Adrián Werthein:

Adrián Werthein: "Somos los garantes de que Telefónica no interferirá en Telecom"

Firmada la paz con sus socios italianos en la operadora, qué país proyectan el grupo de los W para 2011. “En la política, las cartas, aún, están por verse”, dice el empresario. 30 de Diciembre 2010

Está de buen humor Adrián Werthein. “En 58 años, no gané un solo premio. En una semana, me dieron dos. Un buen promedio: uno cada 29”, bromea, mientras pasea por los jardines de su oficina, un oasis que alfombra de verde la terraza del edificio corporativo de La Caja, en Villa Crespo. En los días previos a su encuentro con APERTURA, Werthein –nieto de León, el patriarca de la dinastía– recibió dos distinciones. La Asociación Dirigentes de Empresa (ADE) lo galardonó como “el empresario del año”. En tanto, la Facultad de Económicas de la UBA homenajeó su “trayectoria destacada”. En este último reconocimiento, recuerda, giró y extendió su mano izquierda, para responder a la ovación de sus ex compañeros de estudios, presentes en el auditorio. “Pareció un saludo peronista”, sonríe, mientras degusta los últimos humos del habano que, por pudor, pedirá que no salga en las fotos. La anécdota lleva a otra. Pero más de dos décadas atrás. “Estar ahí, con toda la gente aplaudiéndote… Me hizo acordar a Semana Santa de 1987. En esa época, yo estaba muy activo en Adeba (N.d.R.: la Asociación de Bancos de la Argentina) y había ido a la Casa Rosada durante el motín militar, para ver en qué podía ayudar. Cuando Alfonsín salió a anunciar que ‘la casa estaba en orden’, yo estaba en un falso balcón que hay sobre el principal, que no se ve desde fuera pero desde el que se observa toda la Plaza de Mayo. Y llena, con todo el mundo gritando tu nombre, es algo impresionante… Es muy difícil no volverse loco con eso…”.

La política raramente está ausente en una charla con un Werthein. No son empresarios comunes. Conocen, como pocos, los códigos del poder. Así como le pusieron el hombro a Alfonsín en un momento crítico, se los tildó de menemistas en la década siguiente y de empresarios K, en la posterior. “Al país hay que apoyarlo más allá de sus gobernantes”, la definición con la que planta bandera Adrián, tercera generación de la estirpe.

Presidente de La Caja de Ahorro y Seguros, es uno de los cuatro directores que, con acciones iguales (25 por ciento cada uno), dan vida a Los W, la holding que engloba los negocios familiares, cuyos intereses, hoy, incluyen seguros, agro, energía, servicios financieros, real estate, consumo masivo y telecomunicaciones. Con una prima bruta de $ 3206,9 millones en su último año fiscal, cerrado el 30 de junio, La Caja es la mayor aseguradora del mercado local, con un share del 9,5 por ciento, según datos de la Superintendencia de Seguros de La Nación. Sin embargo, otras joyas brillan en el portfolio actual. Además de la histórica Gregorio, Numo y Noel Werthein –explotadora de negocios agropecuarios que factura $ 150 millones anuales–, poseen Europ Assistance, la histórica marca de tés Cachamai y el 25 por ciento del Standard Bank.

Sin embargo, tal vez la más valiosa, aquella por la cual pelearon a sangre y fuego en los últimos tres años, es otra: su participación en Sofora, la accionista mayoritaria de Nortel, la controlante de Telecom Argentina. El 5 de agosto fue un día de celebración: en Roma, se anunció la firma del tratado de paz por el cual Los W y sus socios de Telecom Italia pusieron fin al conflicto, una novela que se escribió con 19 juicios cruzados, y en la que no faltaron capítulos de suspenso e intriga –tampoco, alguno cómico–, cuyas tramas se enriquecieron con el desfile de personajes (potenciales compradores varios) e, incluso, la amenaza cierta de expropiación por parte del Gobierno.

La pax romana comprometió a Los W a reducir del 50 al 42 por ciento su tenencia en Sofora. “Se abrió una perspectiva interesante. Todas nuestras habilidades, cabezas y mejores recursos humanos están, ahora,  abocados a la generación de negocios, y no a la solución de un conflicto”, sopesa Werthein.

¿Cuál fue el hecho puntual que llevó a que, finalmente, haya paz?
Por un lado, hubo una estrategia jurídica acertada. Habíamos logrado medidas judiciales firmes y estábamos al comando de la compañía. Eso permitió demostrar que no teníamos vocación de apropiarnos, ni había un convenio espurio o alguna de esas cosas que pudieron haber imaginado entre todas sus fantasías. Cuando Telecom Italia entendió que el conflicto se le iba de las manos, empezó a darse cuenta de que era mejor encontrar un camino de convergencia, frente a la evidencia de que quienes estaban al frente de Telecom la manejaban para todos los accionistas y no en beneficio propio. Nosotros vimos que podíamos negociar mejores derechos políticos cediendo parcialmente derechos económicos. Entendimos que era mejor tener una participación bien fundada en contratos que una tenencia económica sin respaldo documental.

