Avalancha importadora: la otra cara del modelo K

Avalancha importadora: la otra cara del modelo K

Pese a las medidas adoptadas por Guillermo Moreno para frenar las compras al exterior, la lluvia de importaciones no se detiene. La energía y los bienes intermedios concentran los mayores aumentos. En lo que va de 2010 subieron un 100% y un 49%, respectivamente. El superávit comercial: bajo amenaza. 27 de Agosto 2010

A las medidas normativas le siguieron los improperios verbales. A las licencias no automáticas, al antidumping y a los valores criterios le siguieron los camiones parados en la Aduana, las llamadas telefónicas, las órdenes. Y, aunque lo intentaron, ninguna de aquellas disposiciones (o presiones) consiguió reforzar el paraguas abierto por Guillermo Moreno para contener la copiosa lluvia de importaciones. Grandes gotas que el secretario de Comercio Interior busca limitar, pero que aún no logra apaciguar. Según un informe de la consultora Bein & Asociados, "el nivel de importaciones a precios constantes es un 33% más elevado en términos per cápita que el de 1998, el mejor año de la convertibilidad".

"El Gobierno ha intentado frenar el aluvión de importaciones para evitar perder el superávit comercial que se necesita para financiar la fuga de capitales y el fortalecimiento de las reservas del Banco Central", dice Cristian Alonso, investigador del Área Económica del IAE. Este año, las principales cadenas de supermercados fueron los primeros afectados por el freno impuesto a la importación de aquellos alimentos con equivalente de producción nacional. Tanto la negativa repercusión mediática como el enojo de los países importadores hicieron que las medidas no alcanzaran su meta. "Si bien proyectábamos que las importaciones iban a crecer un 32% en el primer semestre de 2010, lo hicieron en un 43%", indica Mauricio Claverí, especialista en Comercio Exterior de abeceb.com.

Los últimos datos de la consultora indican que hasta julio de este año, las importaciones ya alcanzaron los u$s 29.924 millones, cifra que mantiene los incrementos por encima del 40% y continúa contrayendo el superávit comercial. Claverí agrega: "La fuerte reacción de los principales socios de la Argentina, como China, Brasil y la Unión Europea, contra las medidas de restricción de las importaciones obligaron a la Argentina a relajar su política de control".

Pero la moderación en los controles no se presenta como el único factor que explica este nuevo impulso de la lluvia importadora, ya que hay dos rubros que mostraron un aumento significativo en sus importaciones: el automotriz y el energético.

Raúl Ochoa, ex subsecretario de Comercio Exterior, asevera que "cuantos más autos se producen en el país, más se importa". Es que las autopartes aún están lejos de ser made in Argentina. Para el investigador de la Fundación Standard Bank, "cada vehículo producido posee un neto negativo de entre u$s 6000 y 7000 por sus partes importadas", cifra que será aún más preocupante en 2010, pues se fabricarán 150.000 unidades más de las 480.000 producidas en 2009. En lo que va de 2010, la importación de los bienes intermedios aumentó un 49% con respecto al mismo período de 2009.

Por su parte, la energía es el sector que más preocupa al Gobierno durante este invierno. Según Diego Pérez Santisteban, presidente de la Cámara de Importadores de la República Argentina (CIRA), en el primer semestre del año "la importación de gas creció más del 100%, la de gasoil se encuentra arriba del 85%. Éstos son dos sectores que crecieron mucho más de lo normal". Hasta junio de 2010, las importaciones de combustibles llegaron a u$s 2100 millones, casi lo mismo que se importó durante todo el año pasado. Y este período se estima que estarán por encima de los niveles de 2008, al superar la barrera de los u$s 5000 millones.

El aumento de la actividad y la cosecha de soja se suman a los días de bajas temperaturas para explicar el aumento de la demanda energética. Más allá del convenio que la Argentina posee con Bolivia por la importación de gas, el país ostentó su posición de neto exportador de energía hasta 2004, año en que el gas y combustible producido en territorio argentino alcanzaba para la demanda interna y para la exportación. En la actualidad, ya se gastaron todos los fondos para las importaciones de fueloil y gasoil previstos para estos 12 meses.

