Carlos Melconian:

Carlos Melconian: "La política macro es la lluvia, chicago e inercia"

02 de Febrero 2011
Su agenda está a full.  Cada reunión está insertada con tiempo justo. La nota se concreta 14:30. Atiende con  rigurosa puntualidad. El termómetro marca una sensación térmica de 37 grados. En el búnker del economista más escuchado por el establishment, sobre la avenida Alem, no se siente el sofocón de verano. Pero Carlos Melconian aclara haberlo padecido: ya dio tres charlas y le esperan otras tantas en lo que queda de la tarde. “Siempre tuvimos alta demanda de trabajo. No hay más consultas por un determinado Gobierno”, aclara. Lo que reconoce es que el día del fallecimiento de Néstor Kirchner –episodio del que se enteró mientras paseaba su perro, por el puestero de diarios– trabajó todo el día por la sorpresa e incertidumbre que generó la noticia en el ambiente empresarial.

¿Cómo anticipa el año?   
La Argentina continuará en un programa global con inconsistencias. Es 100 por ciento exclusivo soja y su impacto en el mercado de cambios. Tenemos cinco veces más de cosecha que antes, a precios que son dos veces y medio mayores. Eso generó revolución en el sector externo de la Argentina. Es noventismo, más agroquímicos, más precios actuales. Tenés un programa inconsistente en el que, desde lo economicista, lo avala la soja y lo social, hasta ahora, lo avala el camino de ida, que es la inflación. Si bien se discute desde Adán y Eva, si los salarios le ganan a la inflación o si la inflación le gana a los salarios... Y Adán y Eva perdieron. Una vez más, discutimos esto y parte de los hechos de Villa Soldati (N.d.R.: el conflicto por la toma de espacios públicos) responde a este modelo con exclusión: explican que el poder adquisitivo pierde con la inflación. Yo te diría, la admisión social, todavía, de la inflación y la soja, como elemento ancla economicista contundente, avalan la inconsistencia. En ese sentido, la agenda a heredar es intensa. Y las posibilidades de una transición llevadera tranquila, mirando, de brocha gorda, son el nivel de actividad, el de reservas, la deuda pública manejable, la tasa de desempleo baja. Simultáneamente, tenés el índice de inflación, el fisco en rojo, emisión monetaria, la maquinita de emitir; el tipo de cambio real se atrasa, la inversión es insuficiente. Y, este año, el quinto consecutivo de salida de capitales. Todos los elementos de una transición tranquila y tensa a la vez, con cabeza argentina, sin corridas, sin espiralización cambiaria, sin hiperinflación y prendiéndole una vela al precio de las commodities y al real.

¿Cuáles son las consecuencias? 
La primera consecuencia es la inflación y la vemos desde 2007. Estuvimos en un sistema en el que se cumplían impecablemente los programas monetarios y el superávit fiscal pero la inflación daba 20 por ciento, en un mundo sin inflación. Es como que un paciente te diga que está haciendo lo que dijo el médico pero sigue con tos y fiebre. Puede haber inflación importada. Pero, ¿qué pasa, que Brasil, Chile, Colombia, Perú no tienen inflación? Que son 100 por ciento factores de producción local.

¿Dónde termina?
El día D, o cuánto tiempo dura, es incontestable. Lo único que te puedo decir es 20, 20, 15 por la recesión y 27 por ciento. Son cuatro años de inflación. Y, si vas al período diciembre 2001- 2010, 300 por ciento. Por eso, muchos dicen que el tipo de cambio va rumbo al uno a uno. En la Argentina, se lo llamó atraso cambiario. En Chile, Uruguay, Colombia, Perú y Brasil son tipo de cambios noventistas, avalados por otros precios de las commodities y otra tasa de interés. Claro, para la Argentina, contra la droga devaluatoria es atraso. Así como pedimos una delegación de auxilio al FMI que venga a opinar de índices, tendríamos que pedir una delegación a los chilenos, a los uruguayos y a los brasileños, que vengan a contarnos cómo se puede crecer sin inflación. Que los vecinos crezcan sin inflación es el mejor ejemplo de que se puede. Históricamente, para decir que hay vida creciendo sin inflación, había que ir a ejemplos emblemáticos muy complicados. Hoy, ya no hay más excusas. En el último tiempo, estuvo de moda el crecimiento muy fuerte con buenos precios de las commodities, mejoras en los planes fiscales, en los niveles de reserva y un dígito de inflación. Mientras que nosotros continuamos divorciados del mundo, con alta tasa de inflación. Eso es lo que hay que corregir.

