Amos de sus dominios

Amos de sus dominios

Desde este año, se extendió la posibilidad de elegir los nombres para asignar a un sitio web. Y, con ella, la oportunidad de traducirlo a negocios. 03 de Enero 2012
Dos mil once no será un año más en la historia de Internet. En febrero, la Corporación de Asignación de Nombres y Números en Internet (Icann, su sigla en inglés) asignó los cinco últimos bloques de direcciones web disponibles, lo que agotó el cupo de domicilios (o protocolos IPv4). Ante el posible tambaleo del sistema, el nuevo protocolo que votó la entidad, el IPv6, habilitó unas 1000 millones de nuevas direcciones IP por metro cuadrado, lo que, se calcula, alcanzará para, al menos, unos 400 años.

Pero el gran hito tuvo lugar en junio, en la 41a reunión celebrada por la Icann en Singapur. Allí, se aprobó, en lo que se considera un hecho histórico para la vida de la Web, la apertura, prácticamente ilimitada, de los nombres de dominio genérico de alto nivel (gTLD).  La decisión, que apunta a “abrir una nueva era para Internet”, es el cambio más importante de la Red desde la creación del “.com” 26 años atrás y habilita a marcas, personas, zonas geográficas y culturas, entre otras, a solicitar, por primera vez, nombres de dominio propio o bien nuevas denominaciones genéricas a partir de enero de 2012. También, se trata de un gran negocio para el mercado de dominios.“La inversión para aplicar es alta y la administración de dominios conlleva desembolsos importantes. Es una revolución en la economía digital”, sostiene Carlos Aguirre, NCA GNSO Council de Icann, uno de los 22 encargados de diseñar las políticas mundiales sobre nombres genéricos.

Actualmente, existen 22 gTLD (sufijos en los que terminan las direcciones web). Por ejemplo,  “.com”, “.org”, “.net” o “.edu”. En tanto, los ccTLD (de países) ascienden a 250 (“.ar”, “.es”, “.uk”).

“Las grandes empresas llevan años haciendo lobby para obtener sus propios dominios. Pero, también, hay organizaciones interesadas en el reconocimiento y la identidad digital de comunidades y zonas geográficas”, señala Andrés Piazza, encargado de Relaciones Externas del Registro Regional de Nombres y Direcciones para América Latina y el Caribe (Lacnic).

En efecto, se trata de la mayor apertura en la historia de Internet. Pocas veces, la Icann expandió el sistema de dominios. La última extensión fue “.xxx”, para contenido adulto. “No sabemos si esto ocurre una vez en la Historia o si será un llamado permanente”, aclara Olga Cavalli, directora de la Escuela del Sur de Gobernanza de Internet y asesora del Ministerio de Relaciones Exteriores de Argentina.

 La aprobación llega después de años de negociaciones. Algunas marcas argumentan que sus nombres (o variantes) pueden ser registrados, lo que les genera perjuicio o ciberocupación, mientras que algunos países sostienen que se desdibuja el peso de los dominios territoriales a favor de marcas registradas.

Nuevo juego, nuevas reglas
El límite, en principio, es la imaginación. Los nombres de dominio podrían terminar en cualquier palabra o idioma, por lo que organizaciones, empresas, personas o regiones harían más visible, original o personalizada su presencia online. 

Podría existir “.google”, “.IBM”, “.Unicef” o “.cocacola”, con la posibilidad de jugar con las denominaciones, según el marketing que se quiera hacer: con productos (“earth.google”, “android.google”, “chrome.google”), empleados (“ceciliagomez.google”) o áreas de la compañía (“prensa.google”, “finanzas.google”).  Será factible un “.berlin”, “.newyork”,  o “.buenosaires”. Comunidades culturales, regionales o lingüísticas podrían acceder a dominios como “.scotland”, “.latam”, “.buddhism” o “.vaticano”.

La controversia estará dada por la asignación de nuevos nombres genéricos, como “.music”, “.shop”, “.green” o “.food”, con mucho más potencial de comercialización que, incluso, el propio nombre. “Todo empieza por un nombre en la Red. Es como comprar un terreno. Los dominios tienen valor. No sólo aseguran la asociación con una categoría o concepto. También, existe el atractivo mercado de dominios”, asegura Cavalli.

La iniciativa, que desde la Icann pretende tanto “pluralizar y democratizar” como ser fuente de “inspiración y creatividad”, no es, sin embargo, accesible. Las solicitudes de gTLD conllevan un costo, en principio, de US$ 185.000 sólo por solicitar la apertura de dominio, más US$ 25.000 de fee anual, una vez aprobado. “No está al alcance de cualquiera. Con todos los gastos, tener un nuevo dominio está en el orden de US$ 1 millón. Esperamos 1500 a 2000 aplicaciones”, señala Aguirre.

Junto con la resolución, Icann diseñó la Applicant Guide Book, una guía que incluye varios requisitos que deben cumplir aquellos que pretendan la administración de los nuevos dominios. “Vamos por la quinta versión. Pero, aún, hay aspectos regulatorios pendientes”, agrega. 

Ningún nuevo dominio puede ser contrario a la moral y las buenas costumbres o no contar con el apoyo de la sociedad donde vaya a lanzarse, se exige en la aplicación. Entre otros requisitos, si se quiere lanzar un dominio que signifique una comunidad (profesional, lingüística, religiosa), a una ciudad o a un municipio, se tendrá que contar con representación de su administración y acreditar pertenencia a la misma, o bien, otorgar un permiso legal para que la opere un tercero.

