Un emprendimiento que produce ropa para bebés con conciencia social
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Un emprendimiento que produce ropa para bebés con conciencia social

El proyecto nació en 2008 de la mano de una diseñadora que buscaba un producto comprometido con el medio ambiente y la sociedad. Cómo funciona la cadena de trabajo que garantiza que la mano de obra no sea esclava. 

07 de Enero 2013




Ileana Lacabanne estaba embarazada. Y a raíz de eso, pensaba que quería darle el ejemplo a su hijo con un proyecto comprometido. Por eso empezó a pensar qué podía aportar desde el diseño, carrera que cursaba por 2008 y que la llevó, sin imaginarlo, a dirigir un emprendimiento que combina los negocios con un producto responsable, desde su confección hasta su venta. 

A la par de su embarazo, ideó Chunchino Eco Bebé, con el objetivo de diseñar y producir ropa para los recién nacidos pero sabiendo quién la producía, bajo qué condiciones y con qué productos. “Empecé a investigar el concepto de ‘Eco diseño’, que contempla de principio a fin el impacto social y ambiental, porque lo más importante para nosotros es que se sepa cómo se hizo, ver las manos que pasaron por el producto”, narra Lacabanne en diálogo con Apertura.com. Aprovecha que su hija, de un año, duerme. Mientras tanto, Felipe, su hijo mayor y quien creció junto al proyecto, ya tiene cinco años.

Chunchino II
A solas. La emprendedora con uno de sus productos, elaborados con algodón ecológico. 

El hecho de ser madre no es menor, y no sólo porque todo comenzó gracias a su primer embarazo, sino que incluso el nombre “Chunchino” llegó de la mano de Felipe. “Es el apodo que mi marido le puso a mi hijo”, recuerda.

Los productos van desde baberos hasta pantalones, gorros, conjuntos y saquitos. El trabajo se basa, según explica la emprendedora, en tres puntos: la materia prima, donde se utiliza algodón orgánico certificado de Perú y algodón agroecológico del Chaco; la confección, donde lo más importante es que la mano de obra no sea esclava, por lo que la producción está en manos de la cooperativa La Alameda, una organización que lucha contra esa situación; y el packaging, que es opcional y es producido por la asociación Red Activos, en la que trabajan personas con capacidades diferentes.

“Antes no había tanta conciencia (ecológica o social), pero ahora está más de moda. Y si bien han existido productos de algodón orgánico, hace 10 años hubiera sido más difícil que el negocio funcionara”, analiza. Quien quiera certificar el camino de la prenda, sólo deberá leer la etiqueta, donde se especifica el recorrido hecho, desde el taller hasta las manos del consumidor final.

Mientras tanto, la decisión de emprender con conciencia ecológica y social se vio determinada con su inmersión en el mercado de la moda. Allí descubrió que existen grandes problemas, como el trabajo esclavo o infantil, o incluso la contaminación. “Terminé en el mundo textil, donde hay muchas complicaciones. Y dije: ‘Es el segmento para mi producto’”, narra Lacabanne, quien invirtió $ 14 mil para poner a rodar su proyecto, el cual tuvo en 2011 una facturación de $ 500 mil.  Hoy los diseños de su marca se encuentran en locales multimarcas de Neuquén, Córdoba, Chubut, Rosario, City Bell y Buenos Aires.

Su esfuerzo recibió el reconocimiento de Empretec, un programa de las Naciones Unidas que apoya y fomenta el desarrollo de emprendedores. Así, Lacabanne, quien compitió contra otras 32 candidatas de todas partes del mundo, terminó en Ginebra, Suiza, recibiendo el Premio Mujer Empresaria en la categoría Micro emprendimientos, en la sede que las Naciones Unidas tiene allí.

Sin embargo, más allá del reconocimiento, la emprendedora no se distrae y sigue con la mira puesta en desarrollarse. El año pasado pidió un crédito para expandir si línea productiva y ya tiene puesta la mente en 2014, donde asegura que buscará “crecer exponencialmente”.



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