Corregir implica un costo político en un año electoral.
Costo político son los Villa Soldati, que, en parte, emanan de la inflación del 27 por ciento, que, en alimentos, da 460 por ciento desde la devaluación. ¿Costo político contra qué? En la Argentina, se usa la palabra ajustar para corregir desvíos que no deberían haber ocurrido. Con una inflación acumulada de 300 por ciento, ¿podés tener en el área metropolitana un conjunto de precios congelados? Si hay un agujero en el fisco y lo financio con emisión monetaria, me termina generando una mayor tasa de inflación. ¿Más costo político que esto?

¿Qué le dicen los empresarios?
El clima de negocios tuvo diferentes etapas desde 2003. Hasta 2005, convivió con una fuerte expansión, con un conjunto de dudas respecto a la institucionalidad y la personalidad del gobernante. Pero primaba la expansión, con la esperanza de cambio. Entre 2005 y 2007, comenzaron a declinar expectativas de un cambio institucional republicano, de apertura de capitalismo en serio. Se aceptaban las reglas de juego, con la llamita que viene la misma historia, algo que es más aperturista internacional, una inquietud que despertaba Cristina. Después, se fueron dando cuenta de que no es así. Hasta que llegó la derrota electoral, la pelea con los medios y, en 2010, comenzó, con la salida de la crisis, a partir de la mejora brasileña, la recuperación de la cosecha y la disminución de la fuga de capitales y, de nuevo, a la expansión. Hasta la muerte de Kirchner, que dio comienzo a un año de transición con inflación. Todo lo de política de ahora es de charla de café: who knows. Además no hay que olvidarse de que la Argentina está sin partido político. Ahora, respondiendo a la pregunta, el feedback empresarial es que todos los caminos conducen a que te la arregles con lo que tenés y donde, no necesariamente, son ejercicios en los que no ganás plata. Con cabeza empresarial, estás por la política macroeconómica, que, en un momento, recompuso genuinamente y, en otro, le tomó el gustito a tener el consumo caliente. No importa cómo, ni tan genuino y cuan artificial y, por las dudas, espero, para construir otra planta. Es decir, venden todo lo que pueden, ni toman decisiones por los próximos cinco años. Si pueden, suben los precios porque tienen demanda caliente; restringen el crédito porque no quieren plata en la calle; y tratan de hacer negocios que los licúen.

¿Qué les preocupa?
El alza de costos para meterse en el mundo. Tenemos la tasa de inflación en el centro de la discusión, que actúa, como mínimo, en tres segmentos o bloques determinados: el social; el impacto sobre la competitividad de la economía, que establece que los empresarios que tienen un  contrato para mandarle mercadería a un país con 4 por ciento de inflación necesita droga devaluatoria anual para cumplir porque, si no, el costo le está aumentando 27 por ciento en dólares; y tercero, el crédito. Esto, es el financiamiento que, con 27 por ciento de inflación, sin unidad financiera indexatoria y aun con ella, no es, justamente, un mercado de capitales ideal. Para que sea ideal, necesita que baje la inflación. Por eso cuando me preguntan cómo veo el crédito para la PyME o el hipotecario, respondo mal. ¿Cómo puede cobrarme 17 por ciento de tasa, si la inflación es de 27? Porque el fondeo del sistema bancario es transaccional. Es decir,  pagan cero por cuenta corriente y caja de ahorro y, con eso, hacen una suerte de mercado crediticio pero que, cuando lo mirás en términos de PBI, está congelado desde hace cuatro años. Pero, de nuevo, todos los caminos conducen a Roma.
 
¿La situación fiscal es inmanejable?
No, es solucionable. Lo que pasa es que, en el acumulado, la recaudación, con toma de AFJPs y retenciones, subió 600 por ciento y el gasto, 700 por ciento. Ahora, ya no necesitan más jugadas porque tienen al Banco Central. Lo que sí deberían saber son los límites inflacionarios que pone la emisión. Mi preocupación, una vez que asalté el Banco Central, no pasa por la situación fiscal sino por las consecuencias de emplear esa instrumentación fiscal, que es la inflación que tenemos. 

¿Hoy, quién comanda la economía del país?
La política macro es la lluvia, Chicago y la inercia. 



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Videos