10 claves para invertir en el campo

10 claves para invertir en el campo

Cuáles son las problemáticas que enfrenta la actividad rural y qué oportunidades ofrece. Precios, rindes, impuestos y perspectivas. 05 de Julio 2011
1- Con una política intervencionista, la producción agrícola está atada al clima y a la suerte de las cotizaciones en Chicago. El cálculo es que, con la actual campaña, el fisco embolsará US$ 8000 millones en derechos de exportación (retenciones), el 8 por ciento de la recaudación tributaria general. “Se cree que el productor hace poco y tiene ganancias extraordinarias, por el incremento de los precios internacionales. Por eso, el Gobierno retiene para gastar en subsidios en lugar de dejar que el empresario reinvierta”, analiza el economista Orlando Ferreres. Agrega números: “Desde diciembre de 2002, la tonelada creció 126 por ciento. Pero, si se toma el neto, el incremento fue de 92 por ciento. En cambio, el precio de un futón aumentó 223 por ciento”. El economista da otro dato: “Pasamos de 30 millones de toneladas de producción de soja, en 1990, a 100 millones. Sin trabas, hubieran superado las 150 millones”. Otro efecto de la discrecionalidad es la desinversión, principalmente, en trigo y maíz. “Afecta. Por ejemplo, además del impacto de las retenciones, el productor de trigo cobra hoy US$ 70 menos por tonelada de lo que podría estar recibiendo si el mercado estuviera abierto a la exportación. En el caso del maíz, US$ 50”, comenta Ricardo Negri, a cargo de Investigación y Desarrollo de Aacrea, asociación que nuclea a empresarios rurales para el intercambio de experiencias técnicas. Esto también explica en parte el incremento de soja, el mercado menos intervenido. A eso, se le suma el aumento del precio de los insumos. En un año, los fertilizantes subieron: 19 por ciento la urea y 23, el fósforo. Siempre, en dólares. También son significativas las alzas en pesos de insumos y servicios. “Es importante porque la inversión en tecnología disminuye la variabilidad del rendimiento”, aclara Negri.

2- Pese al intervencionismo, la agricultura sigue siendo una actividad rentable. “En la Argentina, los gastos directos de implantación de soja rondan los US$ 180/200 por hectárea. En Brasil, sin arrendamientos, están entre US$ 550 y US$ 580 en el área de Mato Grosso”, analiza Negri. “La tendencia a la suba de los precios internacionales, con un aumento de casi tres veces en dólares desde 2003, se vio reflejada también en una mayor rentabilidad por hectárea. Los impuestos distorsivos se compensaron, además de por la suba en los valores, por los mucho mayores rendimientos por hectárea cosechada”, agrega Ferreres. “Después de Rusia, la Argentina es el país más proteccionista del mundo, una política que impactará en el largo plazo. Hoy, el 14 por ciento de las exportaciones son de trigo y sólo el 0,7, de galletitas. Es por la incertidumbre que generan las políticas restrictivas”, dice Lucio Castro, director de Integración Global Desarrollo Productivo del Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (Cippec).
 
3- La tendencia alcista en los precios internacionales se mantendrá. “Este es el mejor contexto internacional de la historia, con un escenario de precios, de entre 15 y 20 por ciento por encima del promedio de los ’90, que se mantendrá en las próximas décadas”, afirma Castro. Se prevé que, en 2050, el mundo alcance los 9500 millones de habitantes. Esto implicará mayor consumo de alimentos, potenciado por una menor pobreza mundial en países como China y la India. “Esto debería estimular un crecimiento del 70 por ciento en la producción”, afirma. Ferreres agrega que el uso de los alimentos como energía también presiona los precios al alza, por la mayor demanda de granos y oleaginosas para etanol o biodiesel. Sobre todo, en un escenario de agotamiento de la oferta de petróleo. “El gran aumento del consumo se agudizará por los programas de energía alternativa (biocombustibles). En julio de 2008, el 30 por ciento de la producción de maíz se destinaba a la generación de energía alternativa. Hoy, es más del 40 por ciento”, agrega. 

4- La legislación versus la innovación. La normativa sobre los derechos de propiedad, que amparan las innovaciones genéticas contenidas en las semillas de soja, representa un problema para el sector. Sobre todo, si se tiene en cuenta que en Brasil, Paraguay y Uruguay ya se habla de una nueva variedad, que promete rendimientos que variarán 7 a 14 por ciento en comparación con las actuales. Hoy, existe un acuerdo multilateral que incluye el derecho del agricultor: a quienes hayan adquirido las semillas abonando las regalías se les permite poder sembrar indefinidamente el fruto de su cosecha sin volver a pagarlas. Punto no menor si se tiene en cuenta que la Argentina, con 50 millones de toneladas al año, junto a Brasil (70 millones) y los Estados Unidos (con 90 millones) suman el 84 por ciento de la producción mundial de soja. 

