Campo abierto a la reactivación

Campo abierto a la reactivación

La supercosecha de soja dejará unos US$ 19.000 millones, mientras los demás sectores esperan señales del Gobierno. Subas y bajas, rubro por rubro. Pasó 2009, el año de la tormenta perfecta, como algunos lo llamaron. La peor sequía en 70 años, la mayor crisis financiera internacional desde 1930 y un conflicto campo-Gobierno sin solución a la vista. Los números lo confirman. 19 de Mayo 2010
Pasó 2009, el año de la tormenta perfecta, como algunos lo llamaron. La peor sequía en 70 años, la mayor crisis financiera internacional desde 1930 y un conflicto campo-Gobierno sin solución a la vista. Los números lo confirman. Hubo un recorte del 27 por ciento en el total de las exportaciones agrícolas, entre granos, aceites y harinas. Por ejemplo, en 2008, se exportaron granos sin procesar por 37,8 millones de toneladas, mientras que, en 2009, ese volumen cayó a 20,6 millones, según datos del Ministerio de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentos de la Nación. La caída de la cosecha se hizo más notoria en cultivos como el maíz o el trigo. Este último pasó de 5,65 millones de hectáreas sembradas en la campaña 2007/2008 a 2,8 millones en la siguiente y el país retrocedió de exportar 9,4 millones de toneladas al 1,5 millón que se prevé para 2010, en el lapso de dos años.

“Las perspectivas para este año son mucho más favorables”, remarca Juan Carlos Goya, vicepresidente primero de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA). Lluvia y mejores precios, las claves. Aunque advierte: “Los rindes de la cosecha se quedan en la cadena de comercialización o en la intervención del Estado. No en los bolsillos del productor”, afirma. Para Rafael Llorente, presidente del Movimiento CREA, los mercados más sensibles, actualmente, son los de la carne, el trigo y el maíz. “El trigo es el más afectado por la intervención”, aclara, mientras que los de mayor potencial siguen siendo la soja y destaca el rendimiento  de algunas economías regionales, como los arándanos o los limones en la zona de Tucumán, el vino y el olivo. 

Sin embargo, el tractor que empuja con fuerza sigue siendo la soja. El sector espera una supercosecha, en torno a las 55 millones de toneladas, lo que dejaría un ingreso de divisas por US$ 19.000 millones. Un mínimo de US$ 7000 millones quedarían en las arcas del Estado por derechos de exportación (las retenciones para la oleaginosa se ubican en el 35 por ciento). La sojización también afectó de manera indirecta a otras industrias, como la ganadera. Se estima que, en la última década, unas 13 millones de hectáreas destinadas a ganado o forestación pasaron al agro (principalmente, soja).

“No creo que continúe ese avance porque la rentabilidad de la ganadería está empezando a crecer”, destaca Víctor Tonelli, consultor en ganados y carnes. Y agrega: “Desde noviembre del año pasado, hubo una suba de precios de entre el 70 y 80 por ciento. Eso devuelve rentabilidad  y se empieza a recuperar stock”. 

Sin embargo, la industria sufrió en los últimos años. Sobre 61 millones de cabezas que había en 2006, se pasó a 52 millones en 2009. “Para finales del año pasado, se transformó en una caída de la oferta, que dejó al mercado interno con una baja de entre 25 y 30 por ciento en el número de cabezas”, aclara Tonelli. Con las exportaciones virtualmente cerradas (se permiten cuotas para cortes de alto valor), el sector mueve unos US$ 12.000 millones en toda la cadena de valor, desde los productores, frigoríficos, exportadores, procesadores y minoristas.         

De la mano de la suba y las expectativas por la supercosecha, también reflotan las perspectivas para la maquinaria agrícola. Desde el Ministerio de Agricultura que dirige Julián Domínguez, confirmaron que, en 2009, se exportaron unidades por US$ 170 millones y que se espera un crecimiento que se duplicará para 2015. No obstante, en el año de la sequía, las ventas cayeron un 40 por ciento y alcanzaron los $ 2254 millones. En total, se comercializaron 15.451 unidades, 9673 nacionales (una caída del 29 por ciento) y 5778 importadas (55 por ciento abajo). 