Si entonces el aumento de las importaciones está identificado con ciertos sectores de la industria, ¿por qué el Gobierno decidió restringir la importación de alimentos? "Se buscó ajustar por donde se podía. En 2009, hubo una fuerte caída del 32% en las importaciones y no sólo afectó a los bienes de consumo, sino también a las cadenas productivas de sectores industriales que tenían dificultad para importar. Este año había que permitirles cierto margen para incrementar su capacidad instalada", argumenta Claverí. Así, se fue a la búsqueda de sectores que no tuvieran un costo importante para el consumo o la producción, y cuyos bienes puedan ser substituidos. Para Ochoa, la decisión tomada “carece de lógica”. “Ahora se la agarraron con alimentos, antes fue textiles, siempre está el calzado en el medio. Pero en el fondo, lo único que hace es complicar, y en el caso de algunos productos de origen extranjero, como ocurrió con los neumáticos, genera escasez y desabastecmiento", especifica el especialista.

Recuperación y consumo
A los sectores automotrices y energéticos también se le suma una fuerte tendencia importadora vinculada al rubro electrónico. Tanto celulares como netbooks y notebooks hacen sentir cada vez más su ingreso al país. "Los niveles de consumo público y privado son más altos que los históricos, y son financiables por una soja con precios un 30% más altos que en el promedio de la convertibilidad", asevera Marina Dal Poggetto, de Bein & Asociados. En consecuencia, la economista sugiere que los buenos precios internacionales hacen posible que se mantenga en el tiempo el "modelo de push del consumo mediante una política fiscal y de ingresos muy expansivas. La contracara es el achicamiento de los colchones cambiarios y del superávit externo". Sin embargo, las importaciones de bienes de consumo representan tan sólo el 12% de todo lo que se importa. "Esto no significa que se esté consumiendo menos, sino que aumenta la participación de bienes intermedios, como partes y piezas, y de combustibles", aclara Dal Poggetto. Por su parte, Ochoa considera que el aumento de las importaciones es un "alerta amarilla" para el país. “Estamos jugados a que se mantenga en el tiempo el buen nivel de precios de las commodities, en especial los de la soja y el maíz. Una mala cosecha complicaría enormemente todo el desarrollo", dispara.

La recuperación económica y el consecuente crecimiento del PBI también logran explicar el aumento de las importaciones. Luego de un 2009 marcado por la recesión y con importaciones totales por tan sólo u$s 38.780 millones, las consultoras privadas se muestran optimistas con respecto al crecimiento del producto bruto interno (PBI), al que ubican en torno al 6%. El presidente de CIRA posee una visión aún más favorable y proyecta un incremento del 8% en 2010. "Las importaciones tienen una correlación histórica directa con el PBI, a una tasa de equivalencia de alrededores de 3 veces y media. Si el PBI crece un 8%, las importaciones subirán cerca del 30%, pero actualmente vienen aumentando entre un 40 y 50%. Los sectores energético y las autopartes, que están creciendo más de lo normal, explican esta diferencia", considera Santisteban.

De esta forma, el aumento del PBI -bandera triunfalista de la gestión K- se transforma, gracias al crecimiento de las importaciones, en un obstáculo difícil de sortear para Moreno. "La suba de las importaciones es fruto del crecimiento económico; restringirlas es no entender cómo funciona la economía argentina. Ni siquiera un desarrollista haría esto", sentencia Mariano Flores Vidal, asesor principal de la Presidencia del Banco Central."Si la política de parar camiones en la Aduana era exitosa, se frenaba el crecimiento de la economía", amplía.

