Adeptos al verde, la huerta y el sol

Adeptos al verde, la huerta y el sol

La tecnología acortó las distancias: vivir lejos de la ciudad ya no significa estar aislado. Por qué cada vez más CEOS eligen ese estilo de vida. Las ventajas y desventajas de esa elección. 25 de Marzo 2010
Destinan más de dos horas diarias al viaje, lidian con el tránsito y, en muchos casos  empiezan su día de madrugada para no toparse con el tránsito de la  hora pico. También hay quienes integran el tiempo en el auto a la agenda laboral y hasta se organizan conferences calls. Son ejecutivos que optan por seguir viviendo en el verde. Un estilo de vida que en los últimos diez años adoptó más de 180.000 personas, según el relevamiento de operadores inmobiliarios. Ni siquiera la distancia,  la dependencia del auto, los traslados, los gastos adicionales y la lejanía de los abuelos pudieron con la avanzada de las urbanizaciones cerradas. Entre los adeptos a esa forma de vida, los hombres de negocios son el blanco perfecto para los desarrolladores. Prueba de ello es el polo corporate que se levanta en las inmediaciones de la Panamericana. Una zona con proyectos por más de u$s 100 millones en inversiones y empresas instaladas como Unilever, Telefe y Mapfre por nombrar algunas.

Calidad de vida y más
Pablo Saubidet, Ceo de iPlan, vive en un barrio cerrado del Norte desde hace 10 años y tarda 45 minutos en recorrer los 20 kilómetros de distancia entre San Isidro y el centro porteño. Para contrarrestarlo, aprovecha ese tiempo de la mañana para compartirlo con sus hijos que estudian en la capital. A la vuelta, por la tarde, escucha FM o habla con amigos. "Es un placer, llegar y  disfrutar del olor que hay en el aire cuando cae la noche", explica. Leo Piccioli, el Ceo de Officenet-Staples, quien vive en Pilar. En su caso, el tiempo de viaje,  varía entre los 50 minutos y las dos horas; pero no lo cambia por nada. Prefiere resignar ese tiempo y  disfrutar del espacio abierto, el jardín, la parrilla y  de las "sorpresas" de su huerta cada mañana. Para Alberto Pizzi, el presidente de Kraft, la ecuación es más sencilla. 

Desde el 2000 vive en Pilar, a 50 kilómetros de la Capital, pero trabaja en Pacheco. "Vivir afuera disminuye  el estrés y la calidad de vida de la familia se potencia", comenta.  Otro caso es el de Máximo Lorenzo, el presidente de Creata, una compañía de marketing integral de origen  australiano. En 2002 se mudó a Garín. Se define como una  "criatura de ciudad" que se acostumbró con el tiempo a vivir en los suburbios. Para Miguel Livi, el CEO de Royal Class "todo es cuestión de aprendizaje".  Vive e a 60 kilómetros en Pilar. "Te da  otra perspectiva, la amplitud te hace pensar en el largo plazo, criar a los hijos con más libertades y paz en el descanso".

Cómo aprovechar el tiempo al volante es clave. "Poco teléfono, mucha reflexión y grandes ideas", responde Lorenzo. Livi en cambio,tiene instalado en el auto un sistema  con un micrófono de alta fidelidad para mantener conferencias. "A la ida hablo con las áreas de ingeniería y al regreso hago los llamados pendientes", detalla. Pero como en la vida nada es perfecto, y la etapa con hijos adolescentes, en algunos casos, obliga el retorno a la city. Pizzi no lo descarta. Saubidet , con planes de volver recomienda ese estilo de vida cuando hay chicos de hasta 12 años. Piccioli dice que tenderá a trabajar más cerca de casa que a vivir más cerca del trabajo.



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