“La buena respuesta de las commodities impulsa el sector, que este año tiene crecientes perspectivas de recambio”, destaca Rafael Tosco, gerente de Ventas de Metalfor. “El año arrancó más optimista pero no en ventas efectivas, sino en el interés de los productores. Hay intenciones pero poca disponibilidad de divisas”, explica Néstor Pardini, vicepresidente de Areco Maquinarias, concesionaria oficial de Mainero y que vende otras marcas, como Bertini o Pauny, en sus tres locales. Para este año, espera aumentar entre un 20 y 30 por ciento las ventas, incentivadas por el mayor recambio en sembradoras, tractores de potencia media y carros de distribución. Según su punto de vista, los precios de venta aumentaron hasta un 20 por ciento en el último año.

“Se necesita una línea de crédito en pesos e interés fijo porque el productor no toma a tasa variable. Hoy, es del 14 por ciento, cuando hace dos años era del 9”, grafica Tosco. Hacia diciembre, Metalfor espera vender entre 400 y 450 pulverizadoras autopropulsadas, su principal negocio. La empresa producía una media de 1100 unidades al año en sus tres fábricas (dos en la Argentina y una en Brasil), mientras que este año espera llegar a las 900.     

Buena química
El mercado de agroquímicos (fungicidas, herbicidas, insecticidas) cayó de US$ 1800 millones en 2008 (pico histórico) hasta los US$ 1300 millones de 2009. “Así y todo, no fue un desastre. La industria apoyó en temas de refinanciación y ayudas como fideicomisos o warrants”, afirma Horacio Busanello, CEO de Syngenta. “Esperamos un mejor 2010, con la soja como principal negocio. El maíz logrará un mayor potencial si la coyuntura lo acompaña”, sostiene Sergio Melloni, gerente General de Nitragin Argentina, que emplea a 110 personas en el país y apunta a brindar soluciones tecnológicas para la cadena de semillas. En este segmento, Monsanto asoma como uno de los líderes, sobre todo, en semillas de maíz. “Esperamos un crecimiento de un 30 por ciento en facturación, impulsado por nuestros dos negocios más importantes: semillas y agroquímicos, donde apostamos al glifosato”, explica Pablo Ogallar, director de Marketing de Monsanto Latinoamérica Sur y ex presidente de Maizar (Asociación Maíz Argentino). La empresa facturó unos US$ 450 millones en 2009.

Por su parte, Syngenta asumió una reconversión, principalmente, en fungicidas, para entrar en el mercado de la soja, su principal driver de crecimiento actual. En 2009, tuvo ventas totales por US$ 300 millones, apoyado también en su negocio de semillas (en 2009, compró el negocio global de girasol de semillas de Monsanto, por unos US$ 160 millones, aproximadamente).

“El primer trimestre arrancó bien y hay especulaciones de crecer entre un 40 y un 50 por ciento este año. Terminará un 30 por ciento arriba”, proyecta Busanello. Entre sus proyectos, se encuentra la construcción de una planta de agroquímicos y ampliar las capacidades de producción de semillas, con un plan a cinco años que ronda los US$ 100 millones. “La Argentina, junto con Brasil y los Estados Unidos, son los tres grandes proveedores de agroalimentos del mundo. El país no puede escapar a un destino grande en la agroindustria”, remarca. Con 440 empleados, hoy, un tercio de sus ventas en el país son producción local. 

