Daniel Artana:

Daniel Artana: "No se puede vivir de fiesta"

02 de Febrero 2011
“El Gobierno eligió ir con el acelerador a fondo cuando el mundo te movía el auto solo. Lo peor es que la   Argentina va sin seguro. Mientras no choquemos, estamos mejor que el que lo paga porque podemos usar el dinero para otra cosa. Pero hay que hacer el verdadero testeo cuando sufrís el incidente. Además, nos comparamos con países que sí compraron ese seguro. Acá, se gasta en exceso en el boom, en la recuperación... Y eso no es sostenible”. Así, grafica la situación Daniel Artana, economista Jefe de la Fundación de Investigaciones Económicas Latinoamericanas (FIEL).

¿Cuáles son sus perspectivas para este año? 
La actividad, que cayó cerca del 3 por ciento en 2009, creció algo más del 9 ciento en 2010 y, este año, lo hará un 6, si el clima acompaña a la cosecha. Si no, será medio punto menos. Hay un contexto internacional, muy favorable para la región y para la Argentina, que compensa algunas falencias de las políticas públicas. Pero no todas. El principal problema para los próximos años es cómo bajamos la inflación.

Sobre todo, en un año electoral.
La Argentina tiene por delante un ajuste de precios relativos que será traumático. Si uno mira la herencia, nos encontramos con inflación, el tema de los precios relativos, necesidad de mejorar los números fiscales y la gran asignatura pendiente: que el gasto tenga, por lo menos, algo de eficiencia. La participación estatal en el producto supera los 40 puntos, que es lo que tienen los Estados Unidos, Japón y casi toda América latina. Deberíamos contar con servicios públicos de excelencia y eso contrasta con la percepción de la gente sobre la seguridad, la salud y la educación.

¿Cuánto tiempo le queda a este modelo sin hacer correcciones?
Hay dos tests de enfriamiento de la economía, que no ocurrirán en 2011. Pero lo que está claro es que, durante el año,  con un aumento de salarios, en dólares, arriba del 20 por ciento anual, el margen cambiario se termina en diciembre. Y, con ello, también  los créditos a tasas de interés muy por debajo de la inflación real, que son los que hoy mueven el consumo. Todavía hay un tipo de cambio algo por encima del de equilibrio. Eso permite tener la tasa de interés por debajo de la inflación real y no pasa nada porque, con un tipo de cambio estable, la gente gana algo en dólares. El segundo test de  enfriamiento que se puede sortear bien, aunque no con esta política económica,  es cuando el mundo vuelva a  valores más normales de las variables macroeconómicas en 2012 ó 2013. El tema es que hoy, con tasas de interés irrealistas, por lo bajas, se generan burbujas y puede haber una en el precio de las commodities. El problema es que el Gobierno gasta ahora lo que necesitará para pagar la cuenta que no saldó. Hay que dejar de mirar la economía de la semana que viene y ocuparse de la de los próximos tres o cuatro años, como lo hace Uruguay. No se puede vivir de fiesta. El  modelo se resquebrajó en el momento en el que se disparó la inflación.

¿Qué medida tomaría? 
Pararla de golpe genera un receso. El arte de la política económica es bajarla gradualmente, para no afectar el ritmo. ¿Cómo? Hay que expandir menos la cantidad de dinero y ser más prudente en el gasto. La receta es conocida pero choca con la lógica del Gobierno, que es gastar, gastar y gastar. No la aplicará porque, si quisiera resolver el tema, lo mediría bien. El Gobierno se autoengaña. Niega la realidad porque no le gusta. Con una inflación del 20 y pico por ciento, el termómetro demuestra que algo se está haciendo mal. Por ejemplo, la protección fue un error. Se le dio de comer a quienes buscan renta. No es la forma genuina de resolver problemas. Está el cuento que la protección genera más trabajo. Y, si analizás  los aumentos de evolución del empleo, te das cuenta de que es una forma cara de generarlo. No creo que los países con bajo desempleo lo hayan logrado porque protejan en exceso a los sectores industriales. Se confunde el atraso cambiario de la convertibilidad con la apertura económica. Las economías abiertas no tienen por qué tener un atraso cambiario. Ese fue un error de inconsistencia de política de los ’90, que le vino como anillo al dedo a sectores industriales, en particular, a los que tienen protecciones desmedidas.



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