5- El trigo, en estado de incertidumbre. Aún no se sabe si el cultivo superará los 4,35 millones de hectáreas de la campaña pasada. Mientras la demanda global está en alza, en el país, los productores  no encuentran mercado. Ya se agotaron los Registros de Operaciones de Exportación (ROE) y los molinos no compran. Según datos de la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (Carbap), el productor argentino pierde un promedio de US$ 82 por tonelada de cereal y, de cada hectárea producida, US$ 274 van a las retenciones y US$ 321 (27 por ciento) se pierden por la distorsión que provoca la intervención. Otro dato, esta vez, de la Federación de Acopiadores, es que, desde el inicio de la intervención, los productores perdieron US$ 4608 millones, monto que supera el valor del trigo destinado al mercado interno en ese período. La buena es que el mal clima en los Estados Unidos, el mayor exportador del mundo, beneficiará a la Argentina. Además, los precios del cereal viven sus máximos históricos. A futuro, las primeras estimaciones de sectoresonline.com es que la próxima campaña registrará un crecimiento del área sembrada en 300.000 hectáreas, con una producción de 13 millones de toneladas, aunque el rendimiento por hectárea será algo inferior al de este año.   

6- La industria molinera, en crisis. El sistema de compensaciones, que le permitió al sector cobrar $ 3771 millones en cuatro años, quedó en la historia. Desde fines del año pasado no las cobra, lo que impactó paralizando las compras de trigo y una deuda que supera los $ 1000 millones. El Gobierno otorgaba las compensaciones a cambio de mantener la bolsa de harina de 50 kilos a $ 47. Hoy, no se recibe el subsidio y se mantiene ese precio cuando, afirman los productores, debería valer entre $ 80 y $ 100. El caso del trigo sirve para graficar la discusión de fondo que vive el sector. Se enfrentan dos modelos antagónicos. “El agroexportador de principios de siglo XX, con la Argentina como granero del mundo, o el de valor agregado y en origen, impulsado por el Gobierno”, describe el consultor Javier Preciado Patiño.

7- Existe un incremento exponencial de las ventas de maquinaría agrícola. Es uno de los indicadores más claros del sector. En la última campaña (2010/2011),  alcanzó los $70.156 millones. En el cuarto trimestre de 2010, superó los US$ 400 millones. En los primeros tres meses de 2002, apenas, superaba los US$ 20 millones. Ferreres aporta un dato:  los camiones pasaron de transportar 30 millones de toneladas, hace 12 años, a transportar 100 millones de toneladas en la actualidad.

8- El negocio cárnico ganadero está en reestructuración. En tres años, el stock ganadero se redujo en 8,2 millones de cabezas (14,7 por ciento), según sectoresonline.com. Quedaron 47 millones, a raíz de un extendido período de liquidación, debido a la baja rentabilidad, la limitación de exportaciones y la contención de los precios. Las dos últimas, medidas que priorizaron el consumo interno. La escasez de oferta provocó un efecto retractivo de la demanda, a niveles comparables a los de 2002.

9- La liberalización de los precios generó señales positivas para la carne bovina. Se revirtió el ciclo de liquidación, alentando la cría y prácticas de engorde, a partir de que la actividad recupera rentabilidad. Según sectoresonline.com, se evidencia una etapa de retención de vientres. En diciembre último, se faenaron 425.000 hembras, 36 por ciento menos que igual mes de 2009. “Se generó una fuerte desinversión. Hace tres años, el consumo per cápita era de 72 kilos al año. Hoy, de 57 y será muy dificio volver a alcanzar esos niveles”, aclara Negri. Se estima que recién en tres años se recuperará la capacidad de faena para abastecer a las demandas interna y externa. Negri aporta números: “El repago de una vaca es a siete años y el de las cerdas, entre cinco y siete, con una inversión por cada una de US$ 4500 a US$ 5500”.

10- Efecto inmobiliario. Las zonas que mayor demanda tienen son las agrícolas. En el país, el valor de la tierra durante 2010 subió alrededor del 20 por ciento. “El precio de los campos agrícolas arrastró el de los ganaderos por un efecto inmobiliario en todo lo que es la Pampa Húmeda. Hoy, un campo ganadero en la cuenca del Salado vale alrededor de U$S 2500/3500 por hectárea y uno agrícola de excelencia cotiza de US$15.000 a US$ 17.000 por hectárea”, comenta Cristián Belaústegui, presidente de la Compañía Argentina de Tierras.



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