Bancos: Inside Information

Bancos: Inside Information

El consumo tracciona el crecimiento de la economía y los bancos alimentan la ola. Pero, ¿hasta cuándo podrán vivir de ese modelo? Luces y sombras del sistema. Qué falta para que presten más. El impacto de la inflación. Y los presidentes de las entidades, mano a mano. 06 de Septiembre 2010
Como no podría ser de otro modo, el sistema bancario es un fiel reflejo de la Argentina de hoy. Tiene indicadores positivos para mostrar, sin dudas, pero en el fondo está contenido. Comprimido en sus verdaderas posibilidades por un contexto que no logra sacarse de encima la incertidumbre. Lejos de lo que podría dar, aunque venga acumulando ganancias desde 2005, coinciden los analistas. Dominado por el cortoplacismo del ahorrista y limitado, básicamente, a hacer negocios hoy, porque, mañana, es largo plazo. La particular coyuntura lo lleva a enfrentar desafíos repetidos que, como la incredulidad de las cifras del Indec, persisten a través de los años: baja bancarización, escasa proporción del crédito respecto del PBI (Producto Bruto Interno) en la comparación regional, falta de una moneda de ahorro, pérdida de potenciales depósitos por la fuga de capitales que ocasiona la desconfianza… Y la inflación, que golpea los patrimonios y acentúa la propensión de los clientes a no pensar más allá del próximo mes, retroalimentando el círculo vicioso del fondeo corto. Esa es la mirada sobre el medio vaso vacío. La otra mitad refleja que los bancos locales tienen liquidez de sobra, están sólidos y casi no sufrieron el impacto de la crisis financiera internacional en los últimos 18 meses. Por eso, muchos se preguntan qué harán con sus fondos ahora, cuando desde el Gobierno se los quiere obligar –vía la sanción de una nueva ley de entidades financieras– a prestar más. El otro interrogante que flota en la City es cuán sustentable es el modelo de banca ceñida a lo transaccional y la financiación al consumo, con tasas de interés reales negativas.

“Desde el punto de vista de la solvencia y la calidad de los activos, los bancos están muy bien. La rentabilidad luego de impuestos, en 2009, fue el doble que en 2008”, observa Javier Casas Rúa, socio de PricewaterhouseCoopers. “Pero tienen que empezar a prestar más y para eso se necesita un contexto de estabilidad, que resultaría sencillo en otro lado, pero se vuelve difícil hoy en la Argentina”, completa.

Casas Rúa sostiene que el sistema está reprimido en su potencial, con indicadores de liquidez de más del 30 por ciento sobre los depósitos totales desde hace tiempo (39,9, el dato exacto a mayo, según el Banco Central). “Se podría canalizar el dinero colocado en letras (Lebacs, Nobacs) a operaciones de crédito más rentables, incluso, para los propios bancos”, señala.

 “El negocio financiero pasa hoy por muchos lugares que no son los bancos: los retailers financian, hay descuento de cheques en la Bolsa...”, apunta Miguel Arrigoni, managing partner Corporate Finance de Deloitte. “Por la falta de moneda de largo plazo, los bancos están encerrados en vivir como si fueran una gigantesca cuenta corriente. Entre cuentas corrientes, préstamos de corto plazo y personales, tenés el 80 por ciento de los balances”, precisa.

“El negocio bancario está signado por la macro, y el principal problema de la macro es la inflación. Así como impacta en otros sectores, le pega al sistema en los depósitos: las colocaciones a la vista vienen creciendo, y los plazo fijos son 80 por ciento transaccionales también”, analiza Pablo Curat, director de la consultora Curat, Martínez Larrea & Asociados, especializada en el sector. “Los plazo fijos de empresas o compañías de seguros, por ejemplo, no son ahorro. La inflación limita el plazo y la calidad del fondeo”, agrega.

Los propios banqueros admiten esta debilidad. “La alta inflación hace que el fondeo esté corto. Por eso los bancos tienden a prestar al consumo, porque no pueden tolerar un descalce de plazos tan grandes”, analiza Federico Sturzenegger, presidente del Banco Ciudad. “No tiene que ver ni con la regulación del sector financiero ni con el ahorro de los argentinos, que es sólido y aumentó, sino con una tasa de inflación alta que hace imposible financiar a largo plazo en tasa fija”, completa.

