Cuánto pierden las empresas por el uso de las redes sociales

Cuánto pierden las empresas por el uso de las redes sociales

Facebook y Twitter suelen ser utilizadas para distender el clima laboral. Pero un uso desconsiderado puede generar pérdidas a las firmas. Qué medida conviene tomar. El caso del Pac-Man y Google. 29 de Septiembre 2010

El empleado llega el lunes a la oficina y navega en Facebook para ver las fotos que subió un amigo que viajó a Córdoba el fin de semana o para ver la galería que añadió un primo del casamiento de 2009. De paso, chatea con quien está online y comenta en las fotos subidas días atrás. Finalmente, se toma unos minutos más para avanzar en la cosecha del Farmville -el juego más popular de esta red social- y, por último, carga más imágenes propias. En horario laboral, esto puede llevarle 15 minutos si lo utiliza con responsabilidad. Si no, más de una hora.

Twitter es diferente. En esta red, uno comenta lo que está haciendo en 140 caracteres. No más. Pero, puede entrar constantemente y “leer” a sus seguidores. Esa lectura puede llevar a Webs interesantes, noticias insólitas o a entablar un diálogo ameno pero también interminable.

¿Se desperdicia el tiempo? ¿Cuánto pierde la empresa mientras el empleado pasea por Facebook o Twitter? ¿Se puede llamar pérdida a esto o es parte del tiempo en el cual el trabajador se relaja y por ende después lo hace con más ánimo?

Según un informe de la consultora británica Morse, especializada en tecnologías, el uso de Twitter, Facebook y otras redes sociales le cuesta a las firmas de ese país 1.380 millones de libras al año (u$s 2.250 millones). De los 1.460 empleados consultados en el informe, el 57% admitió que usa el horario laboral para utilizarlas. En promedio, cada una de estas personas pasa 40 minutos por semana en la Web, lo que equivale a casi una semana completa de trabajo perdida por año. Según analiza el consultor de Morse, Philip Wicks, ante medios ingleses, “está claro que las empresas no deben ignorar esta tendencia (del uso de las redes sociales) pero tampoco prohibirlas, sino aplicar políticas para un uso racional de ellas”. En ese sentido, las cifras parecen darle la razón: el 76% de los encuestados dijo que su empleador no le dio directivas precisas acerca del uso de estas herramientas.

La experiencia local
En la Argentina, la compañía Phillip Morris fue una de las que decidió tomar el toro por las astas: bloqueó este tipo de páginas para evitar que los empleados se distraigan en horario laboral. “El ámbito de oficina es para trabajar. Si bien uno puede tomarse un momento para distraerse, existe la posibilidad de abusar de ello y no rendir lo mismo”, explica Santiago Feijoó, del área de Recursos Humanos de la compañía, en diálogo con IT Business. Con esta medida, agrega Feijoó, “obtuvimos personas más dedicadas y focalizadas. Si bien no todos abusan, ya con que algunos de ellos lo use desconsideradamente alcanza para tener que tomar alguna medida”. El bloqueo no es total. Por eso, para los momentos de distracción, está permitido visitar otro tipo de páginas: “Los diarios Olé, La Nación, Infobae y casillas de e-mails están en el top five”, explican desde Phillip Morris.

Peninsula Employment Law and Health & Safety Specialists (Inglaterra) realizó un informe en el cual llegó a una conclusión interesante: los trabajadores que utilizan Facebook, diariamente, cuestan a las empresas 130 millones de libras por día (u$s 198 millones). Así, por mes, se malgastan 233 millones de horas. El informe se realizó en base a una encuesta a 3.500 empleados. Según datos de la BBC, la empresa Kent County Council (KCC) tomó una medida igual a la de Phillip Morris: bloqueó el acceso a la red social. ¿Obtuvo algún beneficio? Según el área de Recursos Humanos sí, aunque los empleados no tardaron en criticar la medida.

El caso Pac-Man
El viernes 21 de mayo Google celebró el 30°aniversario del Pac-Man de una manera original. En lugar del logo propio en el buscador, estaba el juego. Ese día, hubo pocos usuarios del buscador que no aprovecharan unos minutos para jugar, aunque sea una vez más, al Pac-Man. Sobre esa experiencia, la empresa Rescue Time (desarrolladora de software que muestra cómo el trabajador pasa su tiempo para ayudarle a ser más productivo), hizo un cálculo basado en la carpeta de usuarios. Concluyó que el costo del entretenimiento, aquel viernes y en todo el mundo, fue de 4,8 millones horas-hombre. A un costo de u$s 25 la hora, el mundo corporativo perdió casi u$s 121 millones por el Pac-Man.

“El escenario laboral se encuentra atravesando un nuevo paradigma, el cual nos somete a cambios tanto a nivel de aptitudes, actitudes como habilidades. Este pasaje del paradigma fordista, el cual pedía trabajadores con baja autonomía, repeticiones y un alto respeto por las normas, sufrió un proceso de modificación hacia una nueva forma de "ser" en el trabajo”, analiza la psicóloga Roxana López. Por esa razón, “lo que cambió no sólo fue el modelo económico, sino también el avance tecnológico y social, llevando a convocar en el sujeto laboral nuevas competencias y habilidades”, cierra.

Para la especialista, al bloquear o prohibir estas herramientas (Twitter, Facebook) no se estaría teniendo en cuenta la capacidad de autocontrol que tiene y se le exige al sujeto en el nuevo modelo de empresa. “El trabajador participa activamente en un escenario con tiempos, espacios y vínculos cada vez más amplios, que favorecen tanto la comunicación de los clientes internos como externos”, considera López, que plantea que lo realmente importante, en este caso, no es si el empleado se distrae o no con la utilización de las redes sociales, sino que el foco se encuentre en la gestión que tienda a integrar los objetivos estratégicos de la empresa con las aspiraciones, intereses y necesidades de desarrollo del empleado. “Debemos pensar en políticas flexibles en un mundo donde el rol económico y social se encuentra en un proceso de cambio”, detalla.

Los números marcan una tendencia y es que las empresas pierden dinero con demasiado uso de redes sociales. El dilema es saber si es una pérdida innecesaria o una distracción beneficiosa para el rendimiento en la jornada laboral. Según los analistas, la prohibición total sería un arma de doble filo. Por un lado, se obtiene un control del tiempo trabajado, pero por el otro el empleado necesita de ese break. Cada empresa toma una decisión, el tiempo dirá quién tomó la correcta.



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