Auto económico: Por qué no arranca

Auto económico: Por qué no arranca

El automóvil de bajo precio se niega a poner primera en la Argentina. La inversión requerida, el alza en los costos y las condiciones del mercado, las principales razones. 04 de Octubre 2011

Del dicho al hecho hay más que un largo trecho, sobre todo, si de hacer un auto económico se trata. El proyecto nunca salió de la gatera y se resiste a poner primera. ¿Por qué? ¿Qué condiciones deberían darse para que pueda llevarse a cabo?

En primer lugar, la idea cobra fuerza (y tiene sentido) en contextos de crisis. Tal fue el caso, en 1998, cuando distintas voces del sector pedían al gobierno de Carlos Menem una rebaja del IVA (al 10,5 por ciento) para lanzar un auto popular. ¿La razón? Reactivar la demanda ante la inminente caída de las ventas de cero kilómetro.

En ese entonces, Cristiano Rattazzi, presidente de Fiat, calculaba que el vehículo debía costar US$ 8000 –unos US$ 2000 menos que el auto más barato, el Fiat Uno 1.4.

Pero esa situación no se da en la actualidad: el sector espera que sea un año record de ventas (800.000 unidades) y de producción (850.000). Así, difícilmente una terminal local se embarque en tal proyecto.

“Las plantas trabajan al máximo de su capacidad e invierten para aumentar la producción porque la demanda supera a la oferta. No lo veo para una empresa que ya esté metida en el negocio”, explica Marcos Ferrario, economista de abeceb.com especializado en el sector.

Debería ser, entonces, un proyecto que se lance por afuera de los modelos que ya están produciendo, con lo cual, la inversión sería mayor a los US$ 100 millones que cuesta –por lo menos– sumar un producto sobre una línea de montaje que ya existe. Concebir una plataforma desde cero podría rondar los US$ 500 millones.

Además, quien produzca localmente hoy deberá enfrentarse a la clásica ecuación de tipo de cambio planchado con costos (sobre todo salarios) en aumento, que incrementa el precio final del producto, justo el efecto contrario de lo que se busca. “Hay que hablar de abaratar un rodado ya existente, porque desarrollar uno nuevo desde el inicio representaría una gran inversión y llevaría de dos a tres años”, completa Dante Álvarez, presidente de Acara, asociación que nuclea a los concesionarios.

El cero kilómetro más barato es el Fiat Uno Fire, que cuesta unos $ 43.000.  Por ello, también quedó trunco el plan de Franco Macri, quien, en 2004, entusiasmado con el resurgir de China y con el visto bueno del por entonces ministro de Economía Roberto Lavagna, amenazó con llevar a cabo la idea.

Además de una alianza con los asiáticos, el plan era ensamblar en la planta de Berazategui, donde alguna vez aceleró el Fiat 147. El vehículo tendría entre 800 y 1100 centímetros cúbicos (cc). Finalmente, el único desenlace concreto fue el desembarco de la marca Chery de la mano de Socma, en 2008, con producción en Uruguay.

Importar un modelo (extra Mercosur) que en el mundo es barato tampoco parece ser la solución porque choca siempre contra los aranceles aduaneros de 35 por ciento que lo encarecen ni bien toca suelo argentino.

Todo plan deberá tener una pata local. Y aun así la tarea no es sencilla: por ello tampoco se concretó aún el anunciado desembarco en la Argentina del Nano, de la india Tata Motors, el auto más barato del mundo, que cuesta entre US$ 2000 y US$ 2500.

Juan Carlos López Mena, dueño de Buquebús, manifestó el último año su intención de traerlo y dijo que con una inversión “no menor a US$ 100 millones” podría fabricar ese modelo en la región (Argentina y Uruguay) y venderlo en unos US$ 5500. El proyecto aún sigue en estudio. 

Otra variable a tener en cuenta, dicen en el sector, es el mercado. Cualquier plan de fabricar un auto económico implica bajo precio y volúmenes altos. Para ello, no alcanzaría con las ventas internas, sino que debería estar pensado para el Mercosur.

Además, hay que considerar el gusto del consumidor: los argentinos suelen optar por motorizaciones más grandes, incluso en los coches de entrada (el Chevrolet Corsa, por caso, esconde un 1.6 debajo de su capot).

Así, un auto barato, que tendría baja motorización y poco equipamiento (sin cierre centralizado, airbags, levanta vidrios eléctricos o aire acondicionado), difícilmente conquiste a los compradores. “Estos autos no resultan atractivos y los usuarios terminan agregando accesorios”, sintetiza Álvarez.

Quizás esa sea una de las razones por las que el intento de Zanella tampoco se concretó.  En los papeles contaba con un motor made in China de entre 200 y 250 cc y costaba $ 20.000, pero nunca se materializó. Sin embargo, Walter Steiner, CEO de la firma, volvió a manifestar en junio último su intención de fabricar un auto de tres ruedas. Habrá que ver si esta vez del dicho se pasa al hecho. 



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