A pagar en cuotas
El segundo efecto del alza de precios que menciona Curat –quien realiza estudios de mercado para las entidades– es el crecimiento de la financiación sin interés. “Dentro de las tarjetas, mucho es financiación sin costo. En las estadísticas del Banco Central no se diferencia entre la financiación con y sin costo”, remarca. En algunas entidades indican que la financiación en cuotas sin interés supera el 50 por ciento de la masa financiada con plásticos.

Según el último informe sobre bancos de la autoridad monetaria, el crédito canalizado hacia las familias se expandió un 14,9 por ciento entre enero y abril en comparación con el mismo período de 2009. Las líneas de consumo crecieron en ese lapso 15,7 por ciento; los préstamos personales, 16,4 por ciento, y las tarjetas de crédito, 14,7. En los primeros tres meses, el número de plásticos emitidos subió 17 por ciento interanual, de acuerdo con el Central. El financiamiento total a empresas (fundamentalmente, adelantos en cuenta corriente y financiación de capital de trabajo) y familias creció 21 por ciento.

Al enfrentarse con fondeo corto, los bancos vienen privilegiando desde hace rato el crédito al consumo. Las 50 cuotas para comprar LCDs fueron la novedad más visible de la guerra de promociones este año. Los más grandes (Santander Río, Galicia, BBVA Francés) tomaron la delantera y los demás los siguieron, incluidos los públicos (Provincia, Ciudad). La idea original era fidelizar clientela, pero hoy los máximos ejecutivos admiten que los beneficios ya son un derecho adquirido. “Las promociones no van a desaparecer de un día para el otro, aunque puede que cambien de metodología con el tiempo”, anticipa Daniel Llambías, gerente General del Banco Galicia. “Pero son un dinamizador importante del negocio y ayudan a fidelizar clientes”, agrega.

 Casas Rúa observa, no obstante, que esa  estrategia “genera una visión oportunística de los consumidores respecto de los bancos, en lugar de un canal emocional que los ligue. Produce una dilución de las marcas y una commoditización de los servicios”.

Cómo irán saliendo poco a poco de ese sistema para entrar en esquemas de promociones más personalizadas es uno de los de-safíos comerciales que enfrenta el sector. Las entidades líderes ya están trabajando en formas alternativas para capturar a un consumidor acostumbrado a emplear el plástico del banco A el lunes en el supermercado, el del banco B el martes en el shopping, y el del C el miércoles en la estación de servicio.

Mientras tanto, el consumo con tarjetas de crédito crece al 40 por ciento anual, según datos propios de los bancos, y alimenta la ola, obligándolos a subir sus límites de financiación con plásticos, por la inflación. “Cuando se agota la capacidad de colocar a corto plazo (préstamos personales, tarjetas de crédito), si la cosa está más o menos tranquila, toman Lebacs. Si no está tan tranquila, se inclinan por los pases. Y si hay un poquito más de horizonte, Nobacs a dos años. El banquero es consciente de que se está fondeando con fondos transaccionales. Sabe bien quién está detrás de cada plazo fijo”, describe Curat la operatoria.

¿Pueden hacer más?
La pregunta de fondo es si, pese al condicionante del fondeo y al impacto de la inflación, los bancos podrían hacer algo más para dar crédito de largo plazo, sea para proyectos de inversión –el reclamo oficial– como nuevas líneas hipotecarias, por ejemplo (un nicho que varios players casi dejaron de lado). Arrigoni cree que deberían interactuar un poco más con el mercado de capitales. “Si securitizaran más cartera y no se fondearan sólo con depósitos, podrían ir a plazos más largos. De todos modos, eso no corrige el vacío de la falta de moneda”, afirma.

Para Casas Rúa, es decisivo un marco de estabilidad que hoy no existe, por los zigzagueos oficiales. De todos modos, percibe que los bancos siguen muy temerosos. “Hay muchos proyectos de inversión a gran escala, por ejemplo, en energías renovables, que necesitan una pata local de financiamiento y no la encuentran”, enumera.