En el mismo segmento, la alemana BASF se posiciona como un player importante en la protección de los cultivos y en biotecnología. “Lanzaremos un producto de uso masivo cada año durante los próximos cinco. Queremos contribuir a aumentar en un 10 por ciento la productividad del campo”, afirma Diego López Casanello, presidente de BASF Argentina. El ejecutivo destaca tres sectores con alto potencial: la industria alimenticia y agropecuaria, la automotriz y la construcción. “En todas, esperamos crecer en dos dígitos en los próximos 10 años”, resume. Aunque aclara: “No existe otra posibilidad para la Argentina que no sea la de abastecer de proteínas vegetales al mundo”. A nivel mundial, la empresa alemana tuvo ventas en 2009 por 50.000 millones de euros (en 2008, fueron 62.000 millones). 

Las dificultades climáticas también afectaron al sector lácteo . “Hubo una retracción fenomenal de la demanda y los precios internacionales de la tonelada de leche en polvo se cayeron de unos US$ 4000 a US$ 2000”, especifica José Quintana, presidente de la Comisión de Lechería de Aacrea. La tendencia comenzó a variar (hoy, se estabiliza en el orden de US$ 3400) en el último lapso del año, con recuperación de precios internos incluida, en un sector que mueve unos US$ 6000 millones anuales. De hecho, hoy, el productor percibe un 50 por ciento más de lo que ganaba en septiembre del año pasado. Pasó de 85 centavos a $ 1,25 el precio pagado por litro. “El valor aumentó por encima de los insumos, con la salvedad de que se está produciendo menos de lo que se debería”, aclara Quintana.

“Durante el último semestre, se actualizó el precio de la materia prima. Esto redunda en un beneficio directo para el productor, que hoy cuenta con una rentabilidad interesante”, afirma Pascual Mastellone, presidente de La Serenísima, que, en 2009, facturó $ 3200 millones. La compañía refinanció  su deuda, con una aceptación del 98 por ciento de los acreedores, por un valor aproximado de US$ 218 millones. “El futuro está en introducir nuevos productos para distintos consumidores. Trabajamos para aumentar nuestra participación en el mercado de quesos”, resume Mastellone. 

Para 2010, las perspectivas pasan por superar los 10.000 millones de litros de leche producidos en 2009. Se habla de un crecimiento entre 3 y 6 por ciento, impulsado, sobre todo, por la actividad que se espera para el segundo semestre. “Del total, un 20 por ciento se exporta. El resto es mercado doméstico”, explican en SanCor, que, junto con La Serenísima, acaparan el 30 por ciento del mercado. “Nuestro objetivo es agregar valor a la leche. Hay una tendencia creciente hacia el cuidado de la nutrición y la salud, en lo light y lo bajo en sodios”, agregan. Actualmente, la cooperativa produce un promedio de 4 millones de litros diarios y cuenta con más de 4000 empleados. Espera llegar a una facturación de $ 3000 millones en 2010.       

Proyectos en danza
Las buenas perspectivas parecen reactivar viejos proyectos. Louis Dreyfus Commodities (LDC), el tercer exportador de productos agrícolas del país, anunció la habilitación de su complejo portuario de Timbúes (Santa Fe), con una inversión que supera los US$ 115 millones, con planta de molienda de soja incluida. Por su parte, el brazo agropecuario de la familia Elsztain, Cresud, pagó US$ 75 millones para ampliar su participación en su controlada BrasilAgro y extenderse en el mercado vecino. Por su parte, a unos US$ 50 millones ascenderá el desembolso de la suiza Nidera para construir una terminal de fertilizantes y ampliar la capacidad de molienda en el Puerto General San Martín, de Rosario. 

Entre las lácteas, SanCor anunció la ampliación de su planta en Porteña, Córdoba, con una inversión de US$ 37 millones, mientras que la Asociación Unión Tamberos (AUT), principal accionista de Milkaut, se encuentra en proceso de análisis para transferir su participación. La compañía cuenta con un pasivo de US$ 55 millones, una capacidad de procesamiento de 300 millones de litros de leche anuales y una facturación de  $ 600 millones.



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