Cruceros boutique, una alfombra roja sobre las aguas

Cruceros boutique, una alfombra roja sobre las aguas

Se asume que exclusividad, sofisticación e intimidad son atributos ajenos al ocio a bordo. Pero una nueva generación de barcos demuestra que la experiencia del lujo se potencia en altamar. 19 de Marzo 2010

Pasó inadvertido para la mayoría. Deliberadamente. Hace pocas semanas, atracó en el puerto de Buenos Aires el más lujoso crucero de la categoría pequeñas embarcaciones, como se denomina a las que brindan servicios de nivel relais chateaux&gourmand, hospedan a entre 500 y 900 pasajeros, disponen sólo de suites con vista exterior (e incluso balcones o decks privados sobre el océano, algunos con jacuzzi) y mantienen una alta proporción de anfitriones, restaurantes y espacios de ocio por viajero.

En el marco de su viaje inaugural de 92 días por Centro y Sudamérica, el Silver Spirit llegó a Buenos Aires tras haber zarpado de Fort Lauderdale para visitar 45 puertos en 20 países, incluyendo postas tan variopintas como Roseau (República Dominicana), Bridgetown (Barbados), Islas Malvinas, Puntarenas (Costa Rica), Puerto Quetzal (Guatemala) y Los Ángeles (Estados Unidos).

Con un costo promedio de u$s 42 mil por persona en una suite estándar (si se reservaba con antelación), los apenas 540 pasajeros de la botadura más flamante de la compañía naviera Silversea accedieron a su porción de paraíso flotante.

Porque, a bordo, lo menudo se resignifica: cada suite (no existe el camarote con vista a un pasillo o un ascensor tan común en los ships masivos) cuenta con un consierge particular; la gastronomía de alta gama abreva tanto en los postulados del slow food como en las excentricidades a la carta (como lo prueba la disponibilidad de kobe beef); los amenities son de marcas premium (Bulgari, Neutrogena, Aqua di Parma); cada recámara tiene asignada una butaca exclusiva en el teatro (cada una y todas las noches de la travesía); el dress code es elegante casual (un resguardo frente a la tendencia al overdress de los neófitos); el servicio de room service es paso a paso (para que nada se enfríe, derrita, malogre) y el programa de actividades honra el equilibrio exacto entre estímulo y rélax (clases de yoga, masaje balinés y sesiones de meditación diarias). Con el agregado de que se trata de un auténtico all inclusive (contando tips, room service las 24 horas, bebidas alcohólicas y orquídeas frescas en el cuarto). Casino, boutiques y observatorio astronómico son excusas para replicar, con mejor fortuna, aquella proclama cinematográfica de ¡king of the world!



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