“El tema es que el mercado no se expande y hay que ver cuán durable es este modelo de financiar sólo consumo. Si ordenás siempre la misma vaca y no agregás nuevas…”, compara Arrigoni. Para el ejecutivo de Deloitte, habría que cambiar los criterios regulatorios del BCRA y dejar de prestar a las empresas sobre la base de sus patrimonios (cuanto más solvente es, más crédito se le puede otorgar), para hacerlo sobre sus flujos, como sucede en otros países. “Seguimos evaluando a las firmas como en 1950”, critica. “En términos de PBI, tenés el mismo volumen de plazo fijos que había en 2002. Nunca se recuperaron de la corrida de 2001/2002. Y gran parte son transaccionales”, dimensiona Curat respecto del tamaño del sistema. Las colocaciones a plazo del sector privado en 2002 representaban el 9 por ciento del producto, y en 2009, cerraron en 5 por ciento. Los depósitos a la vista, el 5 por ciento en 2002, y el 7 en ’09.

Cola en el cajero
Desde el ángulo del consumidor, los bancos están lejos de ser una industria “deseada”, y las propias entidades lo tienen claro. Los principales planteos que se escuchan entre los clientes están referidos a las tasas de interés, las comisiones y los costos aleatorios. En el primer caso, el fenómeno de las tasas reales negativas (pagan por un plazo fijo 10 por ciento, contra inflación de 20/25) persiste en el tiempo y no se prevé un cambio en el corto plazo, explican en el sector, porque la monetización del saldo de la balanza comercial en los últimos años (un cambio estructural de la economía argentina) hace que la liquidez sea abundante. 

“Realmente es difícil convencer al ahorrista de que deje la plata con una tasa de interés que no le gana a la inflación. Prefiere consumir”, admite Alejandro Ledesma, gerente General del Standard Bank.“Las tasas pasivas van de la mano del dólar, no de la inflación. Y la activa sigue a la pasiva. Mientras se mantenga tranquilo el dólar, la gente tiende a capitalizar en dólares, vía pesos”, analiza Arrigoni. En los bancos vislumbran que el tipo de cambio nominal permanecerá controlado hasta 2011 al menos, porque el Central está cómodo en reservas y el Gobierno no quiere arrojar nafta al fuego del alza de precios. Las comisiones provocan quejas, pero los expertos indican que no pueden ser analizadas fuera del contexto inflacionario. Operar una cuenta corriente para una empresa arranca en $ 60 mensuales en las entidades privadas, y un paquete de individuos (con caja de ahorro y una tarjeta de crédito), en $ 50 por mes. La tasa nominal anual de un préstamo personal oscila entre 30 y 35 por ciento anual, según los ingresos, y el financiamiento del saldo con plásticos, arranca en 24 por ciento. “La tasa de consumo sigue siendo elevada y los costos transaccionales son altos aún, es verdad –opina Casas Rúa–. Pero los bancos vienen haciendo un esfuerzo de eficiencia operativa muy grande. A pesar de tener incrementos salariales del 20 por ciento en promedio en 2009, la eficiencia en el resto de los gastos fue tan grande que el conjunto de los gastos de administración creció menos que la pauta salarial”. Este año, la paritaria bancaria cerró en 23 por ciento de incremento.

“Algunas comisiones subieron el 40 por ciento y otras, menos del 15. En promedio, rondarán el 25 por ciento. Pero, desde 2006, los bancos cubren la mitad de sus costos con ellas, el porcentaje no varió”, apunta Curat, para quien, si todas las variables de la economía se mueven del 15 para arriba, no se debería esperar otra cosa. “En términos reales, la ganancia de los bancos en 2009 fue del 3 por ciento, y desde el punto de vista patrimonial se vienen achicando. El BCRA debería estar mirando esto”, alerta.

¿Eso quiere decir que la solidez del sistema está en peligro? No, responden tanto los expertos como los propios banqueros. La cobertura de la cartera irregular con previsiones excede el 100 por ciento (135, el dato exacto), se eliminó el descalce de monedas de los ‘90 y no existen riesgos de corrida en el horizonte. “La cantidad de ahorro que hay fuera del sistema es tan alta, además, que queda poco contra qué correr”, apunta Curat.

Una fortaleza que, desde el otro lado de la ventanilla, no deja de ser un limitante al crecimiento, como la economía informal. Porque, mientras el ahorro siga durmiendo en el colchón o permanezca estático en las cajas de seguridad, los bancos podrán ganar plata con su modelo transaccional, pero permanecerán comprimidos.



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