está muy bien. Fueron años difíciles pero seguimos trabajando con la fábrica como siempre. El problema es la competencia con China y sus manzanas a precios mucho más bajos, lo cual nos complicaba un poco. Es que en Latinoamérica hay solamente dos hornos, uno en Chile y uno en la Argentina. Tratamos de hablar con los chilenos para ver si podíamos llegar a un acuerdo, pero ellos tenían otros proyectos, querían ir hacia otros productos. Vendemos manzanas deshidratadas, frutillas y peras, proveemos fruta para las barritas de cereales.

¿Hay en carpeta algún proyecto en el segmento de los snacks?
Estamos estudiando la posibilidad de hacer un snack a base de manzana. Y de utilizar sinergias en la red de distribución de Cachamai. La marca todavía no la tenemos, pero sí la distribución de Cachamai y la producción de Gregorio, Numo y Noel Werthein.

¿Qué planes hay para Cachamai, en concreto?
Estamos creciendo casi ciento por ciento en exportación por año, tanto a los Estados Unidos como a Venezuela, Rusia y Chile.

¿Fue una sorpresa, para ustedes, Cachamai como etiqueta nueva para el portfolio? ¿Esperaban tan buenos resultados?
La verdad es que no teníamos experiencia cuando entramos y estamos muy contentos. Es una compañía que tiene una brand recognition muy buena. Ya es un genérico. Desde 2005 hasta hoy crecimos casi el 30 por ciento por año, entre volumen y precio. Es una compañía que factura unos $ 50 millones. También sacamos Cachamate, que es yerba.

¿Van a expandir la marca a otras infusiones?
Si la marca da para estirarla, es posible. Estamos evaluando muchos proyectos en diferentes áreas. Y en la medida en que los vamos desarrollando y nos vamos convenciendo, vamos a ir entrando.

Un deportista nato

¿Cuál es su relación con los deportes?
Mucha. Jugué al básquet en la liga nacional, hace muchísimos años. Jugaba para Acoaj. Hoy sigo con fuerte presencia para las cenas de los amigos y de los ex jugadores. Y, de paso, nos juntamos y jugamos un picadito. A mi edad ya estoy para disfrutar el básquet y pasarla lindo. Pero sigo a mis hijas, que son deportistas también: juegan al hockey femenino. Las sigo y estoy todos los sábados, desde las 10 de la mañana hasta las seis de la tarde, parado, viendo los partidos y haciendo hinchada.

¿Y su vínculo con la aventura?
También hice deporte de aventura en una época de mi vida. Corrí carreras de aventura en Tucumán, San Rafael, Mendoza, Misiones y Buenos Aires. Había varias disciplinas, como remar, correr, escalar, nadar, concentradas a lo largo de dos o tres días. Con una brújula había que ir buscando el camino a través de las montañas. Es una experiencia muy linda.

¿Y eso por qué le gusta?
Porque implica el desafío de superarse. Y por el contacto que hay entre el cuerpo y la naturaleza. Llega un momento en que te da unas sensaciones pocas veces vividas porque cuando pensás que el cuerpo se cansa y terminó, siempre da un poco más. Siempre tenés un poco más de resto y te vas adaptando y vas cambiando para llegar. Por eso, cuando vos me preguntaste cuál es mi principal virtud yo te dije: “Siempre estoy dispuesto a dar un poco más”. Me gusta, la verdad que lo disfruto.

Al dar siempre un poco más, ¿cómo logra un balance con su vida privada?
Es una forma de ser que abarca tu vida personal así como los negocios y todo lo que emprendés.

¿Y siempre pide un poco más a los demás?
Antes, quizás sí, cuando era más joven. Ahora no, me fui calmando. Y voy entendiendo. La verdad es que hay que hacer las cosas no para que vuelvan. Hay que hacer las cosas porque uno las siente, porque uno las quiere y sin esperar que vuelva nada. La elección es de uno. Y lo que vos ponés es tuyo, no de los demás.

¿Cómo se lleva con la política?
Me llevo bien. Creo que la Argentina es un país que tiene un montón de oportunidades. Estamos en el buen camino. Estoy muy orgulloso de ser argentino, por todo lo que tengo, todo lo que soy. Nací en la Argentina y me siento súper argentino. Y voy a trabajar por eso.

¿Le gusta como está hoy la economía?
Pienso que estamos bien desde el punto de vista económico y que tenemos una oportunidad a nivel mundial de seguir mejorando. No la debemos desaprovechar. Estamos trabajando bien. Es un año de elecciones y un año socialmente movido. Pero la verdad que lo veo con optimismo y las alternativas son muy interesantes.

¿Y el clima de negocios cómo lo ve?
Hay que manejarse con cuidado, pero está muy propicio.

Pero hoy vale más el contacto local, ¿cree que el empresario argentino tiene mucho por ganar?
Sí, muchísimo. Creo que el empresario argentino está muy bien preparado, conoce el contexto, conoce las variables, sabe cómo moverse. A nivel mundial, hoy los empresarios argentinos están bien cotizados.

¿Por qué mantiene el bajo perfil?
Me gusta, me siento cómodo. Prefiero ir haciendo cosas y, en la medida en que las voy haciendo, algunas se van viendo. La mejor manera de dar un ejemplo es hacer, concretar. Después, de alguna manera, se va a ver.

Como al principio de la charla, Werthein vuelve a definirse como un hombre de acción, un hacedor. Y, ya con el grabador apagado, vuelve a sentir la tranquilidad y el cobijo del campo. Donde es, simplemente, don Darío.



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