China todavía no es una superpotencia

China todavía no es una superpotencia

El columnista Shaun Rein dice que el gigante asiático, antes de convertirse en un verdadero poder global, necesita cambiar su imagen en el exterior y reformar sus escuelas. 18 de Mayo 2010

Dentro de unos años, cuando los historiadores miren atrás a los meses de abril y mayo de 2010, ¿qué es lo que destacarán como noticias de las más grandes implicaciones para el largo plazo? ¿Que la SEC acorraló  a Goldman Sachs? ¿O que una mancha de petróleo del tamaño de Delaware se encaminaba a las costas del Golfo? En cambio, los historiadores podrían dejar de lado estas historias que hoy se llevan los principales títulos y enfocarse en el préstamo de US$ 20.000 millones que China concedió a Venezuela, en que el gigante asiático consolidó su status como el segundo socio comercial de Colombia, aliado natural de Estados Unidos, y que le fue concedido un incremento en su poder de voto en el Banco Mundial con un 4,42 por ciento, lo que lo convirtió en el tercer decisor luego de Estados Unidos y Japón, con un 15,85 por ciento y un 6,84 por ciento, respectivamente.

No importa el mundo en el que viva o el sector en el que esté involucrado, usted tiene que tener en cuenta el crecimiento chino. El país continúa invirtiendo y comprando en el exterior para asegurarse el acceso a recursos naturales en zonas como Afganistán y Australia, y también para ejercer poder. Es verdad, China tiene mucha más población pobre y sus sistemas de salud y seguridad social sigue estando por debajo de los de una docena de países. Muchos analistas señalan a la pobreza y a la falta de presencia militar en distintos hemisferios para argumentar falsamente que China es de hecho una nación débil con un potencial de colapso de sus sistemas políticos y económicos.

Estos analistas no ven el punto principal. Cuando China reemplazó a Estados Unidos como el mayor socio comercial de Japón y Brasil el año pasado (ya era el principal partner de África y Medio Oriente) su habilidad para ayudar países a recuperarse de la crisis financiera le dio aún más poder que la potencia norteamericana y su complicada economía. Pero un poder diferente. El ascenso de China presenta la necesidad de redefinir qué es una superpotencia. Esto ya no implica la capacidad de lanzar las suficientes bombas como para arrasar el mundo entero. En cambio, el poder económico y la habilidad para lanzar caos a través de una guerra financiera y cibernética deberían ser parte principal de la nueva definición.

MARCA CHINA
Lo que es verdaderamente relevante es en qué tipo de superpotencia se convertirá China. Si bien queda claro que, según los datos del Pew Center, el 86 por ciento de la población apoya al gobierno, los números también reflejan que China no hace un buen trabajo en el resto del mundo. Los recientes y equivocados ataques, como los del columnista del New York Times, Paul Krugman, y el senador Charles Schumer (D-N.Y.) sobre la política monetaria, los desacuerdos entre Beijing y Google, y las críticas sobre el arresto del ex titular del Rio Tinto en China, Stern Hu, muestran que el gigante asiático necesitan mejorar en el poder político. Si bien el Confucius Institute (una organización del Office of Chinese Language Council International que promueve el lenguaje y la cultura china a través del financiamiento de programas) y los tours de shows acrobáticos representan una promesa, todavía se necesita hacer más para promocionar la marca país china internacionalmente.

China no puede solo enfocarse en asegurarse su acceso a commodities para construir su fortaleza. Para emerger como una superpotencia vibrante y de largo plazo, y no solo fuerte porque no sucumbió a la crisis financiera que hundió a otras grandes economías, necesita ir más allá de la construcción de marca y de atender las deficiencias en su sistema de educación.

A pesar de la creencia generalizada de que China continúa graduando ingenieros top, el hecho es que el sistema educativo no es adecuado para preparar a sus estudiantes para un mundo de negocios globalizado. La mayoría de los estudiantes más calificados viajan a Estados Unidos para continuar sus carreras en universidades como Harvard o Stanford porque es difícil obtener el entrenamiento necesario en su país.

La prueba de la debilidad educativa china es que, a pesar de que el número de graduados universitarios se incrementaba en un millón anual desde hace diez años y ahora crece a 6 millones por año, una de las principales preocupaciones que las compañías extranjeras tienen en el país asiático es el reclutamiento de trabajadores con el talento y las capacidades para hacer sus trabajos, de acuerdo a las encuentras que mi firma, China Market Research Group, conduce anualmente entre multinacionales con presencia en el país. Esta preocupación se encuentra por arriba de la corrupción o las potenciales medidas proteccionistas que el gobierno pudiera implementar. Es que en un país con 1300 millones de habitantes, no debería ser tan complicado encontrar talento para contratar.

REFORMA EDUCATIVA
Gran parte del sistema educativo chino se basa en la memorización, con grandes clases (algunas veces el número de estudiantes pueden ser miles para una sola clase) y en el direccionamiento temprano de los alumnos a ciertos destinos. De hecho, se ven obligados a declarar qué especialidad, como contabilidad, seguirán cuando ingresen a la universidad y normalmente no se les permite cambiar. ¿Cuántos jóvenes de 18 años saben realmente qué disciplinas académicas les gustan o en cuáles tendrán mejores resultados? A esa edad, yo escribí en mis aplicaciones universitarias que quería convertirme en un antropólogo y vivir en una tribu en el Congo durante años.

En cambio, se necesita implementar un sistema educativo más interdisciplinario y liberal, que permita a los alumnos elegir sus carreras luego de entrar en la universidad e intentar diferentes cursos de estudio. Las universidades también deberían trabajar con compañías como Intel o Apple para ayudar a diseñar materiales de estudio que sean útiles para que los estudiantes puedan encontrar trabajo en el futuro.

Los mismos estudiantes reconocen el problema. El 20 por ciento de los profesionales de cuello blanco de entre 24 y 28 años que fueron encuestados dicen que están dispuestos a invertir 10 por ciento más de sus ingresos en entrenamiento adicional; otro 10 por ciento dijo un quinto. China ha tomado grandes pasos económicos para desarrollar su posición como un poder global, pero para convertirse verdaderamente y mantenerse como una superpotencia necesitará trabajar en cómo se presenta ante el mundo y, quizá lo más importante, necesita reformular su sistema educativo para incrementar las capacidades de los trabajadores locales para crear una fuerza de trabajo realmente competitiva a medida que China vire de base manufacturera a centro de investigación y desarrollo y una economía basada en los servicios.



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