¿Y quién ganó?
Hubo tres beneficiarios. Cuatro, con el Gobierno. Primero, los consumidores. Necesitamos una empresa que compita contra Telefónica y brinde un servicio en plena competencia y no como pudo haber ocurrido, si Telefónica hubiese controlado directamente Telecom. El segundo, Telecom Italia. Ellos tenían que acceder a una participación mayor. Si no, no podían consolidar en sus números Telecom Argentina, que es la mejor compañía de su grupo. Tercero, nosotros: resolvimos un conflicto en el que estábamos no queriéndonos ir de la compañía, cuando Telecom Italia, utilizando contratos pre-existentes, podría habernos dejado afuera. Y solucionamos un tema esencial y que, entre otras cosas, había motivado la pelea: los contratos de opciones.

El cuarto beneficiario, el más importante, es el Estado: se limpió los juicios, incluso, un eventual reclamo en el Ciadi.

¿Qué obtuvieron Los W a cambio de reducir su participación?
Somos garantes de la no intervención de Telefónica. Se creó el Comité de Asuntos Regulatorios, con tres directores designados por Los W. Y sus decisiones son vinculantes para el board. Somos un fiscal. Para ellos, era más importante consolidar. Para nosotros, controlar.

¿Qué perspectivas se abren ahora?
La compañía está muy bien posicionada. Tiene un futuro muy bueno. Todo depende también de qué hagan los demás. Acá, el que mejor se anticipe en cuestiones tecnológicas y llegue con productos más fáciles de entender para sus clientes, y sea más eficiente para vender, será el que mejor posicionado competitivamente esté. Hasta antes del conflicto, éramos los más rápidos en el time to market. Decíamos algo y al mes lo implementábamos. La pelea nos demoró un poco en eso. Pero no perdimos competitividad. Seguimos creciendo en Arnet, en celulares y en términos de ingresos, medidos en ARPU (N.d.R.: facturación promedio por usuario, según su sigla en inglés). Hay segmentos con potencial enorme. Todo lo que sea monedero electrónico, débito con el celular… Puede modificar todo el sistema de pagos. Hay cosas muy promisorias por hacer.

Las fotos del poder 
Cuenta la leyenda que, en septiembre de 2003, cuando se cerró la adquisición de la parte de France Telecom en Telecom Argentina, fue el entonces jefe de Gabinete de Néstor Kirchner, Alberto Fernández, el primero en conocer la operación, cortesía telefónica de los propios compradores para con el flamante gobierno. De hecho, se hizo el anuncio de la transacción junto al funcionario. Una foto más. Como las tantas que conviven en la oficina con ornamentos campestres y reproducciones de Florencio Molina Campos. Además de los retratos de distintos hitos familiares, se observan imágenes, en general, de rostros sonrientes. Por ejemplo, los de Carlos Menem o el propio Bill Clinton, de cuya fundación –Clinton Global Initiative– los Werthein son embajadores en el país. La política, de nuevo, sobre la mesa.

¿Qué escenario vislumbra para 2011?
Desde el punto de vista económico, las proyecciones de crecimiento están en torno al 8 ó 9 por ciento. El escenario político será el definidor. Y, me parece, todavía están las cartas sin verse. No se sabe quiénes se presentarán en la oposición. Tampoco está muy claro cómo será la sucesión en el oficialismo. Todo parece indicar que la Presidenta se presentará a su reelección. Pero, aún, hacen falta unos meses para saberlo. Ese será un determinante bastante importante para saber qué pasará después con la economía. Despejando el asunto interno, desde el punto de vista internacional, de nuestros socios estratégicos en el comercio exterior y de nuestro flujo de negocios, estamos en un momento inmejorable. En este momento, todo el escenario favorece a la Argentina.

¿Por qué lo dice?
Hay un tema esencial. Todas las crisis políticas en la Argentina tuvieron su desenlace en el sector externo. Más puntualmente, en la crisis de balanza de pagos. Con mayor precisión, en la falta de reservas en el Banco Central. Es la primera vez –por lo menos, desde que tengo memoria– que hay un Banco Central con US$ 52.000 millones y un mundo complejizado y convulsionado, con problemas muy parecidos a los que nosotros tuvimos en el pasado y que, hoy, ya no sufrimos. En ese contexto, la Argentina tiene una gran oportunidad. Encontraremos los caminos para aprovecharla. Crece, cada vez más, la necesidad de trabajar empáticamente entre todos los sectores, de disminuir el nivel de conflictividad. Soy optimista. Vamos en esa dirección.

Si uno tiene que guiarse por la actualidad política, pareciera que no…
Esas son las evidencias del año electoral. Por ejemplo, se usó el Presupuesto como una herramienta de oposición. Como fue el 82 por ciento móvil: no escuché a ningún sector que hiciera una evaluación cabal de con qué recursos se pagaría y cuál era el impacto el año próximo. Hubiera sido importante exponerlo con números, con las posibilidades reales y genuinas. Por eso, no se discutió el Presupuesto, sino una cuestión de liderazgo y de cómo se posiciona la oposición frente al Gobierno.

