Cómo se prepara Obama para 2011

Con un Congreso probablemente controlado por los republicanos, el Presidente está trabajando en la triangulación, revisando su equipo y su agenda política. 04 de Octubre 2010

Por Paula Dwyer

Un adelanto hasta fines de enero de 2011. Un humilde presidente Barack Obama, da los últimos toques a su discurso del Estado de la Unión, considera ofrecerle un ramo de olivo al nuevo vocero del Congreso, John Boehner. “¿Debería trabajar a través de las líneas del partido con un acuerdo que balancee el presupuesto, o quizá un acuerdo de libre comercio?”, reflexiona el presidente. “¿O debería asegurarme de que mi lapicera de vetos tenga suficiente tinta?”, se pregunta.

Triangular o no –ese es el dilema. Obama confrontará, como sugieren casi todas las encuestas, si los demócratas pierden el control del congreso en noviembre y conserva el senado por una o dos narices. Otros presidentes buscaron evitar la parálisis recalibrando sus agendas y el estilo de gobierno y moviendo sus equipos de trabajo. Obama podría seguir el ejemplo, aunque algunos dicen que las chances de éxito son escasas. “Nadie debería estar bajo la ilusión de que hay un camino fácil para el compromiso”, dice Vin Weber, un estratega republicano y ex miembro del Congreso por Minnesota. Una de las razones que el nuevo congreso seguramente esté incluso más polarizado que el actual, dominado por los republicanos conservadores que desafiaron a los regulares del partido en las primarias y ganaron. La camarilla demócrata será más liberal porque será mayormente de políticos de centro de estados indecisos que perderán en noviembre, dice Weber.

El reciente maestro de la triangulación fue el presidente Bill Clinton, quien reclamó el centro político en 1966 con su acercamiento de “amigo/enemigo”, declarando famosamente que “la era del gran gobierno terminó”. Él avanzó para anotarse una legislación clave que reformó el sistema de asistencia pública y balanceó el presupuesto.

Entonces, ¿cómo se vería ese acercamiento en este momento? Obama ya está rehaciendo su equipo. El 21 de septiembre, la Casa Blanca dijo que Lawrence H. Summers, el director del National Economic Council y arquitecto del plan de recuperación de Obama, volverá a Harvard University a fin de año. La suya es la tercera partida del equipo económico, junto con el director de Presupuesto Peter R. Orszag y Christina D. Romer, cuyo reemplazante como chairman del Council of Economic Advisers, Austan D. Goolsbee, ya chocó con Summers sobre los salvatajes a las automotrices, a las que Goolsbee en parte se oponía. También es probable que se vaya el jefe de Gabinete, Rahm Emanual, a principios de octubre, para competir como alcalde de Chicago.

Las vacantes le permitirán a Obama reformar su agenda y responder a la crítica de que la Casa Blanca, sin un asesor top en el West Wing con experiencia corporativa, no entiende los negocios. Fuentes cercanas al pensamiento del presidente dicen que está considerando sumar un embajador corporativo a su equipo económico. Entre aquellos que se discuten: Anne Mulcahy, el ex CEO de Xerox, y Richard D. Parsons, chairman de Citigroup y ex cabeza de Time Warner. “Creo que están buscando a alguien con quien las empresas sientan que pueden hablar”, dice Martin N. Baily, chairman de la CEA en la época de Clinton.

Podría ser más fácil para Obama fijar una agenda que elegir un nuevo gabinete. Le gustaría poder reescribir las leyes de inmigración y de tope de emisiones de carbono, dos proyectos quedaron sin terminar. Eso no podrá ser posible. El enfoque tendrá que ser más mundano –asegurándose que las reformas al sistema financiero y de salud se implementen. Los republicanos, infundidos con la pasión del Tea Party por los gobiernos limitados, harán lo posible por bloquearlo.

El 23 de septiembre, los diputados republicanos revelaron su agenda, que deberá pasar por un período de espera de tres días para que los ciudadanos revisen la legislación antes de votar. También abogará un proceso de certificación para asegurarse que con al constitución autorice los proyectos de leyes y la aprobación del congreso de cualquier regulación nueva. Algunos republicanos cercaron su terreno –y no es el medio de la ruta. El representante Pete Sessions (R-Tex) tratará de congelar la contratación gubernamental para bloquear a Obama la posibilidad de apoyar a las agencias que implementen los cambios en los sistemas financieros y de salud. El senador Richard Shelby (R-Ala) quiere quitarle los colmillos al Consumer Financial Protection Bureau, una pieza central del renacimiento financiero.

Eso no es una buena señal para los acercamientos bipartidistas. Sin embargo, podría haber lugar para los acuerdos. La comisión de deuda de Obama, que se espera que reporte el 1° de diciembre, podría proponer una combinación de recorte de gastos, aumento de impuestos y reformas de derecho atractivas para los déficits de los halcones de ambos partidos. “Si vamos a confrontar los aspectos fiscales del país”, dice Goolsbee, “tiene que hacerse de una manera bipartidaria”. Si la comisión propone reformas de impuestos que incluyan uno al consumo, dice un oficial de Administración senior, Obama ciertamente la considerará. La enormidad de la deuda nacional podría ser lo único que estimule a los republicanos a dejar de lado sus diferencias con Obama, dice el ex Chairman de House Ways and Means, Bill Archer (R-Tex). “Las personas definitivamente están asustadas”, dice.

Los pactos de libre comercio también podrían abrir las puertas republicanas. Obama dijo que quería llegar a un acuerdo sobre el Tratamiento de Librecomercio entre los Estados Unidos y Corea durante un viaje en noviembre a Seúl. Y aunque no hay muchas posibilidades de que busque una legislación para crear un mercado de intercambio de créditos de carbón, podría querer pasar una pieza de legislación energética. Los republicanos también podrían estar detrás de las recientes propuestas de Obama de expandir los incentivos impositivos para fomentar las inversiones empresariales y extender permanentemente un crédito impositivo de investigación-y-experimento.

Algunas curvas del Congreso pueden provenir del republicano Darrell Issa (R-Calif.), que se quedaría con el martillo de la Oversight and Government Reform si los republicanos se quedaran con el Congreso. Issa planea ejercer su autoridad de citación agresivamente, a juzgar por un informe que dio a conocer el 21 de septiembre en el que dice que investigará el proyecto de estímulo de US$ 814.000 millones y la Administración reclama haber salvado o creado millones de trabajos, entre otras áreas.

La presencia de los hacedores de ley alineados con el Tea Party podría ser una nueva e impredecible fuerza. Ya se están señalando como más obstructivos que Newt Gingrich, con quien Clinton tuvo que pelear. Rectangulación, ¿alguien?

The bottom line: Perder el control demócrata del Congreso podría forzar a Obama a ajustar su agenda y buscar terreno común con los republicanos.

Con Patrick O'Connor, Hans Nichols, y Julianna Goldman

Paula Dwyer escribe para Bloomberg News en Washington D.C.


 



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