"Con Dilma, hay una actitud bastante más dura de Brasil con la Argentina"

El economista e investigador del Conicet, Roberto Bouzas, asegura que la aplicación de licencias no automáticas marca un cambio respecto de la política más contemplativa del gobierno de Lula. Y dice que la medida compromete a “casi la mitad de las exportaciones argentinas” al país brasileño. 20 de Mayo 2011

"El mensaje tiene un destinatario. Es imposible no darse cuenta, por más que el gobierno brasileño diga que no discrimina". De esa forma, Roberto Bouzas intenta resumir el conflicto comercial que hoy más preocupa a la Argentina. Es que, esta vez, el país vecino no se quedó quieto ante el freno argentino a las importaciones brasileñas y aplicó licencias no automáticas para 28 productos de la industria automotriz. Para el director Académico de la Maestría en Relaciones y Negociaciones Internacionales de la Universidad de San Andrés (UdeSA), "el nivel de conflicto aumenta con el tiempo y crece el nivel de presión del sector privado de Brasil".

En una entrevista con We, el economista indica que la política comercial argentina "tiene un alto nivel de regulación, tanto de las importaciones como de las exportaciones”. Y destaca: "Todos los gobiernos intervienen de un modo u otro, pero la Argentina se ha caracterizado por una intervención exageramente discrecional. Incluso hacemos gala de esa metodología, hablándole al público interno. No hay duda de que esto tiene un precio". 

¿Qué análisis hace de las licencias impuestas por el gobierno brasileño a los productos de la industria automotriz?
- Cuando asumió el nuevo gobierno de Brasil, dije que uno de los mayores interrogantes era si Dilma Rousseff iba a mantener la misma posición con respecto a las medidas de política comercial argentina que había tenido el gobierno de Lula Da Silva. Su gobierno había sido bastante pragmático y, en cierto modo, tolerante con la política comercial argentina. Creo que la decisión del nuevo Gobierno de Brasil de esta semana, de aplicar licencias no automáticas a los automóviles, indica una actitud bastante más dura de Brasil hacia la Argentina que en el pasado. 

¿Esta reacción desde Brasil hubiera sucedido con Lula?
- Es difícil saberlo. No hay duda que el nivel de conflicto y la presión del sector privado de Brasil a su gobierno han aumentado con el tiempo, pero resulta difícil separar este factor del cambio de gobierno. En cualquier caso lo que importa para la Argentina es el resultado: la tolerancia parece haberse reducido y Brasil parece haber tomado una posición más asertiva en relación a la política comercial argentina. 

¿Y en el caso del sector privado?
- El sector privado viene presionando desde hace tiempo en relación a lo que consideraba una posición demasiado flexible y tolerante de Brasil en relación con la Argentina. Si esa presión habría llevado a Lula a tomar la medida que hoy se toma es difícil de saber, pero el hecho objetivo es que eso ocurre a los pocos meses de que asume el nuevo Gobierno, y sucede de una manera reveladora. No es cualquier medida. La medida que hoy toma Brasil está dedicada a mandarle un mensaje a la Argentina. Con esta decisión, Brasil afecta casi la mitad de las exportaciones argentinas que se destinan al país vecino. Es imposible no darse cuenta del mensaje, por más que el gobierno brasileño diga que no discrimina y es una medida de carácter general. Claramente tiene un destinatario.

¿Considera que es el momento de más tensión comercial entre los dos países?
- Es un episodio más, pero muestra que el modo en que se están conduciendo las relaciones comerciales entre los dos países y el tipo de vínculo que tienen está amenazado y atravesado por el conflicto. El desequilibrio comercial que tiene la Argentina con Brasil tiene que ver, en parte, con prácticas de la política comercial brasileña, pero también tiene que ver con la configuración productiva de las dos economías. Básicamente, la Argentina no exporta lo que Brasil compra y Brasil sí está exportando mucho de lo que la Argentina compra. La participación de Brasil en las importaciones argentinas creció enormemente, y lo hizo porque abastece al país de bienes industriales con la protección que le da el arancel externo común. 

¿Por qué los conflictos con Brasil son tan recurrentes?
-Primero, porque hay mucho comercio. Segundo, porque la mayor parte del comercio está cubierta por un régimen de liberalización preferencial, parecido a un área de libre comercio, pero sucede en un contexto con fuertes asimetrías de política entre ambos. Las asimetrías que existen en políticas de financiamiento y en términos de acceso a un mercado de capitales son muy importantes. En ese contexto, el papel que el sector público brasileño juega en la promoción de sus exportaciones, en la inteligencia comercial, en la articulación del sector privado, son incomparables con lo que hace la Argentina. Esas diferencias tienen un impacto en el de-sempeño. Hay parte de la responsabilidad del conflicto que tiene que ver con el otro, y hay buena parte que tiene que ver con lo que los países hacen consigo mismos. Y ahí la Argentina tiene cuentas pendientes.

¿Cuáles son los sectores argentinos que más salen beneficiados por las licencias no automáticas?
- En lo que hace a la relación con Brasil, son los viejos sectores sensibles de principio de la década del '90, cuando se inicia el Mercosur. Textiles, vestido, calzado, siderurgia, línea blanca, es básicamente la misma lista. Que en 20 años no hayas desarrollado una política para mejorar la competitividad del sector de calzado del lado de la oferta y estés necesitando recurrir sistemáticamente a medidas ad hoc, es un poco revelador de las debilidades de nuestra política industrial y comercial. 

Esta semana, Rousseff también se refirió a la burocracia de "otros países". ¿Ése también era un mensaje para la Argentina?
- La política comercial tiene un alto nivel de regulación en la Argentina, tanto del lado de las importaciones como de las exportaciones. La liberalización naif afortunadamente quedó desacreditada por la evidencia. Pero el casuismo y la intervención ad hoc y sistemática no es una buena regla de política. El comercio con Brasil no sólo está afectado por licencias automáticas y no automáticas, sino por acuerdos voluntarios, entre comillas, del sector privado de restricción de exportaciones. El comercio bilateral tiene un alto componente de intervención y administración. Todos los gobiernos intervienen de un modo u otro, pero la Argentina se ha caracterizado por una intervención exageramente discrecional. Incluso hacemos gala de esa metodología, hablándole al público interno. No hay duda que esto tiene un precio. 

En los últimos conflictos bilaterales se nota la ausencia del Mercosur. ¿Cuál debe ser el rol del bloque para atenuar el enfrentamiento?
- Eso refleja el estado actual del Mercosur. Como ámbito de regulación, el Mercosur está pasando crecientemente a la irrelevancia. Adquiere un contenido cada vez más retórico, más político-diplomático y tiene menos capacidad para gestionar las relaciones económicas y comerciales. 

Esta creciente irrelevancia, ¿puede afectar el acuerdo de libre comercio que intenta alcanzar el bloque con la UE?
- Mi impresión es que un acuerdo de libre comercio significativo con la Unión Europea es inviable. Por supuesto, si las partes se lo propusieran podrían podrán llegar a un acuerdo que no toque intereses sensibles, aunque tal acuerdo sería probablemente inconsistente con las reglas comerciales multilaterales. Las negociaciones con la UE nos mantienen entretenidos, pero tal vez podríamos usar más productivamente recursos, tiempo y energía.



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