¿Cómo evalúa el impacto del fallecimiento de Néstor Kirchner?
El ex presidente Kirchner fue, sin duda, quien fijó la agenda política en los últimos años. De manera que su falta es importante, tanto para sus seguidores como para sus opositores. Era un boxeador que estaba siempre en el centro del ring. Y, en este momento, ese hombre no está. Consecuentemente, veremos acomodamientos. Y entiendo que la Presidenta se está tomando sus tiempos, para elaborar esta nueva situación.

¿Y en términos económicos? Porque él era el ministro no oficial de Economía…
Contesto con lo siguiente: hay US$ 52.000 millones de reservas. Es más fácil no cometer errores de otros tiempos, cuando las necesidades requerían fórmulas mágicas. Hay que administrar bien donde estamos parados. En ese contexto, tenemos los skills y las personas con capacidad suficiente para hacerlo, sin tener que abordar deterioros hacia el futuro. Sin embargo, en las empresas se percibe una sensación de pelota parada hasta diciembre de 2011. 

Nosotros somos gente que invierte en la Argentina. Que vive en el país y piensa seguir desarrollando sus actividades en él. No podemos parar porque haya un signo de interrogación en tal o cual mes. ¿Qué le vamos a decir a nuestros clientes? ¿Qué no invertimos en nuevos sistemas o no avanzamos con nuestros planes de crecimiento porque puede cambiar la bocha? Me da la impresión que muchas de estas cosas también tienen una utilización política. A lo mejor, una multinacional puede decir: ‘Antes de volver con una nueva inversión, espero’. Pero no los que estamos acá. Al contrario, si otros no invierten, apostaremos más. Porque lograremos más participación. Esa es una actitud de crecimiento y de apoyo al país. Y al país hay que apoyarlo más allá de sus gobernantes. Uno no siempre está de acuerdo con un gobierno. Pero eso no lo libera de la obligación de asistirlo para que tenga éxito y hacer las correcciones que deba. Pero la calidad bien entendida empieza por casa. No podemos echarle la culpa a los gobernantes de lo que no hacemos porque no nos dan seguridad.

¿Cómo fue 2010 para los demás negocios?
Bueno, en general. Para La Caja, por ejemplo, se cumplieron todas las metas presupuestadas. Después, en nuestros negocios agropecuarios, hubo dos caras. Fue muy bueno para los productos agrícolas, muy malo para la ganadería: tenemos precios que devienen de la baja enorme que tuvo el stock y que llevará muchos años (por lo menos, cinco) recomponer. En energía, tenemos algún éxito. Ya extraemos petróleo en La Pampa. Y las expectativas son buenas. Empezamos con una tasa de certeza muy baja, en torno al 6 por ciento. Para las próximas perforaciones, ya estamos en cerca del 80.

¿Es el negocio con más potencial?
No me animo aún a decir que soy más optimista de lo que soy. Pero tiene una muy buena perspectiva. También, estudiamos la posibilidad de algunas energías más benévolas con el medio ambiente. Estamos mirando algo en energía eólica. Podremos avanzar en los próximos años.

¿Piensan salir del Standard Bank?
No es un negocio estratégico, sino una inversión financiera y cumplió con todos los parámetros que visualizamos. Siempre decimos que somos estratégicos en el país. Y, si es un negocio interesante y alguien nos hacen un ofrecimiento… Pero no pensamos en vender. Tampoco, en incrementar la participación. Es más, eso no nos interesa. No queremos volver a un mercado en el cual estuvimos muchos años. Una vez que nos fuimos (N.d.R.: la familia controló el Banco Mercantil), no era para volver en las mismas condiciones. Es una actividad a la que hay que dedicarse enteramente y con muchos negocios que, si se está en la banca, no se pueden ni se deben hacer. Para mí y mis socios, es ciclo cumplido.

Mencionó que los negocios cumplieron las metas presupuestadas. ¿Cuáles fueron las bases de esos pronósticos?
Todo surge de cuánto es la estimación del crecimiento del país. Y, en función de eso, hacemos nuestras proyecciones, con distintas hipótesis, que vamos ajustando durante el año. Variables como tipo de cambio, inflación. Así como el año próximo se está calculando un crecimiento cercano al 9 por ciento, haremos números más conservadores. Tratándose de un año electoral, amesetaremos un poquito el crecimiento.

¿Le pedirá a Boudou que le arme un presupuesto?
Bueno, hacerlo, parece que lo puede hacer. Pero, después, no consigue que se lo aprueben… (ríe).

Pero la inflación proyectada no será 10 por ciento anual.
Me parece que no. Pero no me animo a darte un número porque, después, me embocan con eso (risas otra vez).



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