Por ello, los economistas consultados por WE coinciden en que, para mantener los niveles de superávit comercial, el Gobierno debería poner el foco en las exportaciones. "En lugar de restricciones, hay que mejorar el balance. Creo en la necesidad de aprovechar el buen momento internacional y de mejorar la competitividad vía ciertos pilares que no pasan necesariamente por el tipo de cambio", sostiene Alicia Caballero, profesora titular de Economía Argentina de la UCA. La economista destaca la educación, la infraestructura básica y tecnológica y el acceso al financiamiento de intangibles. Para Alonso, el país posee "una gran deuda" en el área exportadora, pues sostiene que el flujo del comercio global creció mucho más en la última década, pero que la participación argentina se redujo. También cree que "es importante colaborar y asesorar a las empresas, tanto pequeñas y medianas como grandes, y acompañar desde la diplomacia sus esfuerzos comerciales".

En los últimos años, los derechos de exportación han tomado un renovado protagonismo, ya que la recaudación fiscal que proviene del comercio exterior resulta fundamental para el Gobierno. "El conjunto de los derechos de exportación, los aranceles de importación y el IVA de importación es la principal fuente de recaudación fiscal. Supera incluso al IVA local. Si el superávit cae porque las importaciones suben fuerte, ahí se puede generar un problema fiscal y, en el fondo, es la problemática que advirtió el Gobierno", resume Santisteban. Mientras el Gobierno se debate entre la necesidad de caja y el crecimiento económico, las importaciones seguirán golpeando al paraguas proteccionista, al menos, hasta que se decida nuevamente ponerle un freno a la lluvia.

Comercio argentino: de la convertibilidad a los K
• Expo: u$s 26.441 millones
• Impo: u$s 31.403 millones
Bein & Asociados lo define como el "mejor año de la convertibilidad". Según la consultora, en la actualidad, el nivel de importaciones argentinas es un 33% más alto que en 1998.

Ese año, las importaciones a precios fijos de 1993 alcanzaron los u$s 900 per cápita, en aquel entonces equivalente a casi el 11% del PBI. Como también había ocurrido en 1997, el saldo comercial fue negativo en este período por u$s 4.962 millones.
• Expo: u$s 25.650 millones
• Impo: u$s 8.989 millones
Según el Ministerio de Economía, el PBI a precios constantes se derrumbó 10,9%, el desempleo alcanzó una tasa del 21,5% y el consumo total sufrió una caída del 12,5%.

Tanto la crisis como la devaluación condujeron a un cambio estructural en el comercio exterior del país. "Las importaciones de 2002 fueron menos de la mitad que las de 2001", especifica Cristian Alonso, del IAE. Sólo las exportaciones lograron una modesta suba del 3,2%.
• Expo: u$s 29.489 millones
• Impo: u$s 13.833 millones
A medida que se recupera la actividad, el consumo, la inversión y las importaciones, la compra de bienes al exterior sigue el mismo camino, alcanzando un ritmo similar al de las exportaciones.

Para la economista Alicia Caballero, las importaciones aumentan desde 2003 “simultáneamente al retorno del crecimiento” luego de la crisis. “La estructura productiva del país explica que las importaciones argentinas sean sensibles al PBI”, adhiere.
• Expo: u$s 55.668 millones
• Impo: u$s 38.780 millones

La crisis financiera internacional tuvo una incidencia negativa y directa sobre el comercio global. Aunque la Argentina no sufrió tanto como los países desarrollados, no logró ubicarse al margen de la tendencia.

Las importaciones cayeron un 22%, y las importaciones sufrieron una caída más abrupta: 32,5%. Además, el Gobierno comienza a aplicar las medidas regulatorias como las licencias automáticas y los valores criterios.
• Expo: u$s 67 millones (e)
• Impo: u$s 51 millones (e)

Las compras al extranjero alcanzaron casi los u$s 50.000 millones en el primer semestre, lo que refleja una expansión del 43% en las importaciones.

A la recuperación post-crisis se suma el aumento de la importación de Bienes Intermedios (49%), como también de piezas y accesorios para bienes de Capital (42%). No obstante, el rubro de energía sufre una de las subas más preocupantes, superior al 100% en combustibles.



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