Con chiche nuevo

Con chiche nuevo

Miguel Solá y Laura Weisvein, creadores de Giro Didáctico, reincursionaron en el segmento con Compañía de Juguetes, cuyos locales facturaron $ 7 millones en 2010. 01 de Abril 2011
"El espacio existía. Si no lo ocupábamos nosotros, lo haría alguien más”, resume el puntapié inicial de Compañía de Juguetes Laura Weisvein, quien, junto a Miguel Solá, su marido y socio, fundó la empresa, que entró a competir en un negocio que no les es ajeno. Es que, en 2001, Weisvein y Solá habían comprado Giro Didáctico, una juguetería con orientación pedagógica creada en 1992. Tomaron la marca y la hicieron crecer a través del sistema de franquicias. Actualmente, Giro Didáctico cuenta con 60 locales en el país (más el único propio, en Capital Federal) y una master franquicia en Uruguay, que ya tiene otros siete puntos de venta.

“En el rubro, faltaban novedades y, hace dos años, se presentó una oportunidad con un local en el shopping Alto NOA, en Salta”, recuerda Weisvein. Y añade: “Ya lo veníamos pensando y decidimos lanzarla como franquicia, con el socio con el que trabajábamos con Giro Didáctico en la provincia”. 

El concepto, a diferencia de los juguetes educativos que distinguen a Giro Didáctico, apunta a un target de mayores de 6 años, hasta adolescentes y adultos. Para ello, se enfoca, además de juguetes tradicionales, en maquetería, ferromodelismo, cómics (tanto revistas como los personajes que se desprenden) y productos derivados de licencias, como Star Wars, Barbie, Hot Wheels y Ben 10, entre otros. “Se focaliza en el juguete como hobby. No deja de ser una juguetería. Pero apunta a quienes coleccionan y, quizá, sólo encontraban lo que buscaban en lugares muy específicos, de nicho”, amplía la emprendedora. 

Con la experiencia y los recursos ya obtenidos con Giro Didáctico, la expansión de Compañía de Juguetes se consolidó a través del modelo de franquicias. Cerró 2010 con siete puntos de venta en Salta, San Salvador de Jujuy, Córdoba, Trenque Lauquen, Santa Rosa, Neuquén y Martínez. Para Weisvein, las franquicias son el modelo basal: “Es la única manera de tener el ojo del dueño en cada local. Con sucursales, no se consigue el mismo rendimiento”. Desde la compañía, le brindan al franquiciado desde guía de proveedores y manual de arquitectura hasta capacitación y lineamientos de marketing y comunicación. 
Los siete puntos de venta de Compañía de Juguetes facturaron $ 7 millones en 2010. Para este año, Weisvein proyecta un crecimiento “desde el 10 por ciento”, descontada la inflación. Para ello, prevé abrir un mínimo de entre cuatro y cinco nuevas jugueterías, tanto en Buenos Aires como en plazas del interior. “El año pasado, entre las dos marcas, abrimos una franquicia y media por mes. Todavía, hay lugar para crecer”, asegura. Ahora, el foco está en el crecimiento de la estructura: ya suma 15 empleados en la oficina central y más de 200 entre todos los locales. 

Con respecto al segmento en el que está la compañía, Weisvein admite que se ve afectado por la restricción de las importaciones. “Los fabricantes nacionales trabajan a plena capacidad. Hay creatividad y calidad de sobra. Pero, a veces, afecta la restricción a la entrada de ciertos componentes que no se producen localmente”, concede.



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