A remar que se acaba el verano

A remar que se acaba el verano

Los kayaks de travesía ofrecen la posibilidad de recorrer las aguas más bellas de la Patagonia sin necesidad de grandes esfuerzos ni saberes previos, al tiempo que aseguran un contacto con la naturaleza muy cercano en cualquier época del año. 12 de Marzo 2010

Un remo, los elementos de seguridad y un lago que se abre enorme y sereno. No hace falta más para disfrutar de una salida en kayak de travesía. No hay entrenamiento previo, más que una charla técnica de aproximadamente 15 minutos, y no es necesario ser un atleta ni mucho menos.

El kayak de travesía es accesible para la mayor parte de las personas y permite recorrer distancias considerables con un esfuerzo moderado. Además, son embarcaciones seguras: los kayaks dobles que se suelen utilizar están diseñados para soportar travesías, incluso en mares picados o viajes de muchos kilómetros de extensión. Por eso, dada su excelente estabilidad primaria y secundaria, es improbable que se den vuelta en un lago. Además, están equipados con timones rebatibles, lo que, junto con pequeños tips sobre la remada que los guías explican antes de entrar al agua, hacen que el kayak se pueda maniobrar con facilidad, incluso si uno no es un experto ni un dotado. Los salvavidas con un corte especial que permiten remar con comodidad, las palas anguladas que ayudan a generar mejor propulsión, las chaquetas secas para mantener el torso ídem y los faldones que cubren el cockpit para que no ingrese agua al kayak completan el equipamiento básico. El resto son las ganas de recorrer lagos, ríos o el mar con una perspectiva diferente. Ya sea en San Martín de los Andes, Bariloche, Esquel, Puerto Madryn, Puerto Deseado o Ushuaia. La Patagonia tiene un menú variado de sitios donde lanzarse a remar.

Los lagos del sur

Con 10 años de experiencia en la zona del Nahuel Huapi, Pura Vida ha desarrollado diversos circuitos que implican dos o más días de navegación. Entre los más sencillos se encuentra el que recorre los lagos Hess y Roca, dos espejos de agua ubicados en el Suroeste del parque nacional, en un área de vegetación tupida y que aún hoy no recibe la cantidad de visitantes que llega a otros puntos cercanos a Bariloche.

Si se comienza la travesía en el vecino lago Mascardi, se puede aumentar la cantidad de días a cuatro. Y si se opta por moverse hasta la entrada de Bariloche y encarar el río Limay hacia el este, se puede llegar a participar de una expedición de 8 días que permite adentrarse en la zona de estepa y llegar hasta los grandes diques que se ubican en los límites entre Río Negro y Neuquén.

Otro destino para “kayakear” es la cercana Villa La Angostura, en donde al lago Nahuel Huapi se le agregan los pequeños Espejo y Correntoso, dos sitios escondidos en medio del verde intenso de la cordillera más occidental, en los que el contacto con la naturaleza no solo es directo, sino abrumador. De la mano de operadores locales, como Patagonia Infinita, se obtiene un plus por el mejor conocimiento del lugar, lo que permite disfrutar de esas playas que nadie más visita o de rincones reparados para acampar.

Hay que detenerse en una de las regiones que la naturaleza parece haber dispuesto especialmente para realizar recorridos en kayak. El Parque Nacional Los Alerces se caracteriza, además de por sus árboles milenarios (que dicho sea de paso están a unos 40 kilómetros de la zona en donde hubo incendios este verano), por albergar un sistema de lagos y ríos encadenados que permite embarcarse, inclusive, fuera de sus límites, en Cholila, y avanzar por más de 70 kilómetros. Los lagos Cholila, Rivadavia, Verde, Futalaufquen y Kruger; y los ríos Carrileufú, Rivadavia y Arrayanes conforman un escenario inmejorable. Y en esta época del año, el bosque de ciprés, ñires y maitenes ofrece sus tonos dorados, rojos y verdes, en contraste con las aguas azules y turquesas, el blanco de los glaciares colgantes, y el amarillo inconfundible de los kayaks que surcan los lagos.



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