En términos de marcas, las preocupaciones por mal uso, ciberocupación o derechos de propiedad intelectual están contempladas por la Icann. “Las tasas y períodos de evaluación de las aplicaciones son los necesarios para respetar derechos y no provocar perjuicios a marcas, comunidades o personas”, apunta Aguirre.

Dos resoluciones con las que cuenta la Icann, UDRP (“Uniform Domain-Name-Resolution Policy”), donde tiene injerencia la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual (OMPI), y la recientemente votada URS (“Uniform Rapid Suspension System”) son las que, de manera complementaria, resuelven las disputas entre nombres de dominio y marcas (ver recuadro).

“El proceso no es sólo el pago de una tasa y tener una solicitud legítima. La evaluación de la Icann es muy exigente en cuanto a infraestructura técnica”, comenta Piazza, de Lacnic.
Quienes los administren deben ser capaces de contar con una solidez técnica que asegure que los nuevos gTLD estén siempre disponibles y no pongan en riesgo el funcionamiento del sistema. “Compatibilidad de servidores, seguridad, interoperabilidad. Son algunas de las garantías que deben ofrecer los administradores de los nuevos dominios. Este servicio de back-end puede ser propio, o bien, sub-contratado. Pero es indispensable”, resume Piazza.

Más propio
Quienes mejor posicionados están para administrar los dominios son los registros, organizaciones que tienen la infraestructura técnica y el permiso para administrar dominios ya existentes. Por caso, Verisign, para los “.com”, o la Internet Society, para los “.org”. A su vez, los registros entran en contacto con registradores o re-sellers de dominios, que son los que realizan los acuerdos comerciales con el usuario final. Para muchos, de hecho, el gran objetivo del proyecto es ser un negocio rentable. “Sirve para protección marcaria y para trazar una identidad online si, hasta hoy, no se la tiene. Pero no le veo utilidad concreta para el usuario. Sí, en el caso de hacer negocios con los dominios”, afirma Gustavo Soliño, coordinador de NIC Argentina.

Soliño comenta el proyecto conjunto entre la Argentina, Brasil, Uruguay  y Paraguay para solicitar un dominio propio para el Mercosur: “.mcs”. “Hoy, si se entra a la página oficial del Mercosur, se accede a una ‘.org’ de Uruguay. Con el dominio propio, tendríamos, como bloque, identidad propia en la Web. A las empresas que están en la Argentina y Brasil, que son muchísimas, les daría una entrada identitaria clara y una idea regional fuerte”, subraya.
“.BuenosAires” podría usarse para gobierno electrónico o educación. Pero otros genéricos se emplearían de manera creativa. “Con uno que se asocie a un producto nuevo, de reciente lanzamiento, como ‘.beauty’ (si fuera de belleza), se podría ofrecer contenido relevante y distinto al ‘.com’, que es muy masivo, económico y básico”, apunta Cavalli. Sin embargo, hay otros enfoques. “Lo evaluaría en una segunda etapa. Hoy, es poco accesible. El online es un mundo dinámico. Hay mucho que trabajar sobre construir un vínculo sólido con los usuarios en redes sociales y desde el contenido. Un naming, o un concepto asociado a una marca, tarda años en construirse. Lo evaluaría si el usuario lo incorpora a su cotidianeidad”, afirma Martín Hazan, director de Nextperience y miembro del board de Interact, entidad que nuclea a las agencias interactivas locales. 

Lo cierto es que la apertura de dominios generará mucha más oferta para comercializar. Un player de la industria de vinos por caso, podría comprar “.wine”, generar dominios relacionados con esos productos y comercializarlos. 

“Según la infraestructura del dominio que se ofrezca y el plan de negocios de una empresa, es una posibilidad atractiva de comercialización. Puede haber nuevos dominios genéricos, que apunten a otros nichos”, agrega Cavalli.  

Para la especialista, se trata de invertir en una extensión que, con el tiempo, pueda valer mucho. “Hay un mercado de nombres que, en muchos casos, cotizan altísimo. Esa inversión puede ser un gran negocio mañana”, concluye.

En torno a dominios genéricos como “.shop”, “.sports”, “.green”, entre otros, se generarán las más grandes controversias. “La idea de la Icann es que los empresarios lo vean como atractivo y apliquen; encontrar nichos de comercialización”, afirma Piazza. 

Cambio de hábitos
Otra discusión gira sobre cómo afectará el cambio a la indexación de los buscadores y cómo llegará el usuario a la información. 

 “Desde el punto de vista del SEO (N.d.R: sigla de “search engine organization”, o posicionamiento en buscadores), es efectivo solamente en la medida en que los motores de búsqueda lo consideren como un dato relevante adicional a lo que ya miden. Hoy por hoy, un sitio que obtenga el dominio ‘xxx.cafe’ no posiciona mejor. Probablemente, el buscador ya sabía de antemano que se trataba de un sitio de café, si tenía contenido acorde”, señala Joel Chornik, CEO de El Server, empresa de alojamiento de sitios en la Red.

Familiarizarse con el nuevo sistema, puede, incluso, jugar a favor de los buscadores. Por un desconocimiento inicial de las nuevas denominaciones, los usuarios necesitarían confirmar la información vía buscadores.

Pero también hay una lógica de funcionamiento en la que el “.com” reina y la mayor fragmentación de dominios es por países y no por contenidos.

“En términos de branding, es positivo tener una extensión con el nombre de uno. Pero la barrera de entrada de costos lo hace accesible hoy a pocas empresas, quizás, a las de consumo masivo. También, es útil pensar en cuestiones concretas: empresas con nombres largos, por ejemplo, no serían aptas como extensión. Hoy, las extensiones no pasan de tres letras”, concluye Diego Vitali, Marketing manager de Dattatec, otra firma que ofrece web hosting.



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Videos