Pegaron el portazo en grandes empresas y tuvieron éxito por su cuenta
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Pegaron el portazo en grandes empresas y tuvieron éxito por su cuenta

Un buen sueldo y muchos días de vacaciones, a veces, no son suficientes para retener a los empleados. La historia de quienes decidieron abrirse por su cuenta.  Por Joaquín Garau 05 de Noviembre 2014

 


Hay quienes renuncian a la comodidad de la empresa grande. Dejan el sueldo seguro, los días de vacaciones y el horario fijo para lanzarse con su propia empresa y arriesgar su propio dinero porque, a diferencia de trabajar en relación de dependencia, el emprendedor no tiene quien le financie los errores. Rompe, paga.

Joaquín Muro estuvo tres años trabajando en Google. Tenía un MBA en el IAE y eran los primeros años del famoso buscador en la Argentina. Sin embargo, un día pegó el portazo y probó suerte propia. Se cortó solo, como se dicen en el barrio.

“Me fui de Google porque siempre tenía idea de hacer un proyecto propio; Google es uno de los mejores lugares para trabajar y tuve la posibilidad de viajar bastante, de aprender algo que me encanta hacer que es marketing digital, de lo cual no tenía experiencia”, cuenta, en diálogo con Apertura.com, Muro, quien tras su partida fundó Frubis.

En Google, se dedicaba a la “optimización de campañas en lo que es Google AdWords”, algo que recuerda como “una suerte, porque pude aprender sobre optimización cuando acá no era algo muy difundido”.

Los co-fundadores. Mauricio Heck, Agustin Rinaldi, German Rinaldi y Joaquin Muro, los emprendedores detrás de Frubis. Foto: Apertura.

El momento de partir es, sin duda, un punto de inflexión y de miedos. “¿Miedos? Miles: desde el tema de la compensación económica (pasaba a cero de un día para el otro) hasta el miedo al fracaso: es uno contra uno mismo”, enumera el emprendedor, quien le había puesto un período de prueba a su proyecto: “Pensé en darme un tiempo y, si en ese lapso no tenía la evolución esperada, pensaba volver a la industria en relación de dependencia”.

No por haber pasado por una de las empresas más importantes del mundo estuvo ajeno a los errores. Se equivocó. Y aprendió. Y se volvió a equivocar. “Decíamos que sí a algunos servicios digitales que luego nos dimos cuenta de que no eran rentables o complejos. Además, al principio cuesta hacer foco, porque los clientes grandes te preguntan sobre cosas que no hacés”, relata Muro, quien hoy trabaja con clientes como Falabella; Sodimac, DirecTV y Disney, entre más de 40 empresas más.

¿Qué se llevó de Google? La cultura de trabajo distendida –aunque no por eso menos rigurosa-, desempeñarse por objetivos, libertad de horarios y vestimenta, entre otras, forman parte de Frubis, con 52 empleados y un promedio de edad de 25 años. Además, varios ex-Google pululan por sus pasillos. 

“Algo que aprendí de Google -y lo apliqué- fue el hecho de tomar gente con aptitudes y entrenarla”, narra Muro.

¿Miedos? Miles: desde el tema de la compensación económica (pasaba a cero de un día para el otro) hasta el miedo al fracaso

Sin embargo, su caso no es el único y otro ejecutivo decidió pegar el portazo en una de las empresas más importantes de América latina, y con cotización en el Nasdaq, y lanzarse a la aventura del negocio propio.

Nicolás Casco trabajaba en el diario La Nación, en la parte comercial, cuando lo llamaron de MercadoLibre para ser Gerente Comercial para la Argentina. Y a los seis meses, era el Gerente Comercial para América latina. Pero un año y medio después juntó todo en una caja y se fue a su armar su propia empresa.

“Al principio pensás que nunca vas a lograrlo”, asegura Casco, quien ahora dirige su propia empresa, D’arriens, dedicada a mediar entre las empresas que quieren pautar en Internet y los sitios más populares de la Web. La empresa, hoy en día, factura US$ 15 millones al año. Pero Casco no se olvida que todo nació con $ 20 mil sacados de su bolsillo.

Su emprendimiento no hubiera existido de no haber trabajado para La Nación o MercadoLibre. “En mis anteriores trabajos me contactaban pequeños clientes para pautar. Pero tenías una inversión mínima de $ 5000, y si querías invertir menos, no podías. Entonces dije: voy a crear una empresa para darle la oportunidad para que entren los más chicos, las pymes, en publicidad online. Así, empecé creando paquetes en Google o Facebook para ofrecerle a las pequeñas y medianas empresas”, relata el emprendedor sobre cómo nació su proyecto.

Sin paracaídas. Nicolás Casco probó suerte propia y, al principio, llegó a pensar que no lo iba a lograr. Foto: Apertura.

Sin embargo, debió ajustar su cinturón y pasar la turbulencia. “Al comienzo fue durísimo: una vez me llegó una cuenta grande de Google. Le teníamos que pagar y teníamos 29 centavos en la cuenta”, relató, como ejemplo, Casco. El inicio fue duro y no sólo cambió su vida profesional. “Estaba acostumbrado a tomar vacaciones y trabajar hasta las 20 h. y después no me tomé vacaciones por dos años y trabajaba hasta medianoche”, rememora.

De todo se aprende y, de sus trabajos anteriores, Casco se llevó lecciones valiosas: “No invertí en publicidad. Fue una de las cosas que aprendí de MercadoLibre (en esa época también existía De remate.com, que invertía más en publicidad) que invertía más en tecnología que en publicidad, contra la corriente. Al tiempo eso se revirtió y nosotros lo llevamos adelante: invertimos en gente y tecnología”.

Ahora, los dos, cada uno por su camino, siguen adelante con sus propios proyectos, siempre atentos a la dinámica de su mercado, un mercado sumamente cambiante. Detrás quedaron los años del trabajo en relación de dependencia.



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