Cristina, lo que dijo y lo que hace con las instituciones

Cristina, lo que dijo y lo que hace con las instituciones

Presionó a la Justicia, ordenó no ceder en pos del consenso en el Congreso, neutralizó a los organismos de control del Estado (AGN, SIGEN, Oficina Anticorrupción). En estos días, fue por el Banco Central de la República Argentina. En dos años, Cristina Kirchner consiguió romper en mil pedazos su principal promesa de campaña, la de fortalecer las instituciones de la Argentina. 08 de Enero 2010

“El cambio recién empieza significa que hemos logrado reinstalar el valor de las instituciones y entonces ahora exige una reforma más profunda, más fina, una suerte de profundización y que es abordar el futuro con carácter estratégico”, aseguró la entonces candidata en una entrevista con la CNN en 2007.

El equipo de asesores de campaña de la entonces senadora y primera dama hablaba de varias reformas que Cristina tenía en carpeta: una reformulación del sistema de salud, también del funcionamiento de la Justicia, pero sobre todo hacían hincapié en la necesidad de respetar la independencia de los poderes del Estado. Ese iba a ser el color de su gestión y no otro.

Aseguró que no iba a utilizar los Decretos de Necesidad y Urgencia como sus antecesores. En un acto en la Exposición Rural, en agosto de 2008, se quejó porque no se le reconocía el mérito de no haber apelado a los decretos. “Esta Presidenta nunca firmó un DNU y eso es un aporte a la calidad institucional”, dijo Cristina.

Alineamiento automático
Un mes más tarde, en septiembre, estampó su firma en un DNU, como lo había hecho su esposo, para ampliar la aplicación de gastos por 36 mil millones de pesos, sin control parlamentario.

La continuidad de la política de alineamiento automático del Congreso tampoco se hizo esperar. Cristina fue diputada y senadora, y como tal, le había adelantado a sus compañeros de banca que el debate parlamentario iba a ser protagonista en su Gobierno.

La realidad es que el Congreso fue central, pero en la aprobación, sin cambios, de los proyectos que impulsó el Poder Ejecutivo según sus intereses, la mayoría ligados a engordar la caja del Estado, como la resolución 125 o la ley de Medios Audiovisuales.

El Parlamento de la era Cristina no tuvo agenda propia. No planteó proyectos independientes, vinculados a la problemática social. Cuando algún asesinato, de los que ocurren a diario, reflejó en las encuestas el enojo en ascenso en las calles, la Presidente anunció que iba a tratarse un paquete de leyes contra la inseguridad. Pero nunca le ordenó a los legisladores que responden al oficialismo que sea abordada, una decisión que hasta el 10 de diciembre era exclusiva responsabilidad del oficialismo, dado que en más de una ocasión no dio quórum a la oposición cuando se quiso tratar un tema concreto, como el tarifazo dispuesto por el Gobierno, la disminución de las retenciones al agro, o la protección de los glaciares, en una lista interminable de temas propuestos por kirchneristas y no kirchneristas. Sólo se trató lo que el PEN ordenó que se tratara, y siempre bajo la consigna de no ceder en el texto escrito en la Casa Rosada.

Las presiones contra la Justicia son sutiles, pero contundentes. Y no sólo se trata de presiones sino también de interferencias en muchos casos. Está claro que Néstor Kirchner renovó la Corte Suprema y la dotó de magistrados de calidad. Pero eso no lo exime de responsabilidades sobre lo que sucedió desde entonces.

“Muchas veces leemos rimbombantes palabras, grandes arengas, acerca de que los jueces deben tener independencia de los poderes políticos de turno y es correcto pero también y hoy más que nunca deben ser independientes de los poderes económicos”, dijo la Presidente el mes pasado, molesta por algunas resoluciones contrarias a los intereses del Gobierno.

Las presiones
Sus palabras y sus actitudes llevaron a uno de sus ex colaboradores, quizás el más cercano desde hace años, a manifestar su decepción con Cristina. “Me apena mucho escuchar a la Presidenta diciéndole a los jueces que no se dejen presionar, presionándolos”, dijo el ex jefe de Gabinete Alberto Fernández, un kirchnerista de la primera hora devenido en opositor crítico.

No ayudan tampoco las designaciones de la Presidente, quien recientemente nombró camarista a Victoria Pérez Tognola, ex esposa del titular de la Oficina Anticorrupción Julio Vitobello, un kirchnerista a cargo de la investigación preliminar del aumento del 158 por ciento del patrimonio de los Kirchner.

La Justicia, el Congreso, las trabas permanentes para que se den a conocer los informes de la Auditoría General de la Nación (hay 5 informes a la espera de la firma de los auditores del oficialismo) y esta semana el ataque a la autarquía del Banco Central. Ya no quedan instituciones por invadir por parte de Cristina Kirchner, la candidata que votaron 45 por ciento de argentinos, y a los que le prometió más institucionalidad. Como supo aseverar la hoy Presidente: “No hay calidad institucional únicamente por las formas. La calidad institucional es de fondo, de contenido, de sustancia, cuando las instituciones de la Constitución sirven al pueblo y solamente al pueblo y no a otros intereses”. z we

Cristina dixit
* “Hemos logrado reinstalar el valor de las instituciones” (2007)
* “Esta presidenta nunca firmó un DNU y eso es un aporte a la calidad institucional” (2008)
* “Los jueces deben ser independientes de los poderes políticos, pero también de los económicos” (2009)



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