Crónica desde el frío invierno de la economía americana

Crónica desde el frío invierno de la economía americana

Al margen del escándalo de WikiLeaks que jaquea a su administración, Barack Obama enfrenta, además, una crisis económica que ha dejado serias huellas en la población norteamericana. Al rigor del desempleo, se suman el aumento de la pobreza y un cambio en los hábitos de consumo de millones de estadounidenses que sueñan con recuperar su standard de vida. 03 de Diciembre 2010

A simple vista, la vida en los Estados Unidos conserva su tradicional confort. Al menos en San Diego, una ciudad costera en el sudoeste del país y muy cerca de la frontera con México, la fuerte recesión no se exterioriza. Famosa por su clima templado y sus extensas playas, en sus autopistas impecables siguen circulando autos lujosos, se ven casas en construcción, los shoppings no están vacíos, y los empleados de oficinas y bares conservan el elegante sport y el sonriente Have a nice day siempre a mano.

Al parecer, la gran potencia global sigue gozando de buena salud. Pero esta apariencia no muestra una realidad económica amenazante: el déficit fiscal es récord (u$s 1,47 billones), la guerra cambiaria con China está lejos de resolverse y a pesar de todas las políticas de estímulo implementadas, la tasa de desempleo se mantiene en el 9,6%.

Aunque la inercia del bienestar sigue vigente, la crisis está modificando muchas costumbres.

Ajustarse el cinturón
“No puedo decir que nuestras actividades hayan cambiado mucho, porque nuestros gastos son siempre frugales”, comenta el profesor universitario Kent, que se jubiló hace cinco años.

“Compramos un Toyota Prius para economizar el gasto en nafta y ya no hacemos viajes al extranjero”, dice, pero a continuación advierte: “Mi caso es singular. Tengo amigos que hace dos años perdieron su trabajo y todavía no han logrado reinsertarse en la vida laboral. Ellos están siendo mantenidos por sus familiares”.

A continuación relata: “Uno de los que ha estado sin trabajo no puede vender su casa porque debe mucho más en la hipoteca de lo que vale actualmente el inmueble. Así que se ha visto afectado directamente y por partida doble. También tengo amigos que se vieron obligados a retrasar la jubilación ya que sus ahorros se redujeron a la mitad o algo peor”.

Lynn Yayson asegura que su sueldo como empleada de una librería de la Universidad de San Siego la obliga a pensar más antes de adquirir algo: “Ya no compro por comprar. Antes me pregunto si realmente es necesario”, comenta.

“Ahora cocino más”, refuerza Dana Littlefield, una periodista de San Diego, quien antes salía con frecuencia a comer a restaurantes y coincide con Kent: “Muchos evitamos los largos trayectos en auto por el alto precio de la nafta”.

Carol Levingston explica algo que no se percibe a primera vista: “Aunque se vea gente en los shoppings, lo cierto es que no compran. Las tiendas se desviven por tentar a los potenciales compradores con jugosas ofertas, pero éstos salen con las manos vacías. Eso ha hecho que muchos comercios cierren sus puertas, especialmente en los rubros del vestido y artículos para el hogar. Ahora en lo que se invierte es principalmente en comida y la gente ha dejado de consumir alimentos sofisticados y a la hora de elegir optan por lo más barato”.

Levinston añade que antes de la crisis, la gente normalmente compraba todo a crédito, y muchos usaban varias tarjetas. ”Eso está prácticamente desapareciendo y los más afectados como siempre son los de la clase media”.

“Incluso la idea del retiro de tropas de Irak o de Afganistán responde a que se quiere ahorrar presupuesto para invertirlo en incentivos económicos que puedan generar empleo”, explica.

“El problema no es ya que la situación económica sea mala. Lo que realmente preocupa es que no se ve una salida a corto, mediano ni largo plazo. La palabra que define todo es frustración y ésta se vió reflejada en las elecciones legislativas”, concluye.

El pasado 2 de noviembre hubo elecciones legislativas en los Estados Unidos en las que el Partido Demócrata perdió la mayoría en la Cámara de Representantes. Analistas políticos coincidieron en llamar “voto castigo” al resultado electoral, dado los magros resultados obtenidos por la administración Obama para mejorar la economía.

Menos bodas y más estudios
Otro cambio detectado en las costumbres norteamericanas es que las parejas se casan menos y cohabitan más: este último ítem aumentó 13% este año. Este porcentaje está directamente emparentado con la tasa de desocupación, al igual que la caída en el número de parejas en la que ambos tienen empleo.

Del último censo se desprende también que la proporción de gente buscando un título universitario o un posgrado creció casi 28%, para poder competir mejor a la hora de buscar trabajo.

Las líneas aéreas no quedan afuera de la tendencia y redujeron la calidad del servicio en los vuelos domésticos: durante el trayecto de tres horas Dallas-San Diego los pasajeros se tienen que conformar con una bebida no alcohólica. Quien quiere comer un sandwich tiene que pagar u$s 10 por él.

La publicidad en los diarios es también un reflejo de los nuevos tiempos. Los avisos ya no ofrecen anillos de diamantes ni autos extremadamente caros. En su lugar aparecen las últimas novedades en tecnología o carreras terciarias que facilitan el acceso al empleo.

Pero si se los compara con los avisos de la Argentina del 2000/2001, centrados en ofertas de yogures, leche o pan, las distancias son gigantes.

Lo cierto es que la vida en la gran potencia ha dado un giro. El último informe del bureau del Censo revela que la pobreza en los Estados Unidos llegó a su nivel más alto en 2010 y la brecha de ingresos entre los más ricos y los más pobres creció el año pasado al pico más alto de la historia.

Precisa, además, que el 20% de los estadounidenses que más ganan -superan los u$s 100.000 anuales- sumaron el 49% de los ingresos nacionales, contra el 3,4% obtenido por quienes se ubican debajo de la línea de la pobreza.

La confianza intacta
Sin ser demasiado evidente, la crisis generó muchos cambios en los hábitos de los consumidores de los Estados Unidos. Lo que no cambió y se mantiene aún en la adversidad es el orgullo que tienen de ser estadounidenses.

Pese a la crisis, la confianza es fuerte. No respecto de los gobernantes (la popularidad de Obama en la actualidad es baja), sino en la capacidad del pueblo estadounidense de recuperarse. Perder su condición de primera potencia les resulta, al menos por ahora, imposible.

El ajuste Obama
Al igual que Grecia, España o Irlanda, el gobierno norteamericano anunció esta semana que congelará los salarios estatales, además de que hará recortes en el gasto federal para reducir el déficit presupuestario en u$s 1,3 billones. El objetivo del ajuste es frenar nuevos despidos y bajar la desocupación.

El presidente Barack Obama advirtió que un endurecimiento fiscal muy abrupto pondría en riesgo la recuperación económica.

El congelamiento de los salarios de los empleados del gobierno federal será por dos años. La medida sólo se aplicará a los empleados administrativos y permitirá ahorrar u$s2.000 millones en el año fiscal 2011, otros 28.000 millones en los próximos cinco años y más de 60.000 millones en la década, según estimaciones de la Casa Blanca.



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