Cómo Silvio Berlusconi ha logrado mantenerse en el cargo

02 de Marzo 2011

Por Andrew Davis
 
Según sus propios cálculos, desde que se convirtió en primer ministro italiano, Silvio Berlusconi sobrevivió a 105 juicios y pruebas judiciales y 2500 audiencias, y gastó más de 300 millones de euros (US$ 409 millones) en servicios legales para defenderse ante acusaciones de evasión de impuestos, sobornos y corrupción, entre otras. Son unos 48.000 euros por día desde que fue elegido por primera vez en 1994, cuando capitalizó su figura como barón de los medios y uno de los hombres más ricos de Italia en una carrera política.

No hay duda de que Berlusconi ha sobrevivido a los tortuosos procesos italianos de apelación, un hecho que el Primer Ministro utiliza como evidencia para demostrar que sus opositores judiciales no son más que comunistas de closet que quieren derribarlo de su cargo. Su último juicio comenzará el 6 de abril. Los fiscales de Milán alegan que el mandatario habría pagado por tener sexo con una menor --una bailarina marroquí cuyo nombre artístico es Ruby Heartstealer-- y, por supuesto, abuso de poder para cubrir sus actos. “No estoy preocupado en lo más mínimo”, dijo Berlusconi el 16 de febrero.

Los oscuros detalles de la vida privada de Berlusconi, como los supuestos bailes sugestivos con mujeres jóvenes en la sala bunga-bunga de su propiedad, convirtieron al mandatario en el blanco de todos las bromas. Hasta el economista Nouriel Roubini escribió en Twitter: “Defensa de Berlusconi: Estuve con todas las italianas gratis por 15 años y nadie se quejó. Ahora que le pago a una, me quieren encerrar”. Durante una protesta el 13 de febrero pasado, cientos de miles de mujeres italianas clamaron por la renuncia del Primer Ministro para poner fin al sexismo que, ellas creen, ha hecho mucho por promover. Su slogan: “Si no es ahora, ¿cuándo?”
 
La respuesta podría ser: “No todavía”. El Partido de la Libertad del Pueblo de Berlusconi y sus aliados se aferran a una pequeña mayoría en el parlamento. Una encuesta publicada el 8 de febrero pasado sobre posibles elecciones anticipadas reveló que el 61 por ciento de los encuestados respondieron que el mandatario debería renunciar. De todos modos, el relevamiento mostró también que los votos que se alejan de Berlusconi no se dirigen hacia la oposición, sino a su socio de coalición, por lo que su alianza mantuvo una ventaja de 3 puntos porcentuales sobre el bloque contrario más grande. El Partido Democrático, el pilar de la oposición, está encerrado en la desorganización política, con tres líderes en tres años.
 
Sin una alternativa viable, muchos italianos podrían votar nuevamente a Berlusconi si sus problemas legales derivan en elecciones anticipadas antes de la finalización de su mandato en 2013. Posee una masa de seguidores leales que comparten su convicción de que el Partido Democrático está compuesto por comunistas, y que también lo admiran como un modelo de italiano y de virilidad.
 
Y el mandatario también posee un arma secreta: Giulio Tremonti, su ministro de Finanzas. Si bien el funcionario no ha revertido la amplia división económica que existe entre Italia y sus principales socios en la Unión Europea, logró evitar la catástrofe que derribó a Irlanda y a Grecia. Y teniendo en cuenta que el Fondo Monetario Internacional describió la performance italiana como “deprimente”, ese es un logro importante. Entre las fallas citadas por el organismo se encuentran una baja productividad, un mercado laboral rígido y un sector privado sobredimensionado. El producto bruto interno italiano creció en un promedio del 1,5 por ciento anual desde 1999 hasta 2007, comparado con una media del 2,2 por ciento anual de la UE. La suba del año pasado fue de un magro 1,1 por ciento, que siguió a la contracción del 5 por ciento que el PBI de ese país registró en 2009.
 
Tremonti es un abogado impositivo que mantiene las cuentas en orden. Atemperó los instintos populistas de Berlusconi jugando el papel del policía duro, mientras su jefe hacía las veces del detective amable. Esto implicó bloquear los estímulos que llevaron al superávit español de 2007 a convertirse en un déficit del 9,3 por ciento del PBI el año pasado. “Él es visto como un garante de la disciplina fiscal en un período en que el otros gobiernos fueron mucho más laxos en ese terreno”, dice Chiara Corsa, economista del banco UniCredit en Milán. Como resultado, la caída de la economía italiana fue de un manejable 5 por ciento del PBI el año pasado. 
 
Sin embargo, la deuda se mantiene en un 120 por ciento del producto, en comparación con el 76 por ciento de Alemania. El rendimiento que los inversores demandan para comprar bonos italianos a 10 años, en lugar de los alemanes, se ha casi duplicado desde comienzos de 2010. Esto es todavía menos que la mitad del gap entre la deuda alemana en comparación con los astronómicos rendimientos de los bonos portugueses, griegos e irlandeses.
 
Tremonti, un italiano del norte que primero se postuló al parlamento como socialista y que regularmente apunta contra los males de la globalización, es conocido por utilizar métodos creativos para mantener el déficit italiano bajo control. Ideó una serie de amnistía para evasores de impuestos que les perdonó sus transgresiones por un fee que era menor al de las penalidades máximas. En la última de estas moratorias, los italianos le pagaron al gobierno 5000 millones de euros para regularizar 100.000 millones de euros no declarados.
 
Tanto Berlusconi como Tremonti tuvieron la asistencia de los grandes ahorros, que ayudaron al país a sobrepasar la última recesión casi intactos, a pesar de una tasa de desempleo del 8,6 por ciento. La deuda privada italiana es de solo el 42 por ciento del PBI, en comparación con el 118 por ciento de Irlanda. Tremonti les dijo a las autoridades de la UE que deberían tener en cuenta este bajo nivel de endeudamiento privado a la hora de encontrar la forma de mejorar las finanzas regionales. Los líderes de la unión querían implementar una reducción obligatoria de la deuda para los estados más apalancados. Pero Tremonti argumentó que los problemas de Europa no fueron causa del gasto público, sino de la imprudencia de los bancos y fondos de inversión. “La deuda pública no es la razón de la crisis, es la medicina”, dice.

Con 63 años, Tremonti podría suceder al líder de 74 años si la posición de su jefe se debilita dramáticamente y su partido comienza a desintegrarse. Por ahora, los seguidores de Berlusconi lo están defendiendo y acusan a la justicia de tratar de sobrepasar la voluntad de los votantes, que reeligieron al mandatario en 2008 por una aplastante mayoría.
 
Sus opositores, en tanto, se preguntan si Italia podrá alguna vez poner fin a la fascinación que muestra por el líder. “Creemos que el mal en el país es Berlusconi”, dice Luigi Zingales, profesor de Finanzas de la University of Chicago Booth School of Business y graduado de la Universidad Bocconi de Milán. “Creo que el mal de Italia es una cultura que convierte a Berlusconi en un político normal. Y eso es mucho más difícil de cambiar”.

The bottom line: Si bien la reputación de Berlusconi ha sido afectada por los escándalos, no tiene rivales fuertes y cuenta con un Ministro de Finanzas respetado.



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