Cómo se preparó Japón para la catástrofe

Cómo se preparó Japón para la catástrofe

Si bien el terremoto le costaría al país asiático un 3% del PBI, el desastre natural demuestra su capacidad económica y social para reponerse. Las ventajas de una economía desarrollada ante la tragedia. Y las diferencias con los casos de Chile y Haití. 18 de Marzo 2011

Ponen a prueba a la economía. Desafían a la sociedad. Las tragedias naturales se han hecho sentir en distintos partes del globo, en naciones pobres, emergentes y desarrolladas. Hoy, el foco está puesto en el terremoto de 8,9 (y luego, un tsunami con olas de hasta 10 metros) que azotó al noreste de Japón hace una semana. Con un saldo de más de 5.400 muertos y 9.500 desaparecidos, el primer ministro japonés, Naoto Kan, calificó al sismo como la peor tragedia de su país luego de la Segunda Guerra Mundial.

Pero es el empuje de la tercera economía del globo el que permite que la tragedia no sea aún más grande. "Sin la preparación que tiene Japón, el terremoto podría haber sido mucho peor. Es difícil saber con exactitud si es el país mejor preparado para afrontar estos fenómenos, pero ha demostrado la capacidad de restablecer sus operaciones comerciales, como así también asegurar el funcionamiento de su sociedad", dice Thomas Larsen, vicepresidente senior de la consultora de riesgos Eqecat, de los Estados Unidos.

Una economía que resiste
Desde Eqecat, precisan que una forma para saber cuán significante es un sismo es su impacto en la economía: los daños con respecto al Producto Bruto Interno (PBI). En este sentido, Larsen estima que el perjuicio económico de Japón probablemente "llegue al 3% del PBI. Es importante, pero manejable". En 2010, el PBI nipón llegó a los u$s 5,47 billones.

Con pérdidas que ya se valúan en los u$s 100.000 millones, Eqecat calcula mermas por u$s 25.000 millones tan sólo en viviendas, mientras que cuenta con otros u$s 30.000 por daños en la infraestructura y u$s 10.000 por los menoscabos que ocasionó el tsunami en la marina y el puerto. No hay que olvidar que fueron 12 millones los afectados, un 10% de la población total.

Desde la consultora internacional IHS Global Insight, consideran que las pérdidas podrían llegar a los u$s 200.000 millones. "Es probable que el impacto a corto plazo sobre el crecimiento japonés sea negativo, pero el esfuerzo de la construcción daría un empuje al crecimiento a fines de este año", asegura Nariman Behravesh, economista jefe de IHS. En su estudio, Behravesh indica que el PBI japonés puede caer entre un 0,2 y 0,5% durante 2010, para luego crecer en la misma proporción en 2011. "Si la crisis nuclear se convierte en una catástrofe, entonces el efecto negativo en el crecimiento de este año será más grande", anticipa.

Pero cuando se compara esta tragedia con los últimos terremotos es cuando se ve, claramente, la fortaleza de Japón. Los sismos de Haití y Chile en enero y febrero de 2010 son los ejemplos más recientes. Para Mario Araujo, jefe de investigaciones sismológicas del Instituto Nacional de Prevención Sísmica (Inpres), Haití no estaba capacitado para recibir un terremoto, mientras que Chile se encuentra en un punto medio, entre las naciones asiática y caribeña. "La magnitud del terremoto de Japón puede resultar entre un 20 y 30% más fuerte que el de Chile, y es 700 veces más grande que el de Haití. Japón es un país que, en general, está preparado para todos los desastres naturales, lo que no quiere decir que no existan fallas o problemas en las construcciones", explica Araujo.

Según las estimaciones de Eqecat, el terremoto de Chile ocasionó pérdidas por u$s 30.000 millones, lo que equivale a un 10% de su producto. Y no hay que irse tan lejos en el tiempo. El terremoto que afectó este año a Christchurch, en Nueva Zelanda, también comprometió un 10% de su PBI. "En Japón, el porcentaje es más bajo, y esa es una reflexión sobre la riqueza de un país", asevera Larsen.

Haití fue el caso extremo en economía y desgarrador a nivel social. Los costos de un país que busca reconstruirse podrían acercarse a los u$s 14.000 millones, según un informe del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Fueron 230.000 personas las que perdieron la vida, y el último dato de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) pone de manifiesto que son 800.000 los desplazados que viven en condiciones miserables.

A poco más de un año del sismo, se calcula que el gobierno haitiano ha retirado menos del 5% de los escombros. Ni siquiera las estructuras más importantes de la capital de Puerto Príncipe pudieron hacerle frente a un sismo de 7 grados en la escala de Richter. Por ahora, la reconstrucción es lenta y deja al descubierto al país más pobre de Occidente.

Siempre alerta
Cívicos. Casi estoicos. Haciendo fila para comer, esperando las indicaciones de las autoridades. Esa es la imagen que los medios internacionales reflejan de Japón. Desde pequeños se preparan para esperar un terremoto. Hasta que sucede. "En las escuelas y las casas ya preparan a los niños. Se hacen simulacros de erupción volcánica, de inundación, de terremotos. La enseñanza en la escuela primaria es un factor multiplicador: el niño aprende, lo charla con sus familiares y se comparten las experiencias", expresa el jefe de investigaciones sismológicas del Inpres.

"La tranquilidad que se ve en los japoneses remite a una diferencia cultural. Creen que es importante guardar la calma, porque desde la desesperación no se puede actuar eficientemente", describe Celia Naomi Yokobori, licenciada en psicología por la UBA. Y agrega: "Probablemente se sientan tan desolados como los afectados en Haití y Chile en cuanto al daño que sufrieron, más allá de las expectativas de recuperación".

En 2009, Yokobori vivió en Japón durante seis meses tras ser becada por la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA, por sus siglas en inglés). En ese tiempo, asistió psicológicamente a descendientes de japoneses y extranjeros que residen en la nación asiática, pero pudo aprender sobre la sociedad tanto en el trabajo como en la vida cotidiana.
"Es altamente organizada y eso lo aprenden desde niños, la noción de un individuo como parte de un sistema que deja de lado los deseos individuales". Esto se observa, por ejemplo, en el funcionamiento de los servicios públicos: si todos cumplen con el horario, no hay demoras. “Esa estructura es la que hace posible la calma”.

Sin embargo, Yokobori cuenta que son poco conocidas las consecuencias "no tan positivas" de este organizado sistema, como la falta de impulsos y deseos personales, hasta las altas tasas de suicidio.

Si bien la especialista destaca que existe una educación desde temprana edad para incorporar las medidas a tomar en caso de emergencia, principalmente para terremotos, considera que "nadie está preparado a nivel emocional para enfrentar semejante catástrofe".



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