APERTURA: La historia oficial

Cómo nació y creció la revista de economía y negocios más importante de la Argentina. Los avatares que sus fundadores, Marcelo Longobardi y Gabriel Griffa, tuvieron que atravesar para materializar su sueño. Crónicas y anécdotas de “dos tipos audaces”. 27 de Julio 2010

El nacimiento de APERTURA tiene muchos elementos de una clásica historia de garage: una idea, dos entrepreneurs, ninguna experiencia ni capital suficiente, pero sí una fuerte convicción que, tras 27 años y 200 ediciones, sigue viva en la revista de negocios más importante del país.

¿Cómo se gestó la hazaña? Un  vendedor de equipos de música (Marcelo Longobardi, 20 años), que perdió su negocio cuando el por entonces ministro de Economía –Lorenzo Sigaut– devaluó, comenzó a interesarse en cómo funcionaba el país y quiso hacer su propia revista. Un estudiante de Relaciones Públicas (Gabriel Griffa) hizo de fotógrafo improvisado en la boda de su tía, situación que el destino eligió para juntarlos. “Con Gabriel, mataba dos pájaros de un tiro: la fotografía era clave y, además, conocía al hijo de Ricardo Zinn (presidente de Sevel), con lo que conseguía también a mi primer anunciante”, se sincera Longobardi.

La revista comenzaba su historia, con un foco político e ideológico: un liberalismo entre “Benegaslyncheano”, libertario a lo Ayn Rand, y “anarco capitalista”. Pero todo parecía imposible. Cuando juntaban los avisos, les faltaba el papel. Cuando tenían papel, faltaban las notas. Cuando llegaban, les cortaban la luz. “Durante todo 1982, le prometimos a la gente que haríamos una revista. Y llegó el momento en que no nos quedó otra que hacerla”, ironiza Griffa.

En enero de 1983, finalmente, se produjo el nacimiento. “Qué censura la censura” fue la tapa de esa primera edición, de 64 páginas, en papel obra, siete avisos y una tirada de 5000 ejemplares, impresos en las rotativas del diario Crónica, porque Héctor Ricardo García fue el único que les permitió pagar la edición con un factoring a 90 días. “La primera redacción fue la mesa de un bar de Maipú y Córdoba. Luego, una oficina que nos prestaba Félix Redrado (N. de R.: padre de Martín, quien fue secretario de Redacción de la revista)”, recuerda Longobardi. APERTURA se llamó así porque sus fundadores querían vivir en un país con apertura e integración al mundo. El nombre elegido era “La nueva generación del ’80”, pero un potencial inversor les dijo: “¿Y qué va a pasar cuando vengan los ’90?”.

“Más allá de nuestra capacidad de convencimiento, la revista fue posible gracias a que mucha gente, durante varios años, trabajó gratis y otra, nos brindó un verdadero acceso a las oportunidades”, admite Griffa. A tal punto era el esfuerzo, que almorzaban en un lugar llamado “0,65”, por los centavos de austral que costaba el plato de puré con dos albóndigas.
“Un día, casi llegamos a estar al borde de la quiebra: endeudados y extenuados, habíamos agotado nuestras fuerzas”, coinciden. Para ese entonces, ya se habían desencantado de la política, de los políticos liberales y el concepto original de una revista de opinión. 

El giro hacia los negocios
Compartían 12 a 16 horas diarias en la “redacción”. Trabajaban fines de semana. Discutían con pasión. “Todo era muy moderno porque no teníamos para pagar sueldos ni el alquiler de una oficina. Éramos una empresa virtual, descentralizada y operábamos en tiempo real”, agregan irónicos, en referencia a la falta de recursos. Sin embargo, fue entonces cuando decidieron darle a APERTURA un nuevo rumbo, rescatando del liberalismo clásico las ideas que fundaron el capitalismo. Así fue que APERTURA se convirtió en la primera revista de negocios de la Argentina. “El concepto editorial se definió en 1986. La micro fue nuestro foco inicial y ‘Sepa si usted es entrepreneur’, la portada que marcaría el inicio de una nueva etapa”, describe Griffa. 

Entonces, comenzó el largo camino de buscar accionistas, que los obligó a diseñar un proyecto más profesional, que preveía una inversión de US$ 50.000, de los cuales US$ 19.500 eran para cubrir deudas preexistentes y US$ 30.500, de capital para la empresa. “La APERTURA moderna fue producto de la necesidad”, dice Longobardi. En agosto de 1989, cuatro angel investors aportaron US$ 12.500 cada uno y así nació Mind Opener SA, con Gabriel y Marcelo como directores Ejecutivos, más cuatro accionistas inversores (Carlos Adamo, Juan Cambiaso, Jorge Bustamante y Gerardo Moché). Menem nombró a Miguel Roig como ministro de Economía y APERTURA decidió salir con la historia de Bunge & Born en tapa. Vendió 20.000 ejemplares. 

“Nos agarrábamos a trompadas por el grosor del filete de la volanta. Eran discusiones de cinco horas. No ponernos de acuerdo con el tamaño del cuerpo de la tipografía de los epígrafes equivalía a tirarnos con cosas físicas”, se ríe Longobardi. Cuando ya todo estaba encaminado, los entrepreneurs debieron capear el tsunami de la híper. Pero las crisis pasan y las oportunidades florecen. “Cuando APERTURA se volvió un éxito y había que construir una empresa, los roles se invirtieron. Gabriel pasó a ser el agresivo y yo el conservador. Griffa logró el crecimiento y la consolidación de APERTURA como empresa y grupo editorial”, asegura Longobardi.

Gabriel empezó a imaginar y diseñar el nuevo proyecto empresarial y Marcelo, a gestar su carrera periodística. En la edición de mayo de 1991, Longobardi se despidió de la dirección Editorial: “Sentí que a la revista la tenía que manejar una sola persona. Era Gabriel o yo. Empezábamos a tener perspectivas diferentes. De un día para el otro, como si fuera un divorcio, no fui más. Era la única forma de destetarnos. Para mí fue muy fuerte. Era como dejar la casa de mis viejos”.

Cuando se les pregunta cómo capitalizaron la experiencia y si volverían a encarar el proyecto, son terminantes. “La historia la repetiría exactamente igual. No teníamos chance: hacíamos las cosas que hicimos o no había revista APERTURA. Nada de esto hubiera ocurrido de no haber sido porque Gabriel y yo elegíamos comer en ‘0,65’ y compartir una albóndiga para cada uno y la porción de puré a medias”, afirma Longobardi. “Pienso en los momentos difíciles, en los de crecimiento y en la cantidad de gente que pasó por la revista, como Luis González Balcarce, Carlos Colombo, Alicia Cerri y de muchas otras personas.: sin su aporte, APERTURA nunca hubiera sido posible”, agrega Griffa. “Este proyecto fue como un sueño. Delirante, por supuesto. Sentimos que dejamos parte de nuestras vidas en APERTURA”, coinciden ambos entrepreneurs, 200 ediciones después.



¿Te gustó la nota?

Comparte tus comentarios

Sé el primero en comentar

Videos