Ricky Sarkany, el ajedrecista de los zapatos
Emprendedores

Ricky Sarkany, el ajedrecista de los zapatos

La historia detrás de un emprendedor que hizo de su nombre un sinónimo de calzado. La influencia de su familia y su pasión por el tablero.

16 de Julio 2012

 


Tenía 4 años cuando una enfermedad –rubeola, escarlatina o sarampión, no recuerda– lo dejó en cuarentena. Aprendió a jugar al ajedrez, tradicional pasatiempo entre familias originarias de Europa del Este, como la suya. A los 7, les ganaba a los amigos de su padre y, con 14, se consagró número uno del ranking juvenil nacional. Pero dejó de competir a los 18. “No sabía perder. Es una lucha de uno contra uno mismo y había mucha presión y exigencia”, confiesa Ricardo Sarkany, socio Gerente de Artesanos Húngaros, empresa dueña de la marca que lleva su nombre.

Ricardo SarkanyHeredó su otra pasión, la fabricación de zapatos, de su bisabuelo, quien realizaba ese oficio en Budapest. Su padre, Esteban, mantuvo la tradición. Llegó a la Argentina en 1950, como exiliado del régimen comunista húngaro, junto con su mujer –prisionera en un campo de concentración, durante la Segunda Guerra– y su hija. Vendió zapatos a dueños de zapaterías, hasta que su hijo lo convenció para abrir un local propio. Lo bautizó igual que a él: Ricky Sarkany.

Licenciado en Administración de Empresas (UB), Sarkany (hijo) realizó dos masters ( Marketing y Administración Estratégica) y un doctorado (Ciencias de la Administración).

Transformó la empresa familiar en un imperio de calzado e indumentaria que, hoy, incluye 120 locales –entre boutiques, franquicias y puntos de venta– y está presente en Bolivia, Chile, Colombia, España, los Estados Unidos, Paraguay y Uruguay.

Sarkany fabrica 3000 pares de zapatos diarios, en temporada alta, y estaría feliz, dice, de poder mantener ese ritmo en 2012. Sus planes, este año, apuntan a Chile, donde concretó un joint venture con Falabella.

“La gente parece vestida como en el siglo XVIII.Hay que cambiar la cultura, voltear esa barrera de tradición que tienen los chilenos”, arenga. También, apuesta a las redes sociales –tiene un equipo de 50 personas en ese canal– y podría vestir a Lady Gaga cuando la cantante aterrice en el país, este año.

Con relación al mercado local, observa: “Hay un multiplicador de consumo. Las promociones entre tarjetas de crédito y bancos, que empezaron con los supermercados y electrodomésticos, se volcaron a la indumentaria.

Vende el que hace una promoción”. Pero, al mismo tiempo, advierte que el país está “semi- blindado, cerradito a las importaciones”. Por las restricciones, intentará orientar su producción hacia ítems no dependientes de insumos importados. Es optimista: “Pasé por distintos momentos de la economía argentina y lo único que tuve que hacer fue adaptarme. Si un día decimos ‘Jugamos sin torres’, jugaremos sin ellas”.

Esporádicamente, vuelve a los tableros. Recuerda una caminata en el Central Park de Nueva York, en la que enfrentó a “un viejito con un juego de ajedrez”, quien resultó ser campeón de ese deporte en Rusia. A pesar de las broncas –llegó a pegarle “un tortazo” (sic) al campeón argentino, Horacio García–, ese juego le enseñó estrategias que, hoy, aplica a los negocios. “Antes de hacer una campaña o promoción, pienso en cómo respondería mi contrario”, cuenta.

Sin embargo, muchas veces, ni el rival ni el mercado se mueven como él espera. “Tuve muchísimos fracasos. Pero es más fácil volver de un error que de la ignorancia. Nuestros éxitos más importantes surgieron a partir de errores”, concluye el empresario, quien está casado y tiene cuatro hijas.



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1 Comentario

Editor80 CMS Reportar Responder

Este señor no es ajedrecista ,no lo fue ,ni jamás se destacó,ni nadie lo conoce en ambientes de ajedrecistas.

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